Pesaj y la liberación del mundo LGBT

por GUSTAVO MICHANIE, Representante JAG, Judíos Argentinos Gay.

 

Cuando Aldana decidió hablar sobre ella a su familia, hace algunos años, el Seder de Pesaj era la oportunidad obvia.

Aldana creció en una  familia intensamente judía, teniendo como padres a un rabino y una educadora, por lo tanto, no iba a ser tan simple dado que todos iban a estar reunidos. Sin embargo, el Seder representaba una oportunidad para ofrecer algunas palabras  de enseñanza que enmarcaran su salida del clóset.

Pesaj significaba para Aldana uno de los más importantes principios del judaísmo, y el llamado a reinterpretar la historia de nuestra propia liberación le resonaba a ella tanto como sus propias historias como persona gay. Reflexionaba sobre su esperanza como gay que su voz fuera escuchada por aquellos que amaba; aquellos que necesitaba le ayudaran a ingresar en un mundo más justo. Suena fácil emitir este ruego y esperar que algún ser Divino escuche esta plegaria y la resuelva. Es fácil ser parte de un movimiento con un fondo político, pero es difícil mirar alrededor de nuestra mesa y tomar la mano de la persona sentada a nuestro lado y llorar y contarle a esa persona. Dios nos liberó de Egipto cuando escuchó nuestra voz.

Y que cada uno de nosotros reflexione y diga frente a Adonai nuestro Dios, “Mi padre era un arameo errante. Descendió a Egipto y residió allí en pequeños grupos que se transformaron en una gran nación, ponderosa y numerosa. Los egipcios los trataron mal, los persiguieron y los sometieron a duros trabajos. Rogaron a Adonai, el Dios de nuestros ancestros. Dios escuchó su voz. Dios vio su persecución, su trabajo y sufrimiento. Dios los sacó de Egipto con su mano ponderosa y su brazo extendido, con señales, mensajes y una fuerza asombrosa, Dios los trajo a este lugar y les dio esta tierra, una tierra de leche y miel. Ahora yo he traído a los primeros frutos de esta tierra, que tú, Dios, me diste” (Deut. 26:5-1).

Un viaje de Coming Out. Cuando volvemos a la historia de Pesaj, año tras año, con nuestra maguid (historia), retornamos a la memoria del lugar desde donde venimos. Nuestro padre estuvo errante. Nuestro ancestro buscó un lugar al cual llamar hogar; desde el cual nosotros emergimos como nación y comunidad. Como judíos, estamos bendecidos con una tradición que nos enseña a interpretar lo que significa ser una familia y que todos los días del año le demos la bienvenida al huérfano, a la viuda y al extranjero. Esta lección es especialmente importante en Pesaj, cuando abrimos nuestras puertas e invitamos a todos los que tengan hambre a comer una comida que puede, no obstante, no ser el único alimento que nuestros cuerpos y almas anhelan.

Cuando nos referimos a nuestra esclavitud en Egipto, recordamos también la advertencia de la opresión en nuestro medio, los egipcios de nuestros días tratan a los LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y trans) de manera dura. Los miembros de nuestra comunidad LGBT sufren de altos índices de abuso, de desposesión, acoso y violencia. Para algunos de nosotros, caminar por la calle constituye una amenaza a nuestra seguridad que a ningún otro se le ocurriría considerar.

Ninguno de nosotros estamos exentos de jugar el papel de egipcios. Podemos llegar a creer que tenemos una causa justa cuando perseguimos a los que son diferentes, podemos llegar a hacerlo sin intención de daño, y podríamos hacerlo con nuestro silencio. Pero nuestra historia nos enseña que es nuestra responsabilidad reconocer la opresión y clamar por  justicia. La Torah nos enseña que como seres humanos estamos creados a imagen y semejanza de Dios. La chispa divina está dentro de cada uno de nosotros, y tenemos la capacidad de escuchar aquellos que lloran y dan testimonio de su dolor, para ofrecer nuestras manos y extender nuestros brazos hacia aquellos que todavía se encuentran en un lugar difícil. A veces podemos ser nosotros o las personas que amamos, los que necesitemos esos brazos abiertos y sus manos firmes.

A veces siento que sobrellevamos esfuerzos y penurias tanto colectivas como individuales, como si fuéramos un pueblo que no se encuentra bajo el tratamiento de nuestros ancestros. Tenemos la responsabilidad de utilizar esta tierra, este tiempo y este espacio en el cual nos encontramos, para obtener frutos. Debemos honrar nuestra tradición e historia, poniéndonos del lado de la justicia y la lucha por el lugar en la mesa de las personas LGBT, tanto en nuestras vidas como en nuestras comunidades.

Para  que todos los que estén hambrientos, para todos los que lo necesitan, vengan a comer con nosotros esta noche: el extraño, el amigo, y aquellos cuya hambre no será saciada solo por la comida sino por el amor, la aceptación, la justicia y la equidad, tanto en nuestros hogares como en las  sinagogas y en todas las esferas de la sociedad.

*Inspirado en la historia de Koch y Ware

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