El fin de los partidos políticos

por BENJAMIN CORREA, Gerente General, Cromwell Traducciones.

La crisis de la democracia representativa en Chile ya no puede ser ignorada, especialmente frente a la crisis endémica de los partidos políticos a nivel mundial. Efectos impredecibles de no enfrentar los problemas a tiempo en un abanico diverso de todo tipo de demandas y razones, pero que suponen el arrastrar al siglo XXI una democracia anticuada con métodos de votación arcaicos que terminaron socavando la legitimidad de la élite política, reforzando una desilusión ya profundamente arraigada en la participación política de nuestro país en los 90’.

Pero, ¿qué tiene que ver la manera en la que se vota con las vulnerabilidades de nuestra democracia? Ya sea por la falta de acción frente al cambio climático que amenaza con destruir el planeta, la reaparición de una Rusia autoritaria bajo un gobierno encabezado por un ex-agente de la KGB, la propagación de partidos nacionalistas en Europa, o la inminente retirada de Gran Bretaña de la UE (ni hablar del primer presidente estrella de reality de Estados Unidos), todos estos problemas tienen una causa en común; la pérdida de legitimidad de los partidos políticos. De hecho, estas instituciones concebidas en el siglo XIX sobreviven con cada vez menos relevancia si se observa como realmente las personas practican hoy la política.

Los partidos políticos nos ofrecen una democracia que no habla a la vida de la mayoría, y no realizan esfuerzos suficientes para reconectarse con aquellos que se sienten excluidos.

El escritor estadounidense H.L. Mencken describe la democracia como “la teoría de que las personas saben lo que quieren y merecen conseguirlo”. Pero para tomar decisiones complejas e importantes debiésemos contar con expertos para realizar una investigación exhaustiva, punto de unión entre la legislación y una persona que quiere votar y ser representada. La persona trabaja 50 horas semanales y no tiene el tiempo de leer cientos de estudios sobre salud y pensiones para tomar una decisión informada. La representación es fundamental y no se busca argumentar en su contra.

Pero todo tiene un punto de quiebre. En Chile, la ciudadanía no posee la capacidad de incidir en las decisiones políticas, o al menos esta es la sensación de nuestra generación. Los políticos de este país están completamente desconectados de la realidad nacional. La falta de representatividad lleva a que las personas voten en contra de sus propios intereses: personas pobres que apoyan a un candidato que es propiedad de los ricos, o inmigrantes que apoyan a un candidato antiinmigrante. Si una opción ofrece un fuerte cambio al sistema, incluso si este es a todas luces dañino para las personas que votan, éstas pueden gravitar automáticamente hacia esta opción sólo para experimentar un cierto grado de influencia o control sobre sus vidas.

Esta es la envergadura del problema que se enfrenta. La votación en línea no es una herramienta de conveniencia para que podamos votar sin “darnos la lata” de ir a una urna. Usada a pequeña y mediana escala, como recientemente en la última consulta municipal, podría impulsar la participación de los votantes, evitar errores administrativos en los colegios electorales y ayudar a restaurar la confianza del público en el proceso político y la democracia. Podría devolverle a los ciudadanos una pequeña sensación de control en sus vida políticas.

En Suiza, incluso hace posible que cualquier grupo de 50.000 ciudadanos suizos pueda solicitar un referéndum opcional para impugnar una ley nueva o revisada, incluyendo ciudadanos independientes. Otra ventaja es que los partidos políticos deben buscar el consenso no sólo a través de las líneas partidarias, sino también en la comunidad en general, ya que las nuevas leyes pueden ser cuestionadas por el pueblo. La implementación del voto electrónico traería mayor accesibilidad para residentes en el extranjero, eliminaría las largas filas en las mesas electorales y entrega mayor representatividad a personas con discapacidad, personas que padecen enfermedades, personas que sirven en el Ejército o que viven en el extranjero, las que se encuentran en viajes personales, padres solteros que pueden tener dificultades para visitar una mesa de votación tradicional y un sinnúmero de ventajas adicionales.

Pero sin un voto físico resulta increíblemente difícil de asegurar que los resultados son reales y que no fueron manipulados. Un método para abordar el mayor obstáculo a la implementación de la votación en línea ha sido el uso de aplicaciones basadas en blockchain. Una aplicación de votación basada en blockchain no se preocupa por la seguridad de su conexión a Internet, porque cualquier hacker con acceso al terminal no podrá afectar a otros nodos. Los votantes pueden presentar su voto de manera efectiva sin revelar su identidad o preferencias políticas al público. Los funcionarios pueden contar los votos con absoluta certeza, sabiendo que cada identificación se puede atribuir a un voto, que no se pueden crear falsificaciones y que la manipulación es imposible.

Es un cambio difícil y debe ser en cualquier caso sumamente paulatino. Los partidos políticos son aún, y por muchos años más, fundamentales para toda democracia en cualquier parte del mundo, pero la pérdida de confianza que han sufrido por parte del pueblo es irreversible y el vacío que ha dejado debe llenarse con la acción directa y sin mediación de un ciudadano global cada vez más informado y actualizado respecto a lo que sucede en su país y en su planeta.

Desde sus orígenes en Atenas, donde el sistema político democrático de legislación estaba reservado para unos pocos ciudadanos adultos varones, la democracia representativa se ha basado en la premisa que la mayoría de la población está compuesta de “idiotas útiles” que requieren de la élite para saber qué les conviene realmente. Las personas comunes están sujetas fácilmente al tipo correcto de adoctrinamiento por parte de las élites intelectuales. No más. Los medios permiten crear una ciudadanía que tenga las capacidades cognitivas y emocionales que requiere la democracia.

Debemos revisar nuestros sistemas electorales, revitalizar nuestra democracia con los recursos de nuestro siglo y continuar entregándole más poder a las personas. Si los partidos políticos ya no tienen un atractivo masivo, otras organizaciones tomarán su lugar. La votación ciudadana online a través de los municipios y la gente, logró en un mes lo que todos nuestros políticos se plantearon para recién abril, en 6 meses, tras venir ignorándolo décadas. 

 

Foto: Diario Financiero

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