Amor y miedos de madre del nuevo Chile

por ANDREA NUDMAN, Psicopedagoga Bilingüe, Lic. en Educación, U. Andrés Bello.

 

El día 5 de Marzo de 2018 no me sentía bien. Llevaba un rato bien decaída, soñolienta y con algo de dolor de estómago. ¿Qué estaba pasando? Ese día me enteré que estaba embarazada. ¿De verdad? 3 pruebas de orina y 1 de sangre me lo confirmaban. ¡Estaba embarazada! ¡Yo! A quien le habían dicho toda la vida que mi condición de salud probablemente no me lo permitiría, que los cuidados debían ser extremos, que podían haber pérdidas y mal formaciones, que las cosas podían salir muy mal, y que no era recomendable.

Pero estaba embarazada.  D’s me estaba poniendo a prueba una vez más.  Es más, hoy lo pienso y SI que era una prueba grande. De mí dependía cuidar esa “morita”, como le decía mi mamá. De mí dependía que creciera, se desarrollara, se alimentara, que respirara, todo dependía exclusivamente de mí. No podía delegar nada. No podía pedir ayuda. No podía pedir favores. Esta era mi prueba de fuego. Y la más larga e importante de toda mi vida. 

No fue fácil. No me sentía bien. Debía comer cuando no tenía hambre, debía ir a la clínica más que a cualquier parte, someterme a exámenes de sangre a cada rato, tomar un suplemento muy malo para suplir las comidas que no era capaz de tragarme, y manejarla muy bien a ella: mi fiel compañera diabetes, desde hace más de 30 años.

Hoy confieso que estaba aterrada, a veces me paralizaban mis temores. Sentí miedos como nunca. Y nadie supo de mis tremendos miedos porque decidí callarlos. La ecografía de los 3 meses me tenía en un estado nervioso que no puedo ni quiero recordar, pero ese día… ¡mi morita medía 5 cm y estaba de maravillas! Pude respirar y calmar un poco mis nervios.

Y así pasaba el tiempo entre controles, doctores, exámenes y cuidados hasta que, de repente, me enteré que “La Morita” pasaba a llamarse “Cocoliso”. ¡Sería mamá de un hombre! Y empecé a soñar a diario con él.  Me imaginaba cómo sería tenerlo en mis brazos. ¿Cómo iba a ser su piel, su pelo, su sonrisa, sus manos?

Recuerdo perfecto esos sueños. Y me despertaba cuando este poroto se hacía notar en mi guata. Al principio eran como burbujas que se movían de un lado a otro y luego pasó a ser un movimiento constante. ¡Qué rico se sentía! Disfruté cada día que estuviste en mi guata.

El tiempo pasó y la fecha de cesárea quedó fijada para el 24 de Octubre. Mientras tanto me fui asesorando de a poco y varias “expertas” aparecieron. Me estaba volviendo loca de tanto consejo, así es que decidí no oír más y dejar que las cosas fueran fluyendo. Total, tenía lo básico y mi mamá me fue tratando de ayudar un poco a calmar mis nervios y ansias.

Los últimos 2 meses fueron muy duros. Mi Cocoliso estaba cada vez más movedizo y grande, al extremo de obligarme a colgar las llaves del auto y a sufrir de un dolor en las piernas y pies que de verdad era desesperante… ¡pero no importaba! Yo te estaba esperando feliz. 

Y el 24 de Octubre llegó. Faltaba lo más importante: que salieras sano y salvo de mi guata. Llegamos temprano a la clínica. Esa mañana me saqué las últimas fotos con guata y partimos. Detrás nuestro, llegaron nuestras familias. En la sala de espera, había mucha gente.

Pude ver a través de los ojos de mis padres… había temor en sus miradas, mi papá estaba muy nervioso y trataba de disimular. Se olía la angustia pero también una enorme emoción. Nadie sabía cómo saldrían las cosas después de todas las advertencias recibidas durante mi vida.

Ya en la pieza de preparación, yo no daba más. Mi guata era tremenda. Sentía cómo se me quemaban los pies del dolor. Me estaba reventando. ¡Sáquenme YA a Tomás! Así te llamabas desde los 7 meses de gestación. 

14:30 horas y ya con la anestesia puesta dentro del pabellón. Sólo debía esperar. Mi respiración estaba muy agitada, la anestesista me pidió que por favor tratara de calmarme. Todo me tiritaba, pero entonces respiré profundo y le tomé la mano a mi otro gran amor que me acompañaba. Incluso me atrevería a decir que tal vez igual de nervioso y asustado.

Cuando de repente… 15:10 horas y escucho un gran llanto. ¡Qué pulmones! ¡Es precioso! Dijo el Ginecólogo. Y ahí, unos segundos después, todo mojadito, calentito y resbaloso te pusieron en mi pecho. A estas alturas, mientras escribo, se van empañando mis ojos cada vez más.

Recuerdo exacto ese momento. Lloraba a mares, te revisé entero, te conté los dedos de pies y manos, te besé con un amor que ni yo sabía que tenía guardado. Te dejé empapado en lágrimas. Mi pequeño milagro había nacido sano y salvo. Y fue entonces que descubrí que la magia realmente existe. Yo lo viví, nadie me lo contó.

Pesaste 4 kg y mediste 50 cm. Y yo: lo había logrado una vez más. Me había convertido en TU mamá. Eras idéntico a como te soñé e imaginé.  Tenías incluso los mismos colores. Eras mi sueño convertido en realidad.

Tomás, ya cumpliste un año, y aunque quise hacerte un pequeña fiesta, no fue posible por lo que pasa en nuestro país, mismo país en el que crecerás y que hoy vive tan difíciles momentos a nivel político y social. Tu aniversario fue en pleno toque de queda, y la gente no podía salir de sus casas. El comercio estaba todo cerrado desde temprano, y la incertidumbre y el caos era total. 

Pero aprovecho estas líneas para darte las gracias por haberme enseñado, día a día, a conocerte más, a entenderte, a cuidarte, regalonearte y sobre todo a amarte.

No hay en mi vida nada más importante que tú, nada. Haces que todo valga la pena… verte sonreír y disfrutar cada día, pedirme brazos, reirte a carcajadas, jugar, explorar juntos, verte comer, ir al Pediatra y que siempre te encuentre tan bien,  me demuestra que no me he equivocado tanto, que voy aprendiendo todos los días un poco más, descubriendo a diario cosas nuevas. Porque tú me enseñas y yo voy aprendiendo feliz.

Hoy, a casi 3 meses del estallido social en Chile, miro hacia atrás y mi mayor pena no es haberme perdido celebrar el primer año de vida de mi hijo, pero lo que sí me atormenta es pensar que mi hijo vivirá en un país plagado de delincuencia, vandalismo y narcotráfico, en un país donde el gobierno no escucha a la gente y donde la gente ya no cree en el gobierno ni los partidos políticos. Las diferencias sociales y económicas entre los chilenos son tan grandes que nos han hecho llegar a actuar como unos verdaderos animales y no como personas, desde los que destruyen el país en lo material, hasta los que lo destruyen en su ética, justicia y dignidad.

Sólo espero de corazón poder blindarte de los peligros o daños, todo el tiempo que me sea posible, cuidarte de cualquier cosa mala que pueda pasar y darte las herramientas para que el día de mañana estés preparado para enfrentar el mundo, para que sepas distinguir el bien del mal, y para que puedas, como un adulto, ayudar a repararlo para construir un lugar mejor para todos. 

Mientras tanto, mientras yo viva, acá estaré para lo que necesites. ¡Le doy gracias a la vida! Gracias por darme esta tremenda oportunidad que vivo intensamente día a día! No puedo pedir nada más.

Te amo, tu mamá.

Una respuesta a “Amor y miedos de madre del nuevo Chile

  1. La crisis social de Chile es crítica y sería. Hay que abordarla y aplicar administración jurídica efectiva y real. No es plausible intentar regresar a normalidad, después de todos los sucesos acaecidos.
    Aquí hay requerimiento urgente de cumplimiento de demandas sociales , la ciudadanía no quiere más trincheras políticas, ni “supuestos ” acuerdos que no fructíferas , debido a posiciones antagónicas y a ambiciones.
    Chile requiere un urgente llamado a La Paz, y más participación ciudadana.

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