Desafíos para un país auto destructivo, sometido, sumiso y sin Memoria: Valorar, Expresar, Proponer y Recordar.

por MARIANA HERRERA, Actriz. Est. MA en Historia del Arte, U. de Haifa, Israel.

Cuando me sumerjo en las profundas aguas de los recuerdos de mi Chile amado, se me vienen a la memoria vivencias particulares, vividas en calles o lugares específicos, dueños de aromas únicos e incomparables. 5 de la tarde de un día cualquiera, Avenida 4 Alamos, Maipú (sí, soy maipucina de corazón), Panadería La Gran Vía, el aroma tan de casa de las mejores marraquetas de Chile. 10 a.m de un sábado cualquiera, Estado 132, el aroma intenso y penetrante del Café Haití. 8 de la noche de un día de invierno,  Lastarria 105 y la torta de milojas del Utopía llama a mi estómago vacío luego de un arduo día de clases y ensayos en Loreto 400, la escuela de Teatro de Gustavo Meza, lugar que fuera mi casa de estudio por 3 fructíferos años, hasta graduarme como Actriz.

Mi memoria me lleva a parajes infinitos y llenos de paz, de aire liviano y puro del sur. Y vuelvo al paraje verde de Caleta Gonzalo, a los lobos marinos de Pumalín, al pan amasado con mantequilla de los palafitos de Chiloé. El misterio del Norte se me hace presente en un idealizado Valle del Elqui, que pertenece a un norte que aun no conozco del todo, pero que ahí está, con la terquedad de sus montañas toscas, brutas, desafiantes, imponentes y profundamente bellas.

El Chile que mi mente escoge recordar es lisa y llanamente “La Copia Feliz Del Edén”. Dueño de  los paisajes más bellos que mis ojos han tenido la posibilidad de ver, de un  potencial intelectual innegable, de la policía menos corrupta y de la economía más estable y sólida de América Latina, de una sociedad sencilla y callada, que en la fila del banco alega bajito, que no es capaz de levantarle la voz a un funcionario público, y que se pone la mano en el bolsillo aunque duela cuando el país lo necesita. Ese es el Chile que mi mente recuerda cuando un Israelí o extranjero me pregunta. Sin embargo, en la soledad de mi casa y de mi corazón, sé que hay bastante más.

Tres son los defectos de Chile, tres nada mas. Uno mas lamentable y doloroso que el otro: 1) Chile  desestima lo Chileno. 2) Chile se somete con facilidad. 3)  Chile no tiene  memoria. De lo que hay entre ellos se tratara este escrito.

¿Quién fue el  primer literato de América Latina en ganar el premio nobel de literatura en el año 1945? Gabriela Mistral, Chilena. ¿Quién fue el primer artista latinoamericano en exponer individualmente en el Museo De L´ouvre en Paris? Violeta Parra, Chilena, en 1964. ¿A quién cataloga Gabriel García Márquez como “El mejor poeta del siglo 20 en cualquier idioma”? A Pablo Neruda, Chileno. ¿Quién fue el premio Hans Christian Andersen de Literatura 2011? Isabel Allende, Chilena.

Podría asegurar que más de la mitad de la población chilena no sabe o no recuerda estos grandes hechos. Además, en Chile el ser patriota y nacionalista está mal visto. No se nos educa a amar a nuestra patria, a respetar nuestra tierra, nuestra gente, a valorar lo “Made in Chile”, a enorgullecernos de nuestro país. Aprendemos por osmosis todo lo contrario: que lo chileno es malo, que nunca podría funcionar, que estamos destinados al fracaso, que no existe un chileno que brille. No existe.

Y entonces, cuando eso sucede, cuando un chileno triunfa y brilla, todo Chile busca inconscientemente una razón para echarlo para abajo. Lo que realmente “importaba” de Gabriela no fue ser la primer literato latinoamericana que  se ganó el premio nobel de literatura,  sino  su “ambigua” relación con Doris. De Violeta decían que era una huasa, mal vestida y mal educada. De Neruda que era mujeriego y comunacho. Y de Isabel Allende, la escritora de habla hispana más leída del mundo, con 51 millones de libros vendidos, con dos de sus libros llevados al cine, dicen que su literatura es “forzada y falsa”, que es una mala copia de García Márquez, y últimamente los machistas dicen que escribe “literatura para mujeres” como si eso de por sí fuera algo malo. Por las razones antes mencionadas, Chile le entregó el premio nacional de literatura recién el año 2010.  

En Chile no se critica para construir, sino para destruir, incluso lo propio, lo chileno. Es precisamente esa actitud, lo que nos lleva a nuestro segundo lamentable y doloroso defecto: Chile se somete con facilidad.

Todo lo que venga  de afuera es mejor que lo chileno. Da lo mismo que: animal, vegetal, persona o cosa, si viene/se hizo/creció/se educó afuera es mejor que haberlo hecho en Chile. Por tener esa mentalidad de pueblo colonizado y sometido, es que entre otras cosas  permitimos que desde los 90 nuestro país se empezara a ver como un Estado más del Imperio Yankee. Abrimos nuestras fronteras y lenta e imperceptiblemente miles de hectáreas de tierras fértiles de la región metropolitana se fueron tornando grises y vacías, dispuestas a alojar a los ya conocidos “Malls”. Con el pasar de los años, las palmeras de Av. Pajaritos en Maipú se convirtieron en el nombre de una estación de Metro, porque palmeras ya no hay, y tampoco pajaritos.

La sumisión fue lo que nos llevo a aceptar sin chistar la siniestra venta de tierras en el sur durante la administración Frei Ruiz-Tagle y la no menos macabra transformación de la  Plaza de Armas de Santiago ente los años 1998-2000 de manos del entonces alcalde Jaime Ravinet. Remodelación tras la cual los arboles que fueron testigos vivos de tiempos coloniales, fueron suplantados por una gran e interminable explanada de cemento, copia  deslucida de la Plaza Mayor Madrileña, buscando imitar un patrón forastero.

Progreso debe haber, pero no a costa de destruir completamente algo, sino de mejorar lo ya existente. ¿Si no se respeta el pasado como podrá haber un futuro?  ¿Si todo el tiempo se está destruyendo testigos para avanzar,  como podrá contarse la historia? Chile es un país que se somete a lo extranjero, que no vela por su patrimonio, por ende, un país que no tiene memoria. Y ese es el tercer lamentable y doloroso defecto de Chile, su falta de memoria expresada en negaciones y olvidos.

Que hagamos a un lado y menospreciemos a nuestros pueblos aborígenes es una negación brutal hacia su existencia. Es expresarles que ellos, que estaban desde muchísimo antes que todos los colonizadores españoles, sobran en un Chile que quiere crecer sin recuerdos de su mestizaje ni origen. El trato que todos los últimos seis gobiernos le han dado a nuestros pueblos originarios es digno de repudio. Chile intenta borrar toda huella indígena de su territorio, porque lo avergüenza, por que no sabe cómo lidiar con el peso histórico de una comunidad indígena. El chileno tiene memoria a corto plazo, no sabe respetar ni valorar su Historia.

Que aun haya sectores de la población Chilena que se niegan a reconocer, recordar y hacerse cargo de las persecuciones, torturas y crímenes cometidos sistemáticamente por la dictadura de Augusto Pinochet Ugarte; Que el Estadio Nacional,  lugar de fusilamiento y tortura, sea hoy un lugar de recreación y no un sitio de recuerdo; Que nos hayamos demorado 37 años en construir El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos como homenaje popular y gubernamental a los caídos; Y que en las elecciones presidenciales del año 2009 hayamos elegido democráticamente a un hombre que fue fiel servidor de aquel  Dictador,  son pruebas irrefutables de que nuestra prioridad como sociedad es borrar, negar, rechazar y olvidar, a cualquier precio y de cualquier manera, todo aquello que nos es poco grato recordar.  

Lo bueno es que esto se está revirtiendo a favor de nosotros los patriotas nacionalistas. Desde afuera, siempre se ve más claro, y desde mi autoexilio/Alia en Israel veo que la sociedad chilena está lentamente mutando para mejor. Veo en la nueva generación una auténtica voluntad de aceptar y mirar de igual a igual al indígena, de hacerse cargo del pasado que sus padres decidieron olvidar y sepultar, y de reclamar por aquello que creen que les corresponde. Los nuevos jóvenes de Chile son cada vez más Chilenos y menos Gringos, y están lentamente construyendo o reconstruyendo una Identidad Chilena propia como la que existía en el esplendor de la voluntad popular de los años ´70. Desde Israel, veo el nacimiento de una nueva y más valiente sociedad Chilena, que se atreve a recordar y a reclamar, un poco más parecida a la siempre terca y caradura sociedad Israelí, que tanto amo, de la que tanto aprendo día a día y con la que tanto me identifico.

Esta nueva generación de Chilenos Idealistas tiene razón: Solo a punta de Valorar lo Chileno, de Expresar y Proponer críticas y sueños, y de Recordar el pasado aunque duela, construiremos un Chile más sólido, verdadero y responsable con vías a un futuro más justo para todos sus habitantes. Solo con ayuda de esos cuatro antídotos, haremos de Chile la verdadera Copia Feliz del Edén.

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