La Libertad del Actor Social: la Movilización como rechazo ante las Estructuras actuales.

por MAIA GUISKIN, Lic. En Antropología, U. de Chile.

La libertad es una de las cuestiones existenciales por excelencia, que apelan al sentido mismo del ser humano. Esto porque para muchos, lo que nos diferencia de otras especies es justamente la capacidad que tenemos de actuar según nuestra voluntad, lo que ha resultado en que la libertad se sitúe como uno de los valores humanos primordiales. Sin embargo, la discusión sobre cuán libres somos realmente ha estado presente a lo largo del debate en la filosofía y las ciencias sociales; si realmente actuamos de manera autónoma o si en verdad estamos determinados por una serie de factores que nos restringen y que en última instancia la libertad no sería más que una ilusión.

En ciencias sociales, una de las discusiones teóricas de mayor relevancia es aquella entre la que entiende que estamos determinados por estructuras, las cuales no son resultado de la acción de los sujetos, sino que le anteceden, y  la que pone al sujeto en el centro del mundo, ya que con su reflexividad y sus acciones lo construye. Es lo que en el debate ha tomado el nombre de oposición entre objetivismo y subjetivismo, determinismo y voluntarismo, estructura y agencia. Lo que se pone en discusión es qué grado de libertad poseemos realmente y cómo esta se expresa en nuestras acciones.

Sin embargo, en la actualidad la tendencia ha sido intentar conciliar ambos polos[1] en un punto medio que dé cuenta de las determinantes estructurales que guían nuestra acción, pero sin anular al sujeto y a su capacidad de influir en el curso de su experiencia. Esta necesidad de buscar un equilibrio es entendible a la luz de la vida cotidiana, en donde si bien nos sabemos influidos por determinantes económicas, sociales, educacionales,  sentimos o vivimos un cierto margen de libertad en el que nuestras acciones cobran sentido. Para la socióloga británica Margaret Archer esta conciliación se da por “el hecho de que nos sintamos a la vez libres y encadenados, capaces de dar forma a nuestro propio futuro y enfrentados no obstante a coacciones desmedidas”[2].

Sin embargo, estas coacciones no llegan al límite de convertirnos en meras marionetas en un juego predeterminado, porque si fuera así nuestras acciones y nuestras causas carecerían de sentido. Es por ello que es interesante situar esta discusión en escenarios de transformación social, en tanto si no hubiera posibilidad de injerir en el futuro no tendrían espacio las movilizaciones y agitaciones sociales en busca de un distinto modelo de sociedad.

Las manifestaciones de las últimas semanas en Chile a raíz del proyecto Hidro Aysén nos muestran un escenario novedoso, el cual presenta una serie de particularidades, que sería necesario analizar por separado, pero en esta ocasión solo vamos a exponer muy brevemente. En primer lugar, se ha logrado reunir solo a través de las redes sociales una enorme cantidad de gente en las calles, lo cual no se veía en el acontecer nacional hace muchos años. Esta convocatoria se logró en unos pocos días y sin el llamado manifiesto de partidos, gremios, o grandes organizaciones ciudadanas (Acción Ecológica, el grupo que se ha adjudicado la organización, difícilmente identifica a las más de cinco decenas de miles de manifestantes). En segundo lugar, es interesante que personas de distinta tendencia política[3] se sientan igualmente aludidas por el tema. Esto llama la atención porque estamos acostumbrados a que las movilizaciones ciudadanas estén asociadas a la izquierda (29 de marzo, 1 de mayo, 11 de septiembre, así como las protestas estudiantiles), la cual se ha mostrado siempre en contra del modelo político y económico imperante.

Tal vez esta unión se dé porque Hidro Aysén toca un tema muy sensible en la actualidad como es el tema ecológico, el cual traspasa las clásicas divisiones políticas, de clase, etc. Sin embargo, a mi juicio, la gente ha salido a la calle por algo que va mucho más allá de ese proyecto específico, que tiene que ver con un hastío de un modelo de sociedad que va también mucho más allá del actual gobierno, sino de todo un modelo basado en el desarrollo económico y en el mercado como regulador de toda la vida social. Junto con esto, creo que existe un sentir general acerca de la poca injerencia ciudadana en las decisiones de Estado y al contrario, un excesivo peso de intereses de los grandes grupos económicos (que por lo demás están fuertemente vinculados a quiénes tienen el poder político).

No podemos aventurarnos a decir que se han roto los esquemas y que estamos frente a una movilización transversal a las clases sociales y a los partidos políticos, pero sí que hay nuevas dinámicas y nuevas causas que llaman a la transformación social. Ahora, la pregunta que cabe es si esta aparente nueva forma de movilización ciudadana transgrede o traspasa en alguna medida las estructuras objetivas.

Me parece que la respuesta es negativa y afirmativa a la vez. Negativa, en tanto la inquietud y las capacidades reales para cambiar el orden establecido vienen ya dadas por un determinado contexto social y cultural, el cual indudablemente existe (condicionantes económicas, de clase, etc.) En el caso de las movilizaciones recientes se pueden observar este tipo de condicionantes en que, por ejemplo, una importante fracción de los participantes son jóvenes universitarios, quienes tienen un nivel educativo mayor al general de la población y también mayor acceso a la información y capacidad de comprensión de la misma.

Sin embargo, junto con esto también es claro que existe un margen de libertad “cultural” dentro del cual se puede lograr un indudable efecto transformador (abundan los ejemplos). Es necesario que más allá de las abstracciones propias de la discusión teórica y de estos aspectos que parecen tan técnicos (estructura, agencia, condicionantes objetivas) le otorguemos más crédito a las personas que están rompiendo esquemas en su vida cotidiana y saliendo a protestar a las calles porque se sienten insatisfechos con el estado actual de las cosas. Las personas luchan por mayor libertad y se sienten libres de hacerlo, a pesar de las coacciones y determinantes objetivas, y qué bueno que sea así, que actuemos frente a aquellas disposiciones que nos parecen injustas y que nos oprimen. Creo que las motivaciones y las capacidades de movilización social están.


[1] Se debe aclarar que en la teoría social actual, ninguno de los dos extremos se encuentra refutado. Para una discusión de mayor alcance sobre este debate ver P. Bourdieu, M. Archer, O. Aguilar.

[2] Archer, M. (1988). Cultura y Teoría Social Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1997. P. 10.

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