Campana

por PAMELA NUDMAN, Arquitecto, U. de Chile.

 

Campana. Abriste la ventana y había un cielo.

-¿Y todo ese cielo? – te preguntaste extrañado, -¿de dónde habrá salido ese inmenso azul ese día?- No sabías como responderte, pero pensaste que si estaba ahí a tu disposición, seguramente era para ti.

Y de pronto tembló. Se movió el piso, se cayeron todos los objetos que tenías ordenada y deliberadamente ubicados en ciertos lugares dentro de tu casa, esas cosas que lo convertían en tu hogar.

-¿Son realmente las cosas?- pensaste de pronto automáticamente.

Viste todo trizado, roto y repartido por el suelo, y sentiste que se te quebraba el corazón, tantos años para comprar todas esas cosas, tantos recuerdos que habías heredado de tu padre, las fotos y recuerdos familiares, los adornos traídos de viajes y escapadas flashes en medio de negocios, entre tantas otras.

No pudiste evitarlo y echaste a llorar cual Magdaleno.

-¡Puto día!- pensaste ahora. El cielo, sin embargo, seguía ahí afuera: inmenso, azul, celeste e infinito a tu disposición. Al ver todo trizado… -bueno, el cielo en verdad está para toda nuestra disposición, tal vez no sea sólo para mí, así como este temblor seguro debe haber quebrado más recuerdos y objetos que otras personas, seguramente, han obtenido con más esfuerzo y sacrificio que yo-. Respiraste, aún inquieto; seguían cayendo las lágrimas por tus mejillas, pero lentamente la rabia y tristeza se convertían en calma, luego agradecimiento y un albor de alegría.

-Me debo estar poniendo viejo-, repetiste en voz baja mientras comenzabas a barrer los pedazos rotos de los chiches y cosas que en verdad ya era hora de renovar.

Las que pensaste que tenían más valor las recogiste con la mano, se habían mezclado con tierra de algunas plantas que también habían caído al suelo -Bueno, todo mezclado al fin y al cabo… sigue siendo mi historia y mi hogar, el orden lo había decidido yo (¡estaba tan ordenado todo justo ese día gracias a la señora Mari!), pero este nuevo orden tal vez no será tan malo como lo sentí  en el primer momento en que vi todo roto y tirado por el suelo, esa maldita punzada que nos llega al centro del corazón y estómago, visceralmente, cuando algo nos produce profunda rabia y molestia-.

Las campanas lejanas seguían retumbando, no te habías dado cuenta, tan inmiscuido estuviste en esos momentos entre que observaste al cielo infinito dentro de ti, y luego todo roto a tu alrededor tras el movimiento de la tierra.

– Debo comenzar a ser más agradecido- pensaste por último.

La tarde ya comenzaba  a caer y la tibieza del día seguía colándose entre las cortinas semi-abiertas de la casa, pero a esa hora todo se sentía más fresco y nostálgico, y el desorden le daba a la casa, y al nuevo hogar, un aire de profunda esperanza.

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