Recordando a nuestros héroes

por ARIEL SILBERMAN, Operador de vuelos IAI y IATA.

Ayer conmemoramos a los caídos en el Holocausto, más de 6 millones de muertos durante la Segunda Guerra Mundial. Pero, ¿estamos realmente pasando el mensaje correcto a las generaciones más jóvenes?

Nos encontramos en una época muy delicada: a 70 años del Holocausto, en unos años más, ya no habrán sobrevivientes vivos. Los más grandes hemos tenido la suerte de escuchar a los abuelos dando su testimonio, pero ¿cuánto tiempo más vamos a poder contar con ellos para testificar lo que realmente pasó?

Acá, en Israel, se vive distinto. Recuerdo los actos en el colegio, el minuto de silencio y todo, pero acá es otra cosa. Es un país entero conmemorando juntos. En las calles, los autos se detienen y la gente se baja para mostrar sus respetos. Los buses paran, y los pasajeros se levantan. Los peatones se detienen. Por un minuto, la vida para. Es impresionante.

Mi vecina se llama Irma, tiene cerca de 90 años y vive en el kibbutz desde que llegó a Israel. Verla me conmueve y reafirma todos los sentimientos que tengo dentro. Ella está vieja, pero todos los días se levanta a las 6 am y riega su jardín, hace sus compras, vive su vida… la que en más de algún minuto pensó que se le escapaba de las manos. Verla llevando una vida normal en Israel, después de todo lo que vivió, me sirve como lección de humildad todos los días al salir de casa.

Es una generación que llegó, sólo con la ropa que vestían, a una tierra donde no había nada, sólo un sueño y mucho miedo. Cuando yo me vine a Israel, lo que más me costó fue dejar a mis amigos, con los que había vivido una vida entera. Tomar el teléfono y apretar “Borrar todos los contactos” fue terrible. Pero ahora que lo pienso, me tocó bastante fácil. Llegué a un país armado, organizado y seguro; los sobrevivientes lo construyeron, verdaderos héroes de nuestra nación.

La próxima semana, conmemoraremos a los caídos en todas las guerras de nuestro país, e incluso a las víctimas de atentados terroristas. Los que vinieron a construir el país de la nada, sólo con ideales y convicciones, al poco tiempo tuvieron que tomar armas y defender lo que tanto anhelaban.

Yom HaZicaron tiene un significado totalmente distinto acá en Israel. Los soldados ya no son gente sobre la cual leemos, estudiamos o escuchamos en las noticias. Acá son todos soldados. Mi hermana fue soldada, y siempre lo será. Y, como todo israelí, perdió gente querida en alguna guerra o atentado. El ver a los jóvenes en las calles, en el tren, yendo a la base o volviendo a casa, tiene otro nivel de profundidad. Duele, sin incluso conocerlo personalmente, duele mucho.

La verdad es que los soldados de hoy, como los que se vinieron a armar el país después del Holocausto, no son muy distintos. Son personas que están dispuestas a darlo todo, incluso la vida, por la patria. Eso los convierte en héroes, listos para defender el derecho que tenemos como judíos de vivir acá a cualquier precio. Los convierte en leyendas, las cuales se enseñarán y estudiarán a lo largo del tiempo y quedarán grabadas en las páginas de la historia. Incluso cuando terminan el servicio militar obligatorio, saben que en algún momento tendrán que volver a ponerse el uniforme y salir a defendernos otra vez, y otra vez, y otra vez, y cuantas veces sea necesario.

Estos dos días son más profundos de lo que pensamos. Son días en los que recordamos a los que murieron por nacer como nosotros, judíos, y a los que cayeron por defender lo que se construyó como seguro para que el Holocausto no pase de nuevo. Es nuestra obligación mantener el recuerdo vivo, es nuestro deber asegurarnos que todas las muertes no fueron en vano.

El verano pasado sumamos 72 nombres a la lista de recordados. Detrás de cada nombre, hay una familia que aún llora al que se fue. Una esposa, madre, padre, hijos, hermanos o amigos que siguen pensando en ellos. Que se preguntan todos los días cosas que no tienen respuestas y sufren la ausencia de un querido. Y en honor a todas esas familias y amigos desolados, que buscan razones y consuelo, nosotros nos detenemos para mostrarles que sí los recordamos, que sí apreciamos y agradecemos el sacrificio, no sólo de los caídos, sino también de quienes los apoyaban, de los padres y madres que los esperaban en casa para compartir el fin de semana, de los amigos que todos los jueves se preguntan si podrán verlos o si se quedaron haciendo guardia en la base.

Al día siguiente, subimos todas las banderas que estaban a media asta y festejamos el Día de la Independencia, que sin el sacrificio de todos ellos, no podríamos celebrar hoy. A todos los que están con nosotros de cuerpo, y a todos los que llevamos en el recuerdo, gracias.

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