sociedad

El camino de la Destrucción como el verdadero Progreso hacia la simpleza y el tener menos para el alcance de la Felicidad.

Por GABRIEL MINOND, Est. Medicina, U. de Chile.

Creemos que el ser humano es más perfecto que otros organismos existentes en el planeta. Creemos que por ser más complejos, somos mucho mejores, pero yo creo que es falso. Todos los seres vivos tienen como tarea vivir y existir (pues son seres vivos), aquel ser que se le hace más fácil vivir entonces es mejor, funciona mejor. Por tanto, mientras más repletos de cualidades nosotros, más roces tenemos con nuestro entorno, llevando más dificultades disfrazadas de facilidades, en otras palabras, se nos hace más difícil vivir que a una planta. Para prolongar más nuestra existencia, generamos colchones para disminuir esos roces, pero para llegar a construir un colchón tuvimos que pasar por un desarrollo muy largo perdiendo la finalidad de simplificar, llenando nuestras vidas de más complejidades.

Nosotros, seres humanos de la sociedad actual, como motor de progreso utilizamos la creación. Asociamos el crear algo nuevo con el progreso mismo, buscando crear nuevos productos, sistemas, teorías, artes o tecnologías. El progreso en sí es un concepto que no dice nada más que avanzar. Pero estos grandes “progresistas” no se preguntan tal vez cual es realmente la meta, por lo que tienden a decir: “Estamos muy bien encaminados, tenemos una sociedad en progreso”, “mientras más tengamos, más en progreso estamos” pero, ¿Bien encaminados para qué?, ¿Por qué no asociamos a “progreso” el eliminar contra crear?

Generalmente se utilizan ciertos conceptos cuando hablamos de progreso, y éstos a su vez se interrelacionan formando distintos significados. Acción y reacción, creación y destrucción. Pero no cuestionamos antes de hacer dicha acción creadora, sobre cual es la reacción de la creación, y estamos ciegos, por la categoría negativa que le atribuimos al concepto Destrucción, ante las posibilidades positivas de reacción de la destrucción.

Destruir es un concepto al que le atribuimos cierta distancia o negatividad producto de que aquello que existe y es destruido, creemos que deja de existir. Esto si bien es cierto en algún grado, también es falso a la vez. Verdadero porque si destruimos algo, deja de existir como lo solemos ver. Falso porque aquello que se destruyó, si bien ya es de la misma forma, ha cambiado, mutando en forma hacia otra cosa que de pronto no tiene poder físico o material pero si simbólico u esencial. La materia no se destruye, solo se transforma.

Siempre lamentamos la destrucción del templo. Si bien tuvo consecuencias negativas por el sufrimiento en sí, puede que la historia hubiese sido mucho más cruenta si no hubiese sucedido. El pueblo siguió existiendo y todavía más unido debido a las desgracias sucedidas. Luego de toda destrucción, hay unión de los grupos involucrados, como en el caso del Terremoto en Chile o los tiempos de postguerra. Esta destrucción a fin de cuentas es el motor del progreso, no por el camino que seguíamos antes del suceso, sino por un camino alternativo adoptado coyunturalmente, mucho más cohesionado que el anterior.

Considerando lo poco “evolucionados” que somos, me pregunto si la única forma para que en Chile no nos dividamos constantemente en partidos e ideologías con intereses políticos de grupos específicos, y estemos todos tras un proyecto único de sociedad para todos, es sufrir una guerra internacional en la que sea necesario dejar de lado los colores e intereses para colaborar juntos como sociedad.

Tenemos que empezar a pensar de una forma distinta, en la que el progreso no sea basado en conseguir más cosas sin pensar en la reacción de esta creación. Si bien se creó la televisión en masa lo cual significó muchos aspectos positivos en mayor acceso a la información y un nuevo espacio de unión familiar, terminó siendo un exceso de mala información, baja educación, desinformación, propaganda y desintegración familiar. Si no se hubiese creado la televisión estaríamos más desconectados pero no creo que menos felices, y ¿finalmente no es eso lo más importante?

Necesitamos cohesión cultural. Hay que empezar a destruir con argumentos positivos. Tenemos como humanos el potencial de desarrollarnos en todas las áreas y bajo todos los caminos. Elegimos uno que funcionó con muchos problemas porque nos fundamos en crear y en llenar de cosas el mundo, sin pensar en la consecuencia de estas “creaciones”. Si dejáramos todos de querer tener tanto y buscáramos ser más simples, dejaría también de haber gente que tuviera más y gente que tuviera menos, y quizás nos comenzaríamos a preocupar de cosas mucho más importantes, realmente importantes. Creo que sería bueno de pronto destruir algunos sistemas, destruir creencias, destruir barreras, destruir palabras del diccionario para así tender a una meta mucho más realista que el progreso infinito; este sería el progreso a la simpleza, mientras más simples somos, mejor.

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