Nisman y la única certeza del caso AMIA

por SEBASTIAN ROSA HIRSCH, Est. Sociología, U. Nacional de La Plata.

 

A veinte años de impunidad y misterio en la causa AMIA, desde lo más oscuro de la justicia argentina, nuevamente nos vemos obligados a llenarnos de especulaciones, hipótesis y opiniones que quizás nunca pasarán de eso, generando una vez más un altísimo nivel de desconfianza en las instituciones responsables de aclarar el caso.

Esta vez, la súbita muerte del fiscal Nisman tras denunciar por encubrimiento a la propia Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, horas antes de presentar su evidencia frente al Congreso, generando un sinfín de repercusiones. En este marco de especulaciones y misterio nos quedan pocas certezas.

Lo primero que queda claro es la larga lista de implicados en el encubrimiento del atentado a la AMIA en toda la causa durante los últimos veinte años. La continua insistencia en mantener en secreto los archivos de la SIDE no es más que la confirmación que los distintos gobiernos, desde el atentado, conocen mucho más de lo que dicen, participando como encubridores al ocultar estos documentos, cómplices ante la falta de justicia. No es suficiente la desclasificación de los documentos de Nisman en su presentación, se necesita la apertura definitiva y total de la información que hoy, más que nunca, se esconde.

Se debe conformar una comisión investigadora, como lo fue la CONADEP, por profesionales reconocidos en materia y organizaciones de derechos humanos, incluyendo también a las organizaciones de familiares de las víctimas como 18J, Memoria Activa y APEMIA.

Lo segundo que queda claro es que la denuncia de Nisman y su posterior muerte responden a una lucha por el control de los servicios de inteligencia, en la que ninguno de los implicados propone su disolución ni ponerlos al servicio de la causa, sino de protegerse y hacerse del poder que otorga el control de la agencia de seguridad. En este sentido, tanto la denuncia y las idas y vueltas de la causa, como la misma muerte del fiscal, están íntimamente ligadas con un año de elecciones y el impacto mediático que pueden producir, al más puro juego del poder y del control del poder.

Por último, y lo más trágico de todo, la gran certeza, casi la única que nos dejan estos días, y que sí podemos decir en voz alta y repetir con indignación, es que estamos más lejos que nunca de encontrar verdad y justicia por el atentado a la AMIA, que con cada paso nos alejamos un poco más de esta posibilidad, que no podemos confiar en casi nadie, que cada día tenemos menos certezas, y que la única que nos queda es ésta.

Debemos exigir a la justicia una investigación profunda y clara frente al real esclarecimiento de los trágicos hechos del dieciocho de julio de mil novecientos noventa y cuatro.

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