El virus que nos podría cambiar para siempre

por BENJAMIN ALALUF, Est. Heschel, Seminario Rabínico Latinoamericano. Seminarista, Comunidad Benei Tikva.

 

Por primera vez, la humanidad completa está sufriendo una amenaza a su sobrevivencia. Un nuevo virus irrumpió en nuestras vidas y las llenó de incertidumbre, inmovilizando nuestra cotidianidad, nuestros vínculos, nuestras economías y nuestros proyectos. Las urgencias de hace tan sólo unos días en la agenda de cada país fueron sustituidas, desplazadas. Estamos viendo algo que ningún humano vivo tuvo aún la oportunidad de ver: una pandemia mundial.

El COVID 19 resultó ser más poderoso que el propio virus de nuestra soberbia, la que tantas veces pretende comprender todo, aquella que vive en la ilusión de las certezas. Muchas reflexiones, pocas conclusiones aún. El mundo actual está siendo contrastado y llevado al extremo por la fuerza de una amenaza de carácter biológico, que insólitamente está poniendo en jaque a las prácticas más normalizadas de nuestra sociedad.

El mundo resultante, una vez que todo esto termine, será producto de lo que hoy estamos viviendo. ¿Qué pasa si nos damos cuenta que algunas cosas comienzan a salir mejor en la nueva forma de vivir, quedándonos en casa? ¿Valoraremos más las experiencias humanas ahora que no podemos juntarnos personalmente con nuestros amigos? Después de siglos de menosprecio y conflicto de intereses, ¿los políticos comenzarán a escuchar más a la ciencia? ¿Qué pasaría si eventualmente nos damos cuenta que una persona en su casa puede trabajar incluso mejor, alejada de la hostilidad de las oficinas, rodeada de su entorno y dueña de sus tiempos? ¿seguirá siendo necesario sostener horarios y lugares de trabajo, o la productividad podrá ser entendida de otra forma?

Este es un momento urgente para mostrar lo mejor de nosotros mismos. O lo hacemos bien, o lo arruinamos todo. La responsabilidad, la cooperación y el cuidado máximo de nuestra salud son principios básicos en nuestra tradición. Ante esto, hoy más que nunca, debemos aferrarnos a ellos.

Visitar y sostener a los enfermos sigue siendo una Mitzvá. Según el Talmud aliviamos 1/60 del sufrimiento de alguien cuando lo acompañamos en su dolor. Enfermar no es culpa de nadie, sanar y cuidar es responsabilidad de todos. No podemos estar hoy de forma presencial, pero podemos acompañarlos por otras formas. Todos podemos ayudar a alguien que esté transitando algún caso de enfermedad, así como también a quien sea que necesite apoyo emocional, contención o un mimo. Mucha gente es mayor y está sola en su casa, necesitan hablar con alguien. Otros están con mucho miedo, debemos escucharlos y calmarlos.

Somos miembros de una Comunidad para ayudar y ayudarnos, somos parte de una sociedad donde es nuestro deber ser empáticos. Hay gente que va a pasar momentos sumamente difíciles a nivel financiero. Donemos, ya sea dinero, comida o insumos médicos de primera necesidad, para asegurar que todos contemos con lo básico en estos días. Si sabemos de alguien que se encuentra en una situación difícil, que tenga problemas para salir de su casa, o que requiera que alguien haga sus compras y trámites, o sea cual sea el motivo, debemos tejer redes de apoyo y colaboración.

Lo más importante, cumplir correctamente las directivas publicadas por todas las autoridades sanitarias y gubernamentales competentes. Laven vuestras manos de manera constante, no salgan de casa si no es realmente necesario, cumplan y hagan cumplir el aislamiento preventivo. Asimismo, todas aquellas personas que hayan regresado al país estos últimos días desde cualquier lugar del mundo o hayan tenido contacto con alguien que lo hubiera hecho, deben guardar la cuarentena obligatoria.

Cooperando entre todos podemos ayudar al mundo entero. “Cuídense mucho a ustedes” dice la Torá, “el peligro físico es más urgente que cualquier prohibición ritual” expresa el Talmud. No hay nada más importante que nuestras vidas y las vidas de aquellos que nos rodean.

Va a costar tiempo y esfuerzo volver a la normalidad, y probablemente esto exija sacrificios mancomunados en los cuales todos vamos a ceder algo, pero será la única manera en la cual saldremos bien. Tal vez incluso un poco más unidos que antes. Si algo no cambiamos, algo estamos haciendo mal.

“Gam Ze Iaavor, también esto pasará” dice el Talmud. De corazón espero que cuando todo pase sea mucho lo que hayamos podido crecer, poco lo que lamentar y podamos avocarnos en la construcción de un mejor mundo para todos. Parte de ser Comunidad significa atravesar instancias juntos, festejando las buenas y sosteniéndonos en las adversidades. “Kol Israel Arevim Ze Lazé – cada judío, y cada humano, es responsable de sí mismo y de su prójimo”.

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