La Historia de Ti

por NICKY ARENBERG, Est. Derecho, U. de Chile. Vice Presidente Federación de Estudiantes Judíos.

 

Tu Facebook, tu Twitter, tu Instagram, tu Snapchat, tus fotos, tus opiniones, tus anécdotas, tus gustos, tus amigos, tu trabajo, tus videos, tus fiestas, tus recuerdos, tus series, tus pruebas, tu familia, tus vacaciones, tus ideas, tus viajes, tus películas, TÚ.

Según un estudio reciente del Pew Research Center[1], el 76% de los usuarios de Internet en Chile usa regularmente las redes sociales desde un Smartphone o computador. El mismo estudio establece que estas personas dicen usar las redes sociales para mantenerse en contacto con familiares y amigos, como también para opinar públicamente sobre cultura pop y noticias. Si unimos esto con la cifra de usuarios de celulares que comparten fotos y videos que toman con sus aparatos -67% del 91% de chilenos que usa teléfonos celulares- podemos notar un patrón en el que, como sociedad, dedicamos un lugar importante a nuestra interacción virtual con otras personas.

El problema es que nuestra “vida digital” se desbordó a nuestra vida real. Muchos esperamos a sacar una foto a su plato antes de comer, twitteamos mientras manejamos, caminamos mirando el celular y nos pasamos estaciones en el metro por jugar Candy Crush; incluso podemos estar hablando con alguien, en clases o en una reunión, y perdernos en la pantalla luminosa sin ninguna consideración por el otro. Parece que no podemos hacer nada sin hacérselo saber a todos los que estén pendientes de nosotros.

Esta necesidad de mostrarnos en las redes sociales implica que tratemos de vernos bien en ellas. Todos queremos ser el más popular, el que tiene más likes, rettweets o favoritos, para sentirnos validados como personas. Esto es fácil si eres Justin Bieber, pero la mayoría de los mortales necesitamos ponerle mucho esfuerzo para que nuestras vidas parezcan interesantes en internet. Así, para subir una foto de un almuerzo con los amigos, tenemos que primero tomar varias y elegir la mejor, después tenemos que buscar el filtro perfecto, difuminar alguna parte y eliminar ojos rojos, ahí recién podemos empezar a pensar en la frase y los hashtags adecuados para subir la foto y ¡que lluevan los likes!

En resumen, pasamos nuestro presente arreglando nuestro pasado para que refleje, a futuro, como nos gustaría ser. El chileno dedica entonces un importante tiempo en construir una imagen aspiracional virtual de sí mismo, o en cómo queremos que los demás nos vean. Nos convertimos líderes de nuestro propio culto a la personalidad y –parafraseando a Orwell en “1984”- tratamos de controlar nuestro futuro haciendo nuestro pasado más atractivo desde el presente. Pero ¿Para qué? o ¿Por qué?

En 1997, Tom Peters (un gurú new age del bussiness management) escribió un artículo llamado “The Brand Called You”[2] donde establece que la mejor forma de conseguir tus metas profesionales a largo plazo es convertirte en una marca por ti mismo, independiente de donde o en qué trabajes. Esta idea del personal branding no tuvo mucho éxito hasta la entrada de la Web 2.0, cuando las redes sociales hicieron que podamos ser juzgados en cualquier momento por nuestra presencia web. Ahora se ha vuelto una necesidad que nuestra vida y nuestras ideas sean concordantes con quienes queremos (o pretendemos) ser; vendernos a nosotros mismos es un imperativo de la vida social del siglo XXI.

Entonces, la visibilidad absoluta en la que las redes sociales nos ponen, nos llevan a presentarnos a nosotros mismos como la mejor versión de nosotros mismos que podemos postear.  Al final, ser exitoso en las redes sociales es ser un cuentacuentos que le da forma a la realidad que te rodea, es contar la historia de ti para que muestre lo que quieres que se vea, es vencer al panóptico, controlando lo que ve.

Al mismo tiempo, esta idea de la interacción virtual como narración de una historia propia, también ha permeado nuestra cultura, arte y percepción del mundo. Cualquier campaña requiere de viralización y presencia en redes sociales: desde galletas a DD.HH., pasando por autos, películas y políticos. Parece ser que la idea detrás de todo esto es una nueva versión del éxito, un sueño americano 2.0 donde ya no es suficiente con encontrar un producto que venda, lo que tienes que lograr es que lo que se venda seas tú.

Para notar esto, solo tenemos que notar como ser famoso hoy es convertirse en marca. No importa si es Kim Kardashian, Steve Jobs (que vende desde la tumba), Jordan Belfort, Banksy, o el Papa; todos venden mucho más que un producto, venden su imagen y nos obligan a vender quienes somos para tener éxito.

Estamos atrapados en este paradigma. A menos que queramos salir del sistema, solo podemos dejarlo si no queremos ser conocidos, exitosos y aprobados. Aceptémoslo como es, procuremos contar la mejor versión de nosotros para lograr el nuevo sueño americano.

Acuérdate siempre que vayas a postear: Tú eres lo que estás vendiendo. Tu imagen, tu historia, tus planes, tu personalidad, tu humanidad. Vende tu blog, haz una película, vuélvete viral, que te vea la mayor cantidad de gente posible, se un espectáculo solo viviendo tu vida diaria. Cuéntanos la historia de ti, aunque no nos interese; igual le voy a poner like.

 

[1] http://www.pewglobal.org/2014/02/13/emerging-nations-embrace-internet-mobile-technology/

[2] http://www.fastcompany.com/28905/brand-called-you

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