Los poco hombre

por NICOLAS R HINZ, Est. Medicina, U. del Desarrollo.

Cada sociedad ha construido distintas expresiones de lo que significa ser hombre, pero desde un inicio, la masculinidad ha sido un factor fundamental en definir quién pertenece y quién queda excluido, en toda escala y orden de grupos en la sociedad. Ser hombre no sólo excluyó a la mujer  del ejercicio del poder, sino también a todos los humanos que no cumplían con el estándar de lo definido e impuesto, independiente de su sexo al nacer.

Este hombre, dueño de la historia, definió un tipo ideal de lo “varonil” como macho alfa dominante conquistador proveedor poderoso dueño y señor. El ser potente es una definición que parece provenir del acto sexual mismo, del poder de la erección-penetración, dejando a la mujer como receptora, poseída para que el hombre pueda demostrar su masculinidad, pero la validación de la capacidad de ser potente implica lograr una erección satisfactoria y que dure lo suficiente para producir un orgasmo en la mujer. Serán excluidos todos los hombres que no sean potentes, quedando a merced de ser ridiculizados, a lo que el hombre teme incluso más que a la muerte. La vanidad del hombre surge como respuesta a la inseguridad constante sobre su propia potencia, para mantener su prestigio y auto alabarse.

Desde muy chicos, nos gritan “Be a man!”. El miedo a fallar sexualmente en ser hombre provoca la tensión y ansiedad frente a la exigencia impuesta, especialmente frente a la mujer, que es la que más puede ponernos en ridículo, y frente a los demás hombres en no parecer lo suficientemente potente, obligándonos a demostrar virilidad. Esta inseguridad en el hombre, que podría casi considerarse ontológica, se tranquiliza al momento de ser aceptado como macho y parte del grupo, pero nunca desaparece.

La creación de otros atributos hacia la masculinidad contribuyen a disminuir la ansiedad, sintiéndonos más hombres a través de distintas formas de vanidad, como el poder, dinero y status, formas de jugar con mi prestigio desde la necesidad de demostrar “que buen macho soy”. Por otro lado, cosas como el porno, gráfica demostración de la masculinidad, aumenta la ansiedad al presentarnos hombres exitosos en satisfacer a una mujer, imponiendo un estándar absurdo de comportamiento sexual.

La masculinidad pasa a ser un mecanismo de defensa para protegernos del ridículo, creando distintos “club de Toby” sólo para hombres. El acto de separarnos ha estado siempre presente. Ser parte del club implica la superación de ciertas pruebas. Hoy, guardan relación con jugar a la pelota, anotar con las mujeres, matar piscolas, tenerla grande, el mejor auto, etc. Todas estas pruebas confirman al hombre como potente entre sus pares.

Pero en la creación de estos grupos de machos, muchos han sido víctimas del rechazo. No sólo homosexuales, sino también heterosexuales avergonzados de no cumplir con el ideal impuesto. Impotentes, amanerados, abstemios, vírgenes, gordos, cesantes, todos pecan de ser poco hombres en el esquema de masculinidad que nos han inculcado/impuesto desde pequeños. ¿Cuántos hombres han sido totalmente marginados de su sexo, de su identidad sexual, de su personalidad o incluso de su masculinidad?

Hombres obligados a transformar su sexualidad en ambigüedad u homosexualidad, hombres marginados de la masculinidad por ser o pensar distinto, considerados maricones, hombres homosexuales tratados como herejes y expulsados. Cuántos hombres tuvieron que alterar su personalidad, poniendo barreras a su propio yo, reprimiéndose para no ser excluidos. Bailarines, artistas, modelos, peluqueros, cantantes, músicos, cuántos discriminados por el simple acto de presentar una masculinidad diferente. Fácilmente, se puede ver el rechazo hacia cualquiera que supusiera una amenaza. Los que buscan escapar de la masculinidad son traidores llamados maricón.

¿Por qué pareciera ser que hoy existe mayor tolerancia y respeto a nuevos aspectos del ser hombre, distintos a los propuestos por la antigua masculinidad? Seguro algo cambió, no sé bien qué. Si ocurrió por la inclusión de la mujer en el mundo cívico y laboral, por la revolución hippie, por la reivindicación de los grupos LGBT, o si es un proceso normal de la evolución de la identidad del hombre, la cual se ha ido equalizando cada vez mejor en la sociedad actual.

¿Estará desapareciendo lentamente esa inseguridad para dar espacio a la aparición de una nueva “masculinidad”? Una de la que todo hombre se sienta seguro, sin necesidad de estar validándola. La masculinidad se ha ido aflojando y el hombre, antes marginado y discriminado, hoy está dejando de serlo, mostrándose más seguro ante la expresión de su masculinidad.

“Yo tengo cocos y no necesito que venga otro a confirmar lo que sé”. ¿Acaso un niño homosexual que sale del clóset no demuestra su hombría cuando da ese paso y le dice a todos “me cago en la masculinidad”?. Yo no juego fútbol, no cuento minas y menos aún mato piscolas. Yo me visto con capa, y curiosamente me siento aún más hombre al buscar entender mi propia inseguridad antes de transformarla en masculinidad.

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