El masoquista

por ILAN LIBEDINSKY, Psicólogo, U. del Pacífico.

Es mi culpa que hayan caído dos bombas nucleares en Japón,
y que El Niño africano muera de hambre.

Perdón por cada perro atropellado en la carretera
y por las mariposas estrelladas contra tu parabrisas,
lo lamento.

Perdón porque tu madre te haya golpeado cuando pequeño,
me hago cargo de eso.

Es mi culpa que no hayas tenido papá,
que tu mujer te haya puesto el gorro,
que tus hijos te odien.

Lo siento que hayan cerrado el Onaciu, fue mi culpa
y que la Hija de Perra haya muerto de sida,
lo lamento.

Perdón por el caso Penta
y por lo penca que son nuestros representantes políticos.

Pido perdón porque la marihuana sea tan cara
que la comida sea tan cara
que los cigarrillos sean tan caros
que los condones sean tan pero tan caros
y de la educación ni hablar.

Perdón porque no tengas sexo hace meses o años,
perdóname porque no seas capaz de alcanzar un orgasmo decente,
perdón porque no hayas podido amar.

Me hago responsable de las hidroeléctricas destructoras del ecosistema,
del alza de la delincuencia que provoca caserolazos ABC1,
que el flayte sea flayte
y el cogotero un adicto a la pasta base.

Perdón por el Transantiago
y por la falta de ciclovías,
el smog fatal también es mi culpa,
lo siento.

Perdón porque seas gorda
porque seas bajo
porque no te guste tu espejo
porque no te pesque quien te gusta.

Pero al final de cuentas todas las culpas se resumen en una:

Perdona por no haberte conocido nunca.

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