El Holocausto de la indiferencia

por VANESSA HITES, Est. Derecho, U. Chile. Presidenta, Federación de Estudiantes Judíos FEJ.

Nos reunimos para lamentar la perdida de muchísimas vidas, recordar a aquellos héroes que lograron salvar algunas, honrar a los que sobrevivieron, y contemplar las obligaciones de los que estamos en el presente.

Recordamos uno de los hechos más salvajes, barbáricos y crueles de la historia. Recordamos una ironía, donde se usó el progreso del hombre como una herramienta de depravación humana, donde se usó ciencia que podría sanar con el fin de matar, donde se usó educación que podría iluminar como elemento racionalizador de impulsos brutales, donde se usó la burocracia que sostiene la vida moderna como maquinaria de muerte en masa, donde un problema de ética moral se transformó en un simple problema de logística con la solución final, donde transformaron a nuestra gente en números y estadísticas y a nuestros vecinos en verdugos voluntarios.

Entrañaron lo peor en el hombre y lo hicieron una virtud. Sufrimos un crimen que sobrepasa el entendimiento humano. Como dijo Primo Levi, “no me deja de asombrar la inhumanidad del hombre”. Sin embargo, incluso en los peores momentos y en los tiempos más terribles, la bondad y la valentía se mantuvieron.

Además de asombrarnos por la inhumanidad del hombre, démonos el tiempo de recordar la humanidad y heroísmo de aquellos que arriesgaron sus vidas para intentar ayudarnos. Que su legado sea nuestra herencia y su memoria nuestro camino a seguir. Quien salva una vida, está salvando al mundo entero. Por todos los héroes que hoy recordamos, que trataron de salvar a otros y se mantuvieron firme en la cara de un mal incomprensible, no puede haber ninguna duda que estos sí ayudaron a salvar a todo el mundo.

Al estar hoy aquí, como representante de la juventud judía de Chile, con orgullo resucito su recuerdo y honro también a los sobrevivientes, prueba fehaciente que seguimos acá, que existimos y somos. Nosotros, el pueblo judío, nos rehusamos a ser quebrantados por quienes intentan destruirnos, y estamos decididos a seguir con nuestra misión. El nazismo intentó destruir a los judíos y su judaísmo. Dijeron que el tercer Reich duraría mil años pero sólo duró unos pocos, y nosotros aquí estamos después de 5 mil años y contra toda adversidad, para decir que el pueblo de Israel vive AM ISRAEL JAI. Fuimos un signo de pregunta, pero hoy día somos una nación.

El holocausto importa no sólo porque fue un crimen contra los judíos, sino un crimen contra toda la humanidad. Los judíos somos odiados porque somos distintos, porque somos minoría, pero todos somos distintos y cualquier grupo puede ser una minoría. No sólo fueron los judíos quienes sufrimos, por eso debemos aprender a pelear juntos y repetir “NUNCA MAS” a toda voz, no como un eslogan vacío.

No podemos pretender que la memoria del holocausto quede viva sólo en libros, películas y museos, cada uno de nosotros tiene que personalizar la historia y ser responsable para que no vuelva a suceder.

Vivimos en un mundo donde el presidente de Irán llama frente a Naciones Unidas a extirpar el cáncer sionista, avanzando en un tratado nuclear, donde Charlie Hedbo nos enseñó que la expresión ya no tiene tanta libertad, donde Kenya puso de manifiesto nuestra indiferencia, donde se grafitean tumbas con esvásticas.

En Chile no es menos grave. Un senador difunde teorías que encajarían con los protocolos de los sabios de Sion. Un grupo neonazi asesinó y torturó un joven homosexual en plena vía pública. Nos da miedo ser judíos, nos sentimos intimidados en nuestros colegios y universidades, pero ¿hasta cuándo? ¿Hasta que tengamos que volver a usar una estrella amarilla en nuestro hombro? Si sabemos lo que sucede en el mundo y en nuestro propio entorno, ¿por qué no hacemos nada al respecto?

Cuando se hizo una protesta frente a la embajada de Siria por la liberación del soldado Gilat Shalit, eran 60 personas, 40 evangélicos y 20 judíos. Es Patético. Cuando fue la guerra el año pasado, muchos callamos por vergüenza, miedo o ignorancia. Cuando se llamó a los jóvenes a protestar por la paz frente a la CEPAL, sólo unos pocos asistieron.

Mordechai Anielewicz, comandante del levantamiento del gueto de Varsovia, dijo: “La lucha más difícil de todas es la que está dentro de nosotros mismos. No nos acostumbremos ni ajustemos a estas condiciones. El que se ajusta cesa de discriminar entre el bien y el mal. Se convierte en un esclavo en cuerpo y alma. Pase lo que te pase, recuerda siempre: ¡No te ajustes, rebélate contra la realidad!”.

La comunidad judía tiene un compromiso moral con que esto no vuelva a suceder nunca más, en ningún lado. Es nuestro deber, como víctimas de miles de años de persecución, que esto no se olvide ni vuelva a ocurrir.

Como naciones, tenemos que hacer todo lo posible para prevenir las atrocidades de nuestro tiempo, como sociedades debemos luchar contra el racismo y la ignorancia, y como individuos tenemos que detener la indiferencia y reconocernos a nosotros mismos en los demás seres humanos.

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