Libertad y Democracia en Chile: sobre los alcances reales de la Sociedad Civil.

por ANDRES FIELBAUM, Presidente del Centro de Alumnos de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile.

Hace unos días se llevó a cabo en la Escuela de Ingeniería de la Chile un homenaje a Patricio Manzano. Manzano era un estudiante de segundo año de Ingeniería, militante del MIR, que en los Trabajos Voluntarios organizados por la FECh el año 1985 murió de un ataque cardíaco provocado por un ataque de Fuerzas Especiales.

Dentro de los discursos dados en el homenaje, fue especialmente interesante escuchar a Mache Manzano, quien participó en los mismos trabajos y fue una de las organizadoras de tal acto. En un momento de su discurso recordó que en los ’80 “Había que morderse la lágrima, había que ignorar la cara angustiada de nuestros padres viéndonos salir a horas extrañas, cargando panfletos, libros prohibidos, cajitas de fósforos con diminutos pergaminos en clave, piedras y otras cosas que un viejo pudor me hace callar, en un morral de lana decididamente sospechoso. Había que pololear sin grandes planes, pensar en que el futuro expiraba a los seis meses y pasar por alto cómo iba creciendo la lista de muertos por violencia política, asumiendo que podíamos ser el siguiente”.

Hoy día aquello claramente no ocurre. Hoy podemos salir a protestar, y salvo unas pocas y terribles excepciones, no nos matarán ni torturarán. Ciertamente tendremos que respirar toda la toxicidad de las bombas lacrimógenas, corremos el riesgo de por sólo manifestarnos irnos detenidos, pero de todos modos, existe un mundo de diferencia con lo que contaba Mache.

Esto nos puede hacer creer que hoy vivimos en una sociedad realmente libre, en una sociedad realmente democrática. Y hago la conexión entre los dos conceptos, porque van inevitablemente ligados: no tiene sentido hablar de libertad, si no tenemos la posibilidad, como colectivo de personas, de decidir nuestro propio futuro. Además de las libertades individuales (a las cuales no me referiré, pero sobre las que ciertamente se puede hacer un severo cuestionamiento sobre su alcance en Chile hoy), son fundamentales las libertades colectivas. Y en ese sentido, la democracia (entendida no como hacer una raya cada cuatro años, si no como que realmente el poder sobre las decisiones que afecten a muchos sean tomados por todos los actores sociales involucrados) es una condición necesaria para hablar de libertad.

Y en ese caso, la pregunta clave es ¿Somos hoy un país realmente democrático? Creo que la respuesta es definitivamente no, y que es algo que de a poco está empezando a indignar a la población. El mejor ejemplo de esto es Hidroaysén: ¿Por qué su aprobación ha causado tanto rechazo? Hemos visto marchas de 50.000 personas sólo en Santiago, y manifestaciones grandes en todo Chile. A principios de año se aprobó en Isla Riesco (también prístina y magallánica) una central a carbón, energía mucho más contaminante. Sin embargo, esta noticia pasó prácticamente desapercibida.

Una justificación fácil es la campaña “Patagonia Sin Represas”. Esta campaña ha contado con muchos recursos y ha venido desde hace un buen tiempo generando conciencia sobre el impacto de este megaproyecto. Sin embargo, Hidroaysén replicó con una campaña aún más fuerte, y no son las únicas consignas que han tenido una fuerte presencia mediática, y aún así el rechazo ciudadano a Hidroaysén es casi sin precedentes. Por otro lado, el descontento y la rabia ciudadana se desataron tras la aprobación del proyecto. Y aunque en general todos tendemos a tener más fuerza cuando se trabaja sobre hechos consumados, por el sentido de urgencia que adquieren los procesos, me parece que no es el único motivo. El factor clave en esta movilización social es el que se hace explícito de que en Chile el poder lo concentran muy pocas personas. Todas las encuestas y foros daban a entender que el país no quería quitarle la virginidad a la Patagonia, y sin embargo, se hizo.

Lo mismo ocurrió hace un par de años con la píldora del día después. Hacía un

buen tiempo que existía descontento porque ésta no se entregara, pero cuando 8 viejos del Tribunal Constitucional decidieron prohibirla, el descontento social estalló y hubo manifestaciones muy masivas: nuevamente unos pocos decidían un tema trascendental para todos, sin importarles su opinión.

En Chile ha existido hace muchos años la percepción, legitimada aunque no explicitada, de que se elige democráticamente a un dictador. En general ante cualquier decisión país, ministros y prensa emiten frases como “Yo opino X, pero el presidente tiene la última palabra” “El Presidente zanjó la discusión y decidió que haría Z”, etc. Es cierto, al presidente se lo vota (con todos los vicios que tiene nuestro sistema electoral), pero tras esto, él concentra muchísimo poder. Sin entrar en sospechar conflictos de intereses (que muchas veces existen, los políticos de la Concertación y de la Alianza en Chile tienen empresas de todo rubro, y en especial Piñera), resulta impresentable que porque Piñera piense que Hidroaysén es necesario para el país, éste se apruebe, sin discusión.

Por esto, para ser un país realmente democrático, y a fortiori más libre, es necesario crear y fortalecer mecanismos democráticos que permitan una real incidencia del pueblo en las decisiones del país: posibilidad de plebiscitar, reforzar y empoderar todo tipo de organizaciones sociales (Juntas de Vecinos, Centros de Estudiantes, Sindicatos, etc), permitiendo que puedan discutir sobre cualquier tema país que les parezca pertinente y no solamente sobre intereses gremiales, cambiar el sistema binominal y en general el sistema político para que sea realmente representativo, posibilidad de revocar al presidente, son solamente algunas medidas necesarias.

Necesario también es que no existan grandes grupos y fortunas económicas, porque todo lo anterior apunta a repartir el poder político, pero en Chile el poder económico lo tiene de hijo, o de lacayo. Entregarle las decisiones a la ciudadanía y distribuir las riquezas, son condiciones necesarias para que el poder no sea de unos pocos, sino de todos, y así realmente nuestras libertades colectivas existan.

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