Incertidumbre por Ineptitud

por ALEJANDRO BEREZIN, Ingeniero Comercial, U. Adolfo Ibáñez. MS(c) Economía y Políticas Públicas. Ex Pahil, Hashomer Hatzair.

 

Respecto a cómo afecta a la economía la crisis social que desde octubre se vive en Chile, se podría esperar que el mayor impacto se dé por el lado de la inversión. En ese sentido, la incertidumbre provocada por la inestabilidad del país se traduce en una disminución de la inversion, lo que al corto plazo impacta directamente al crecimiento.

Luego, se notó que se presentaron presiones cambiarias que derivaron en que el dólar bordeara los 800 pesos. Lo anterior se dió producto de la menor liquidez que usualmente se observa en esta época del año, pero sumada al contexto social de agitación, lo cual aumentó significativamente el efecto sobre el valor de nuestra moneda. Sin embargo, el Banco Central reaccionó oportunamente y realizó una operación de mercado abierto, inyectando 4.000 millones de dólares a la economía para mitigar estas presiones y, bajando la tasa de interés, disminuir la devaluación del peso chileno.

Con relación al costo de la vida para las y los chilenos, es importante comenzar por entender correctamente el concepto de inflación, que hace referencia a un alza generalizada y sostenida del nivel de precios de la economía en un período determinado de estudio. El estallido social chileno afecta a la inflación, pero no de la manera que usualmente se interpreta durante una “crisis”, dado que las expectativas sobre una desaceleración del crecimiento económico terminarán produciendo una disminución en el nivel de precios de la economía y no lo contrario.

En definitiva, un menor crecimiento y una posible alza del desempleo debiesen desencadenar un estancamiento o disminución de los precios en Chile. Si a eso le sumamos las presiones del tipo de cambio, lo más probable es que la inflación se mantenga controlada en sus niveles tradicionales, y que todo este contexto no culmine en un alza, como quizás se podría estar esperando por parte de la gente.

En los próximos años, se vienen grandes desafíos para Chile a nivel económico, pues se debe restablecer una senda de crecimiento para el país y, además, todas las políticas públicas que se planifiquen y comiencen a poner en marcha como respuesta al estallido social, deben ser financiadas de algún modo.

Respecto a lo primero, es muy probable que, si la agitación social se comienza a calmar paulatinamente, la economía pueda retomar un rumbo positivo y el impacto no sea algo tan desgarrador. La OCDE ya estableció que se disminuyeron las expectativas de crecimiento para nuestro país a un 2,2%, lo cual pese a no poder ser visto con buenos ojos, es un escenario donde el país se puede recuperar si se estimula la economía y hubiese una creación de empleos para mitigar el desempleo producido por la crisis.

En relación al financiamiento de la “Agenda social”, este puede venir de dos fuentes principalmente: deuda fiscal o de un alza de los impuestos. Debemos aumentar los impuestos en sectores específicos para poder recaudar fondos que permitan financiar una expansión de los derechos sociales garantizados para la población, símbolo de un país desarrollado, lo que también puede complementarse con un plan de industrialización de la economía chilena que, dejando el extractivismo atrás, nos permita superar la trampa del ingreso medio y tener mayores niveles de crecimiento económico al largo plazo.

En la práctica, creo que se debería trabajar la propuesta del economista José Gabriel Palma, quien plantea una estructura de royalty minero diferenciado, que permita industrializar dicho sector productivo, y que a su vez, podría aumentar sustancialmente la recaudación fiscal derivada del commodity que sustenta en gran parte a la economía chilena: el cobre.

Hacer predicciones de lo que va a ocurrir con la economía chilena es algo necesario para comenzar a prepararse, pero también algo prematuro. El futuro de Chile depende fundamentalmente de cuándo se termine esta crisis, de qué medidas se vayan a tomar, de cuánto se demoren en ejecutarlas y de cuáles sean los saldos finales de este estallido social. En las calles del país se han gritado consignas que representan la necesidad instransable de una vida digna, esa vida que fue promesa de la transición pactada pero que nunca llegó. La rapidez en acoger las demandas del pueblo y resolver a favor de los intereses de la gente, sin cálculos de réditos políticos, es cada vez más urgente. Si el carácter que el Gobierno le está dando al manejo de esta crisis no cambia, se profundizarán las consecuencias y nuestras instituciones serán cada vez más ilegítimas.

 

Foto: CNN Chile.

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