¿Quién es judío? depende, ¿quién pregunta?

por DAVID ARIAS, Est. MA en Estudios Judaicos, Instituto Rabínico Conservador Schechter, Jerusalem. Coordinador Shnat Hajshara, Noam Amlat, Marom. Ex Mazkir, Noam Amlat.

Hay mucha confusión en la columna que fue publicada con respecto a los hijos de padres judíos y madres no judías. Confusión de conceptos, de ideas y de sentimientos. Es un tema sensible, para todos. Lo que antes era muy claro, hoy es un tanto borroso.

Se establece que el autor reconoce sabiduría en las demás corrientes. El movimiento ortodoxo y el conservador/masortí siguen la Halajá o ley judía: un judío es alguien que nace de madre judía, o bien alguien que realizó un proceso de conversión, sabiendo que sobre el proceso mismo hay determinadas discusiones, una de las principales diferencias entre nuestros movimientos. En cuanto al reformismo, no todas las comunidades ni rabinos reformistas reconocen la patrilinealidad como una forma Halájica de definir la ascendencia o descendencia judía. Hay discusiones dentro del movimiento reformista desde hace décadas, y gran parte de la decisión de adoptar esta medida se tomó para intentar frenar la asimilación, cosa que no sucedió realmente y hay comunidades reformistas en Israel que no aceptan la visión patrilineal, sino que exigen un proceso de conversión para esas mismas personas, que no necesariamente va a ser tan estricto como en el caso de un “guer” (converso) común.

Por otro lado, decir que “No hay leyes halájicas que condenen a los hijos de matrimonios mixtos a ser no judíos”, no es correcto, eso ya fue fijado en la literatura rabínica hace siglos, de hecho el autor mismo lo cita con posterioridad en el mismo artículo. Es más, el versículo de Deuteronomio que se cita “No lo casarás con ellos, no darás a tu hija para su hijo, y no tomarás a sus hijas para tu hijo, porque él causará que tus hijos se alejen de Mí, y adorarán a otros dioses” (7:3-4) fue interpretado en el Talmud en el Tratado de Kiddushin (68b) en base a otras fuentes bíblicas (Éxodo 21:4), como que el hijo de una mujer no judía, tiene el mismo status que su madre – Vladá Kamotá.

Citar versículos de la Torá y moverlos de un lado para otro en forma arbitraria, no es equivalente a la interpretación rabínica talmúdica de la misma, puesto que nuestros sabios (Jaza”l) establecieron criterios claros de interpretación. Por lo demás, la Torá es un texto que no viene a relatar hechos históricos comprobables, sino viene a plantear una cosmovisión monoteísta y la supremacía de un solo Creador. (Recomiendo leer la introducción del Rav Moshé David (Umberto) Casutto / E. S. Artum al libro de Bereshit, donde explica esto mismo).

Si bien es cierto que muchas de las mujeres y concubinas que figuran en el texto de la Torá no eran judías, sí hay una orden de realizar la circuncisión / Brit Milá, que define en gran parte la identidad judía, al menos, de los varones, paso indiscutible en los procesos de conversiones de las corrientes halájicas del judaísmo, incluyendo el reformismo. De cualquier forma, hay una concepto base que debemos entender: El judaísmo que nosotros vivimos hoy es Rabínico y no bíblico. La manera en la que llevamos la tradición judía hoy, fue establecida por nuestros sabios y no está basada ciegamente en una lectura lineal del texto bíblico, hacer eso nos alejaría del judaísmo.

Creo que los Rabinos, no tienen que cargar con la “vergüenza” de esta ley, es una Halajá que se respeta desde hace siglos, así como también se respetan otras que también son tema de discusión. Tener una determinada visión religiosa no es discriminar, es simplemente poseer una perspectiva distinta. Muy diferente es querer imponer esa premisa a otros. En mi marco, decido yo, en otros, deciden los otros. Yo me defino como judío masortí/conservador, en mi comunidad las mujeres son llamadas a la Torá, y no creo que la ortodoxia sea retrógrada, misógina y discriminadora por no hacerlo. Sé que si voy a una comunidad ortodoxa, no les puedo exigir que llamen a una mujer a la Torá. Y creo que aquí radica parte importante de la discusión. La definición de judío, o al menos de identificación como judío, hoy en día cambió, por lo menos, desde la perspectiva de Pueblo, más que de Halajá. Siempre fue algo binario. 1 o 0, eres judío o no. En eso, la halajá sigue siendo clara. Eres hijo de madre judía, eres judío, en forma halájica al menos. Lo anterior no niega que haya otras definiciones, más allá de si yo estoy de acuerdo o no.

Con el levantamiento del Estado de Israel y posteriormente con la ley de retorno, nos replanteamos la pregunta. Un hijo de padre judío tiene determinados derechos, o nieto de un abuelo judío, o casado con, o etc.

La definición milenaria, en concordancia con la Halajá, sobre quién es judío, sigue siendo válida al día de hoy, y es la definición mayoritaria en el pueblo. Un judío o una judía, es el hijo de una mujer judía. Lo que se ha hecho en las últimas décadas, es sumar definiciones nacionales, no-religiosas, que guardan un vínculo con el status de pueblo, estas no son menos válidas, pero no pueden venir a reemplazar a la definición tradicional del “ser judío”.

La pregunta “¿Quién es judío?” va a depender de quién pregunta y para quién es la respuesta. En Israel, si el que pregunta es el Estado o el Ministerio del Interior, la definición va a estar dada por por la ley de retorno, en cuanto a los derechos que se reciben. Si es la Rabanut, el rabinato, ortodoxo, la definición va a ser Halájica – desde la perspectiva ortodoxa. Si es un soldado de Tzahal, sólo de abuelo judío (como algunos casos de inmigrantes de Rusia) que cayó en combate y hay que darle sepultura en un cementerio militar judío, será Tzahal, o en última instancia la sociedad la que acepte a ese caído como judío, más allá de la definición Halájica. (El periodista israelí, judío-ortodoxo, Shmuel Rosner, habla con más detalle sobre este tema).

No se trata de agregar más divisiones a nuestro pueblo, y ponerle más apellidos a “lo judío”; Judío-Halájico, Judío-Ortodoxo, Judío-Laico y así, sino que el asunto pasa por ser sensibles al minuto de definir nuestra identidad. El definirnos como judío tiene ciertas implicancias, significa que nos hacemos responsables de una tradición milenaria, con la que cumplimos, la traemos al siglo XXI y la aplicamos a nuestra era, más allá de si es difícil, fácil, cómodo o incómodo.

Estoy de acuerdo que este es un tema que genera debate, discusión y mucho revuelo, puesto que toca nuestras más íntimas fibras, y debe ser tratado con cautela, no cerrándose ante el mismo, ni para un lado ni para otro.
Para quienes intentan mantener un marco de Halajá en sus vidas, la definición es clara. Para quienes lo ven como algo no ritual ni religioso, sino nacional, la definición será otra; y no hay duda que será difícil que ambas definiciones sean aceptadas en forma mutua.

Hay quienes tenemos nuestra definición clara, y aun así estamos abiertos a conversar, no tiene que ver con discriminación ni apertura de mente, sino con creencias religiosas. Como buenos judíos (halájicos o no, de padre o de madre) contestamos la pregunta ¿Quién es judío? con otra pregunta: ¿Quién pregunta?

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