Ley anti dinero

por NICO RIETHMÜLLER, Director Editor El Diario Judío.

Los “adictogénicos” son todo lo que produce adicción para el ser humano, y su consumo/práctica se encuentra generalmente regulado por la ley. Parece de común acuerdo que el alcohol, el cigarro y la marihuana deben estar prohibidos para los menores de edad, y los adultos gráficamente advertidos que juegan con su propia salud. Incluso prácticas como ir al casino y apostar requieren ser mayor de edad. Hay adictos al sexo, al trabajo, al café, hasta al gimnasio. Todas son adicciones que deben ser tratadas, suponiendo que quien la padece se encuentra enfermo. Pero algo tan adictivo como el dinero escapa completamente de estos parámetros.

El dinero fue un buen invento; un útil medio de cambio, necesario para regularizar o fijar un precio a las transacciones que se llevaban a cabo, pero su propósito y uso fueron completamente desvirtuados. El invento del dinero como medio de cambio, y su circulación como objetivo, no suponía adictos que buscaran llenar bóvedas para adorarlo. ¿Por qué no está regulada/limitada la cantidad de dinero que se puede llegar a tener? ¿Es la única cosa que decidimos dejar a la consciencia del hombre, para demostrarnos que somos seres sin consciencia? Los adictos al dinero son especialmente graves porque su adicción perjudica drásticamente a toda la sociedad.

Vivimos en un mundo repleto de alimentos, pero aun así hay millones que se mueren de hambre. ¿Cómo a los multimillonarios simplemente no les da vergüenza? Si todo en mi vida, mis metas y mis objetivos, tiene que ver con tener más y más dinero, ¿qué clase de ser humano estamos formando? No nos da vergüenza que los niños se mueran de hambre, que nazcan enfermos y mueran a los pocos años todavía más enfermos y desnutridos, que niños de 6 años empiecen a ser parte de la fuerza laboral de muchos países para producir las estupideces que consumimos (y ni siquiera necesitamos), ni que los ancianos mueran de frío en la calle. ¿Cuándo es suficiente dinero para una sola persona? ¿Por qué alguien habría de querer ganar 20 millones de dólares al año, si con 1 ya sería más que suficiente? ¿Cuándo la acumulación de dinero es excesiva y perjudicial para el resto de la economía? ¿Cuándo genera pobreza?

Las naciones del mundo, desde las economías más básicas hasta las más poderosas, son dominadas por grupos de interés político-económico que se reparten entre unas pocas familias privilegiadas. Un pequeño 1% del mundo que es heredero de la apropiación histórica de bienes que hoy deberían ser de dominio público, como la tierra y la extracción de sus recursos naturales, los más grandes medios de producción, los principales medios de transporte y las compañías de servicios básicos. Esto no vino dado naturalmente de forma divina, tuvo un comienzo histórico y ahora debe tener su final. Quizás hace 500 años podía ser de sentido común que una familia fuera dueña de la mitad de un país, pero hoy no lo es.

El control de estos bienes es fundamental para el desarrollo de cualquier nación y sociedad civil empoderada, y deben ser devueltos al poder público a disposición de toda la población, al igual que sus grotescas fortunas, resguardando condiciones humanas mínimas para todos. La economía, la política y las relaciones internacionales deberían ser completamente emancipadas de estos mafiosos antisociales. El capitalismo no está avanzando, sino todo lo contrario, ya demostró su fracaso como sistema social, y el poder, la explotación y la dominación deben ser reemplazados urgentemente por la armonía, el equilibrio y la convivencia. Ser es más importante que tener o poseer, y mis valores y principios más importantes que mis bienes y propiedades. ¿Se imaginan una sociedad donde todos fuéramos felices por la calle, sintiéndonos todos bien remunerados y contentos por el otro? ¿Es muy tonto lo que estoy diciendo?

Los cambios sociales que necesita nuestra enferma sociedad son estructurales. La democracia no llega con aumentar en 5 lucas el sueldo mínimo. No son pequeñas cosas las que están mal, todo está mal. El sistema capitalista nos enfermó como sociedad en todos nuestros ámbitos, y ni siquiera somos capaces de darnos cuenta. No puede ser que alguien se enriquezca a costa de la salud de todo un país, ni de su sistema de pensiones y jubilaciones. El conjunto de problemas actuales no son consecuencia de cierta compañía o empresa, de cierto político o de una política particular, sino de las contradicciones propias del tipo de sociedad capitalista, de la competencia despiadada entre los hombres que provoca tener el dinero como un valor. ¿No deberían los billetes tener una clara advertencia? “La manipulación del dinero puede producir egoísmo, avaricia, mezquindad, codicia, y soledad”, con fotos de ricachones infelices y de sus esposas e hijos con depresión. ¿Debería su manipulación estar prohibida para los menores de edad?

Después de siglos, se sigue jugando con la gente, pisoteando día tras día su vida y su dignidad. Esto es una bomba de tiempo, la profecía cumplida de un apocalipsis que pondrá fin a la última etapa de la sociedad capitalista. No debería ser algo tan raro ni difícil de imaginar; hace sólo 5 siglos, no existía el capitalismo, y como todo lo transitorio, en el futuro tampoco existirá. La clase gobernante está siendo completamente irresponsable en seguir estirando la situación frente a una sociedad civil que ya no aguanta un sistema basado en la limosna social. Hasta en los países más “civilizados y desarrollados”, la ciudadanía dirá basta a un sistema heredado que ya no da para más.

El poderoso 1% es hoy mucho más pequeño en un mundo cuya población crece de manera exponencial. Somos cada vez más habitantes, más pueblo, más multitud. Si todos conocemos el violento destino de las revoluciones, ¿por qué esperamos hasta que la paciencia explote para realizar algún cambio? Si el sistema está completamente corrompido, y la moral permite millones de muertos, la única salida es la lucha. Ya no habrán ejércitos ni mercenarios capaces de frenar el horror que les espera a los multimillonarios, porque serán miles de millones de personas los que pidamos la cabeza de “los reyes”, los que salgamos a la calle a imponer una nueva guillotina que ponga fin a siglos de degradación humana.

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