Yiddish: lengua, cultura y mosaico del pueblo judío.

por ARTURO KERBEL, Lic. en Psicología, U. Iberoaméricana de Ciudad de México. Est, MA en Neurociencias Cognitivas, King’s College, London.

 

El primer documento en yiddish que se ha encontrado hasta hoy en día se trata de comentarios bíblicos que datan del siglo XIII. La zona geográfica donde fueron encontrados coincide con la zona en la que se registraron los comienzos de la formación de esta cultura. Estamos hablando de una zona geográfica conocida por los judíos como Ashkenaz y que equivale al área (por mucho tiempo disputada entre Alemania y Francia) de Alsacia-Lorena. Fue en un grupo de poblados en la cuenca del río Rhin (Worms y Mainz, por ejemplo) donde se registraron las primeras comunidades que usaron el yiddish de manera diaria.

Los judíos locales usaban esta lengua como protección de las amenazas del mundo extracomunitario, que estaba lleno de antisemitismo, de edictos gubernamentales, de guerras, enfermedades, etc. Es justo por este mecanismo de protección que el yiddish se escribe con el alfabeto hebreo: para que la gente que los rodeaba no se pudiera enterar tan fácilmente en dónde se congregaban, para qué, en qué momento y de qué asuntos se discutía.

Una de las causas intragrupales que existieron para la comodidad en el uso de esta lengua es la concepción que imperaba en esa época y hasta el siglo XIX (y en algunos casos hoy en día) que la lengua hebrea es la loshn-koydesh (del hebreo lashón hakadósh –la lengua sagrada), la lengua en la que está escrita no solo la Biblia sino el resto de las fuentes religiosas del judaísmo, una lengua que por ningún motivo debía “ensuciarse” de banalidades y de asuntos mundanos, ajenos a la dedicación a Dios y a lo religioso y más elevado.

La lengua yiddish, genealógicamente, deriva del alemán medieval, que hace actualmente alrededor del 80% de su base gramatical y semántica. Se habla de alrededor de un 5% de influencia directa del hebreo o arameo, que son ciertas palabras terminológicas o ritualísticas que al no existir en alemán eran habladas en hebreo, aunque con una pronunciación local; así es como shabat se dice shabes , o así como yom kipur se dice yom kiper. Así se empezó a construir el yiddish por alrededor de tres siglos, absorbiendo poco a poco la cultura de los pobladores judíos que ya se iba transformando y a la que ya se habían unido judíos que habían sido expulsados, por ejemplo, de Inglaterra en 1210 DC .

Un  nuevo recharge cultural judaico llegó a estas comunidades tras la expulsión de los judíos de los reinos de España y Portugal como producto de la Inquisición instaurada por la iglesia católica. Muchos emigraron a las Américas (con Colón y otros navegantes), otros llegaron a Italia y al Imperio Otomano, siendo especialmente bien recibidos por los musulmanes que vivían tensiones fuertes con las poblaciones cristianas. Otros muchos comenzaron a  desplazarse hacia el oriente del continente Europeo y a su paso quedaban nuevas comunidades.

Poco a poco, la representación de Ashkenaz dejó de ser la cuenca original del río Rhin y de alguna manera expandió sus “fronteras”, que más que nada son fronteras psíquicas.

Los judíos fueron expulsados de Italia y de muchos otros reinos posteriormente, generando más migración hacia el oriente europeo, gente que se agregó a comunidades que existían desde tiempos remotos. La misma Roma es la comunidad más antigua de la diáspora.

También hay comunidades antiquísimas en el Imperio Ruso, pero fue hasta alrededor del siglo XVI que el yiddish comenzó a tomar una forma más similar a la actual. Al mismo ritmo que las comunidades preexistentes absorbían a los nuevos inmigrantes procedentes de múltiples puntos cardinales, la lengua yiddish fue absorbiendo ciertas expresiones, palabras o inflexiones de otras lenguas, haciendo del yiddish un idioma procedente de un mosaico muy diverso de orígenes. Se calcula que el 10% de la construcción del yiddish proviene de influencias de lenguas eslavas y rusas y otro porcentaje incluye palabras o formas procedentes del latín o más bien de las lenguas romances.

El porcentaje de influencia de cada lengua es una encarnación de la genealogía histórica del pueblo judío en el Viejo Continente.

La primera obra literaria registrada en yiddish data del renacimiento. Un judío nacido en la cuenca del Rhin, que fue expulsado junto con su comunidad, llegó a vivir a Venecia, donde escribió una parodia poética novelada acerca de Buovo, un caballero medieval, algo así como el Mío Cid de la cultura yiddish en Europa. De ahí, la expresión en yiddish: “No me cuentes cuentos de Buovo”, cosa que los hispanos bien podríamos pensar como hazañas quijotescas.

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