La falta de Representatividad de la sociedad civil producto de un sistema Educativo Deficiente.

por MAXIMILIANO GRASS, Est. de Ingeniería, U. Chile. Presidente de la Federación de Estudiantes Judíos.

Cuando alguien no sabe decir lo que piensa, no sabe lo que piensa. Así mismo, cuando alguien no puede decir lo que siente, no sabe lo que siente. Si no somos capaces de poner en palabras nuestras propias ideas y sentimientos, entonces se puede aseverar que no nos entienden ni conocen a cabalidad. De esto, se desprende la fundamental importancia que tiene el lenguaje en la capacidad de entablar comunicación entre distintas personas, y finalmente solo en algunos casos particulares, crear sólidos vínculos sociales a raíz del entendimiento humano.

La importancia de lo anterior se hace evidente si uno analiza su antítesis, la carencia de lenguaje, quizás no total, pero sí parcial. A esto no me refiero solo con la falta de un léxico completo, sino también con la carencia de cultura literaria, que permite y nos enseña a hacer comparaciones y metáforas para ayudarnos a explicar y comunicar mejor nuestra realidad a los demás. El desarrollo de este problema de pobreza de lenguaje es un fenómeno (o estrategia si uno es más suspicaz) fundamental en cuanto a la contribución que produce hacia la desintegración social, y en gran parte explica la crisis actual de representatividad que vivimos a nivel nacional. ¿Cuál es la causa de que esto haya ocurrido? La respuesta a esto es la educación, en particular, el deterioro sistemático y progresivo de la educación a través de las últimas cuatro décadas, y junto a esto, las enormes diferencias entre los distintos tipos de educación que se imparten en nuestro país.

Si hoy la gente no se siente representada es porque su capacidad de explicarse y hacer valer su voz se fue deteriorando de generación en generación. Esta capacidad se aprende durante los distintos años de educación tanto preescolar como escolar, y en ambas ha habido un descuido, desfinanciamiento, y franco abandono por parte del estado. Esto se ha visto reflejado en que los individuos se ven obligados a decidir a asociarse a la idea más parecida a lo que creían pensar o abstenerse, porque no son capaces de articular verbalmente sus diferencias y alcances en cuanto a las propuestas existentes ni mucho menos argumentar con claridad sus argumentos. La clase política, que se ha acostumbrado a esta realidad, ha dejado de tratar de entender lo que la gente quiere y necesita, porque a fin de cuentas, van a seguir siendo elegidos mientras no haya otra opción más cercana a la ambigua percepción que la gente tiene de lo que quiere. De esto, viene que la brecha entre las necesidades reales de la gente y las propuestas (o carencia de ellas) de los políticos haya crecido tan inmensamente, causando que hoy miles de personas salgan a la calle a reclamar porque el gobierno no los ha leído correctamente. Lo anterior, como era de esperarse, encontró a los parlamentarios y gobierno poco preparados y completamente sorprendidos.

A esta altura uno podría decir que, debido a la dinámica con que se han dado los últimos hechos, esto se va a tener que corregir culminando con una recuperación por parte de la ciudadanía del derecho a tener una educación de calidad. Esto conllevaría una reversión completa, con el paso del tiempo, del daño hecho a la capacidad de expresarse del grueso de la población, y por ende, una recuperación de la voz, volviendo a ser el complemento que le da sentido al voto. Llegaríamos así a una democracia verdaderamente representativa donde uno no permitiría que partidos tomen decisiones por la gente, si no que con la gente.

Sin embargo, hay quienes somos más pesimistas.  Hay quienes creemos que el daño que se ha hecho es tan profundo que llega a ser irreversible, y encontramos (ojalá porque los buscamos y no porque están) indicios que el daño ha penetrado tan profundamente en la sociedad que el mismo movimiento estudiantil que está exigiendo cosas tan legítimas, hoy se está desarticulando por la falta de un lenguaje que los permita entenderse, negociar, y llegar a acuerdos de forma tanto interna como externa.

De ser certera esta visión más gris de la realidad, la desintegración social pareciera ser irreversible, y estamos condenados a ser gobernados por unos pocos que tomarán decisiones entre cuatro paredes persecula seculorum. Ojalá sea tan solo la paranoia de unos pocos y no un mal presagio de lo que va a terminar ocurriendo.

Tomar conciencia de la importancia del desarrollo del lenguaje es el primer paso para aspirar a corregir la situación en la que nos encontramos, y reintegrar así la sociedad con sus actores principales. Si no podemos revertir esta situación, que al menos podamos entender por qué nos encontramos hoy donde estamos, y así concientizar a otros para que en los lugares donde esta situación aún no se ha dado, no llegue a ocurrir. El gobierno debe hacerse cargo de reparar las falencias que comprende nuestro sistema educativo, y entender que el “desarrollo” de nuestro país no está solo en represas ni empresas, sino también en aumentar el capital cultural, social y humano de toda la población, y no solo de la elite que puede pagarla.

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