Realización o la facultad de lograr un equilibrio entre realidad y ficción para alcanzar nuestros objetivos.

por INBAL LANDAUPeriodista, U. Diego Portales.

Aunque no estoy involucrada en el tema del tarot, hace un tiempo aprendí que mi arcano es el número ocho, relacionado al perfeccionismo. ¿Esoterismo asertivo o curiosa coincidencia?, quién sabe. Como perfeccionista puedo decir que, a diferencia de lo que creerán quienes cargan con un arcano diferente, más que una virtud es un defecto. Sin duda, en ocasiones puede llevarte a hacer algo excelente y reconocido por ser impecable hasta el último detalle y por representar tu esfuerzo y laboriosidad. Sin embargo, cuando las cosas –incluso resultando muy buenas- no salen a la perfección, se apodera de ti una prolongada sensación de que algo quedó inconcluso, un sentimiento que exagera los errores, que te hace malgastar tu tiempo en pensar “esto lo pude haber hecho de otra manera”.

Claramente estoy hablando desde mí en esta especie de catarsis y texto terapéutico, pero supongo que más de algún aspecto estaré compartiendo con otros que llevan el número ocho a cuestas. Como perfeccionista, te vives repitiendo que tienes que ser consecuente, que tus palabras deben ser consistentes, que tus acciones deben ser coherentes y estar llenas de significado. Y no hablo sólo de las grandes cosas como tener principios, que me parecen imprescindibles para que esta vida tenga sentido. Te exiges mucho, tal vez demasiado, casi como si alguien se dedicara a evaluar tus actos, cuando en realidad el único que lo hace eres tú, olvidando que perteneces a una sociedad de seres cambiantes, olvidando que cada día nos nutrimos o permeamos de cosas nuevas desde nuestro entorno y nuestros pares, olvidando que evolucionamos -o involucionamos a veces lamentablemente- según las circunstancias que nos toca vivir. Olvidando que todos nos equivocamos a veces (y que inevitablemente seguiremos equivocándonos).

Dicen que “lo perfecto es enemigo de lo bueno”. Precisamente por eso hace bastante que trato de combatir esta característica. El tiempo, sin duda, es el peor enemigo del perfeccionista porque las correcciones pueden ser infinitas. Si te detienes en cada detalle de lo que haces, es probable que no logres organizar tu escaso tiempo para llegar a tu objetivo. Además, el buque de la perfección está anclado por el inconformismo. Todo puede ser perfectible y mientras más vueltas le des a una idea, más modificaciones podrás hacerle.

La realización personal va mucho más allá de los logros académicos o laborales. Tiene que ver con aspectos tan importantes como las relaciones sociales y el armar una familia. Es un término que prácticamente puede abordar todos los elementos importantes de nuestras vidas evaluados en retrospectiva. Pero pienso que la palabra “realización” implica algo mucho más difícil que haber recorrido un camino y poder mirar atrás con satisfacción: vivir el momento aceptándonos como somos y a la vez intentando ser tan buenos como podamos en lo que sea que nos toque hacer.

Sigo con mi libre interpretación de este término que pasa por nuestras cabezas frecuentemente pero de forma fugaz, cuando pensamos en el éxito, en la felicidad y en el camino que nos lleve a ellos, siempre acelerados y sin detenernos a analizarlo. Hago una pausa y decido separar cada una de sus letras y unir sus fonemas de otro modo sólo con el afán de desprenderlo de su sentido obvio para darle un significado único y propio. Y pienso que si desmenuzo “r-e-a-l-i-z-a-c-i-ó-n” e intento digerir cada uno de sus componentes veo las palabras “real” e “izar”; con un poco más de imaginación veo además “realize” en inglés (darse cuenta). Entonces me digo que realizarse es levantar lo real por sobre lo demás, aspirar a ser verdaderos, a aterrizar pero en lo alto y al mismo tiempo tener un cable a tierra. Realizarse es querer ser mejores y hacer las cosas de mejor modo, pero también tomar conciencia y no olvidar nunca quiénes somos y de dónde venimos.

Creo que una actitud en extremo humana es ver cuán ridículo se hace un problema propio al enterarse de un problema ajeno. Y todos nos sorprendemos con ciertos testimonios que nos marcan, que nos hacen cuestionarnos nuestra propia concepción de dificultad. Me viene a la mente una historia de esas que me recuerdan que hay pequeñeces que es mejor pasar por alto para poder dedicarse a las cosas que realmente valen la pena. Hace un tiempo ya leí una entrevista hecha a la ex ministra del Medio Ambiente, Ana Lya Uriarte, quien confesaba públicamente por primera vez que se había embarazado a los 12 años y había tenido a su primer hijo a los 13. Contaba que, además de la carga emocional que implicó asumir su maternidad demasiado temprano, en ese Chile ultra conservador de la segunda mitad de los 70 perdió a sus amigos y que para poder cursar su enseñanza media en un nuevo colegio tuvo que guardar como un secreto bajo siete llaves el hecho de que era madre. Vivía en un contexto vulnerable y tuvo que trabajar y estudiar a la vez. La ex ministra dice que sólo gracias al apoyo de su mamá y de su abuela salió adelante. El día en que se graduó del colegio, orgullosa, les contó a todos que tenía un hijo pequeño. Luego estudió derecho en la Universidad de Chile y terminó ocupando uno de los cargos más altos de la administración de Michelle Bachelet.

Para mí, este es un gran ejemplo de realización, porque en ella cuenta tanto el camino recorrido como las metas logradas. Ana Lya Uriarte fue una niña que por un error debió asumir sus responsabilidades precozmente y enfrentar un golpe de realidad. Aún así mantuvo un objetivo claro y a medida que avanzaba el tiempo sus metas fueron creciendo, pero nunca permitió que su realidad se saliera de foco. Su vida no iba a ser perfecta, pero la iba a llevar de la mejor manera que pudiera, aspirando al máximo que podía aspirar: terminar el colegio y ser abogada. Tras leer su testimonio me pude imaginar cómo cada pequeño logro se transformaba entonces en alegría en medio de los sacrificios, pude percibir esas pequeñas realizaciones cotidianas que debe haber vivido mientras su hijo crecía y ella se iba abriendo camino. Seguramente cuando iba al colegio y se destacaba por sus notas no se imaginó que algún día sería ministra, y el mérito de que haya llegado a serlo, más allá de su trayectoria previa, radica en la demostración de que no permitir que los errores o deslices de la vida se conviertan en una condena finalmente depende de nosotros mismos. Desde los pequeños que nos hacen perder horas valiosas hasta los grandes que nos pueden hacer perder las mejores oportunidades.

Ana Lya Uriarte nadó contra la corriente, contra la sociedad juzgadora que le decía que no lo lograría. Es difícil salirse de las estructuras, de lo impuesto, de lo que parece ser la única ruta posible. Y creo que esto también puede extrapolarse a personas a las que no les toca sortear situaciones tan complejas. Es bueno inspirarse en otros y rescatar las buenas ideas, pero invariablemente las cosas toman un sentido diferente cuando forjas tu propio camino, cuando das rienda suelta a la imaginación, cuando te das la libertad de pensar en las cosas que quieres lograr y buscas la forma de hacerlas viables con convicción.

Creo que la mayor realización a la que se puede aspirar tiene mucho que ver –además del esfuerzo- con salirse de los márgenes, con dibujar fuera de las rayas, con buscar una ecuación alternativa, con acudir a soluciones creativas. Trazar una ruta singular en un mundo que constantemente nos dice que todo está hecho y que las vías están delineadas por quienes las recorrieron antes es el mejor regalo que podemos hacernos. Intentar ver un poco más allá que la realidad que estamos viviendo y abrir la mente frente a nuevas opciones -ya sea académicas, laborales o sociales- probablemente nos dé la oportunidad de ser más felices que haciendo “lo que tenemos que hacer” según fue establecido por la sociedad. A fin de cuentas eso es construirse a uno mismo: soñar y actuar desde el lugar en el mundo en el que estás parado, cualquiera que éste sea. Realizarse, en definitiva, tiene mucho que ver con alcanzar ese maravilloso equilibrio que se encuentra entre la realidad y la ficción.

 

El saludo de SUSY BARON y AGNES MANNHEIM, Past Presidenta y Presidenta de Federación WIZO Chile.

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Una respuesta a “Realización o la facultad de lograr un equilibrio entre realidad y ficción para alcanzar nuestros objetivos.

  1. De nuestra mayor consideración:

    El Directorio de la Federación WIZO de Chile se complace en hacerle llegar a Usted y por su gentil intermedio a los más de 100 ensayistas de la comunidad judía que participan en El Diario Judío, las más cálidas y sinceras felicitaciones con ocasión de la celebración de vuestro “Primer Aniversario”.

    Valoramos el compromiso y la dedicación demostrada en la difusión de temas atingentes a la sociedad chilena y judía de manera clara y abierta, y hacemos propicia esta oportunidad para expresarles nuestros mejores deseos de un futuro pleno de progreso y éxito.

    Con nuestro más afectuoso
    ¡ MAZAL TOV!

    SUSY BARON y AGNES MANNHEIM
    Past Presidenta y Presidenta
    Federación WIZO Chile

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