Sacando lo negro de la Torah

por NOAJ SAUER, Artista El Diario Judío.

Cuando se  trata de expresar o interpretar algo majestuoso de forma artística, si está bien hecho -en el mejor de los casos- es buen arte, pero nunca llegará a ser el objeto magnífico que era antes. En el ambiente decimos “se le metió el arte adentro”, cuando una idea a expresar no goza de la magnificencia que tenía teóricamente por verse demasiado “artística”.

En el mundo de la Torá divina, grandiosa en sí misma, lo que podría opacar esa cualidad es la tan mencionada hashkafá (filosofía de vida), escuchada una y otra vez en el mundo yeshivatí (comunidad formada por estudiantes constantes de la Torá), adoctrinando jóvenes estudiosos. Y, como diría mi ex rabino, la hashkafá es más importante que la halajá (la ley judía).

Tal vez pensada como otra herramienta positiva, con el tiempo, este concepto empezó a cobrar vida propia. La hashkafá creó prioridades donde no fueron mencionadas, castas que nunca existieron, censura y prohíbe bajo los lemas “tú eres mejor que eso”, “no corresponde para ti”, en un contexto donde la Torá SÍ estableció acciones y permisiones, donde SÍ habló de igualdad.

Desde que decidí cambiar mi forma de pensar, manteniéndome aún como un shomer mitzvot (quien intenta cumplir los preceptos de la Torá), he notado una sistemática conducta grupal de alienamiento de lo que solía ser mi contexto comunitario, englobado por una misma hashkafá. Familia y amigos pasaron a preocuparse por mantenerme alejado de ciertos círculos en los que podría “crear confusión”; o -en los casos en que sí se volvieron a acercar- a tratar de “curar” mi forma de pensar a la cual trataban como un virus.

Sin embargo, fuera de un ambiente religioso -que uno tiende a considerar tan altivo- fue muy sorpresivo encontrar una respuesta tan distinta en judíos no afiliados y no judíos, de quienes entendí que el pluralismo en general es un lugar común, un valor básico. ¿Dónde estaba la Torá en mi círculo social anterior? ¿Dónde estaba escrito “amarás a tu prójimo como a ti mismo”?

Gracias a Dios, conocí en mi último viaje a Sao Paulo tres familias ortodoxas aún aferradas a la magnificencia de la Torá, la Torá básica, la que habla de gesed (bondad) y bein haadam lekaberó (acciones de ayuda entre los hombres). Me recordó por qué me volví religioso en un principio: para ayudar al otro y no para juzgarlo y alejarme de él.

A una de esas familias (ashkenazi) nunca la conocí físicamente. Nuestros contactos fueron por medios virtuales. Sabían que era judío, que había sido ortodoxo y que hoy soy un artista religioso que viajaba por primera vez a Brasil. Conocieron mi proceso por mis fotos en facebook y nunca me dijeron nada, salvo cuando se enteraron de mi proyecto brasileño y se ofrecieron solos a ayudarme. Ellos organizaron mi primer shabat y me dejaron las llaves de su casa con comida en la heladera para pasar un fin de semana tranquilo en un país extraño para mí.

Otra familia brasileña (sefaradi) me abrió las puertas de su casa, tanto en shabat como para lo que fuera necesario, y se ocupó de facilitarme la burocrática compra de pasajes una y otra vez, según iban surgiendo. Compartimos cafés y conversaciones.

La tercera familia (jasídica), a quienes conocí en Buenos Aires por haber ido en ocasiones a pasar shabat con ellos, orquestaron desde Buenos Aires la organización de mi kashrut y mi shabat en Río de Janeiro, donde no es fácil encontrar comunidad judía en cada barrio, y de conectarme con su familia en Sao Paulo por si necesitaba de ellos.

Con estas familias, lo que realmente comparto es que somos judíos, pero seguro no comparto sus hashkafot. Y aún así, no dudaron en ayudarme en donde yo estoy parado, desde el lugar que necesito y desde cómo me relaciono con el mundo. ¿Por qué? Estas tres familias, que me recordaron lo puro de la Torá y el cómo funciona sin máscaras, nunca dejaron que nada se metiera en el medio, aceptando lo Magnífico.

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Una respuesta a “Sacando lo negro de la Torah

  1. Noaj: te súper recomiendo “My name is asher lev” de Chaim Potok, sobre un niño virtuoso para el arte que nace en una familia ortodoxa que no sabe qué hacer con este talento. Precioso!

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