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La pérdida de la Libertad de Enseñanza en un Sistema Educativo irresponsable sumido en la lógica del Lucro.

por JEREMY LEVY, Est. de Derecho, U. de Chile.

No puedo quedar indiferente al estallido social que ha vivido nuestra sociedad civil en este último año, y en particular al movimiento estudiantil que reivindica la educación de calidad. La degradación del sistema universitario tiene su origen hace décadas, identificando distintas fuerzas detrás de este conflicto, descansando las soluciones en una nueva refundación del sistema educativo actual.

La Reforma Universitaria que realizó el gobierno militar a inicios de los 80, al igual que todas las otras reformas estructurales que realizó -a nivel financiero, salud, previsión, etc.- tuvo como principal eje articulador la entrega de amplias cuotas de poder y libertad a los particulares para que administraran, con la subsecuente posibilidad de obtener lucro, actividades de carácter social que tradicionalmente había realizado el Estado. Desde entonces se han creado más de 30 instituciones de educación superior privadas en Chile. Hasta aquí nada nuevo, pero cabe preguntarse si a 30 años de esta reforma, ese espacio de libertad que se entregó desde el Estado a los privados ha sido bien ejercido, generando los resultados educativos que todos deseamos.

La respuesta parte por comprender lo que implica detentar tal libertad, además de la significancia del objeto específico sobre el que se tiene tal libertad: la educación. En cuanto a sus efectos, la libertad es divisible en dos: una que se ejerce con efectos principalmente personales y solo indirectamente tiene consecuencias sociales, como por ejemplo fumarse un cigarrillo y otra que tiene efectos mayoritariamente sociales y solo tangencialmente genera resultados individuales. La primera podríamos denominarla como “libertad moral”, en el sentido de que esas decisiones son evaluadas bajo un criterio de evaluación interno, que no requiere ser publicitado, y la segunda la podríamos llamar “libertad social”, que dada la definición, es juzgada en su desempeño por la comunidad entera. Esta libertad social requiere también de un estándar de corrección mayor, por tener sus elecciones y manejar un radio de expansión mucho mayor en sus consecuencias.

Con respecto a la educación y su significancia, no cabe más que entenderla como uno de los factores de mayor –sino el de más– importancia en la vida de cualquier ser humano. Teniendo como rasgo esencial de todo ser humano su capacidad de razonamiento, de habla y de libre elección, la educación se inserta como herramienta de desarrollo de estos tres elementos; la capacidad de razonar a través del desarrollo mental-cognitivo, la interacción con otros seres humanos por medio del habla y la libre elección con el aprendizaje de oficios y virtudes éticas y cívicas. Sin embargo, la reforma educacional de 1981 puso tanto a nivel escolar como universitario un elemento distractor y deformador del propósito central que la educación y la instrucción tiene: el lucro. Este si bien ha servido como incentivo para ampliar la oferta de universidades en el país, persiste como un elemento negativo que se interpone entre el administrador de la instancia educativa y el estudiante, como un cristal opaco y borroso que distorsiona e intercambia lo principal con lo secundario, lo relevante con lo accesorio. Lo relevante: el objeto de la educación, como lo consigna la Constitución Política al asegurar el derecho a la educación, el pleno desarrollo de la persona en las distintas etapas de su vida. Lo secundario: la obtención de ganancias posibilitada por una triquiñuela inmobiliaria.

En la Torah encontramos una situación cercana a este tema. Antes de entrar a la tierra de Israel, la Torah nos relata acerca de las tribus de Gad y Ruben, que tenían gran cantidad de ganado y que en vista de esa circunstancia le solicitan a Moshe quedarse al otro lado del Jordán, fuera de la tierra de Israel, en terrenos del reino de Sijon y de Og, que eran más aptos para su ganado. Lo que llama la atención es uno de los pasukim  de la petición por las tierras en que los jefes de las tribus dicen: Entonces ellos se acercaron a él y le dijeron: Edificaremos aquí corrales para nuestro ganado y ciudades para nuestros hijos, (Números 32:16). Moshe en su respuesta afirmativa al deseo de estas dos tribus dice la misma frase, pero con un cambio de orden, Moshe replica: Edificaos pues ciudades para vuestras familias y corrales para vuestros rebaños (Números 32:24). Las tribus de Gad y de Ruben al formular su intención de esa forma, demuestran una concepción de los valores que perdió el foco, haciendo de lo secundario algo principal, privilegiando el lugar de pastoreo para sus ganados por sobre el futuro espiritual y material de sus hijos (algo que efectivamente se concretó, siendo estas tribus las primeras en ser exiliadas además de caer en prácticas idolátricas). Moshe, líder sabio como ninguno en Israel, pone las cosas nuevamente en perspectiva: lo primero son las ciudades para las familias, su instrucción en la Ley, su perfeccionamiento espiritual, el mundo de las ideas, el potencial por descubrir, lo humano y su preponderancia por sobre lo demás.

A juzgar por lo hecho durante las últimas tres décadas en relación a la educación superior del país, encontramos un sistema que dio un gran impulso inicial para la formación de profesionales, pero que en algún momento perdió el rumbo en su misión, el foco de cuál era la responsabilidad que le cabía, del por qué se había entregado esa libertad en sus manos. Fuimos testigos del devenir de una libertad que se debía manipular como un poder-deber, aunque lamentablemente nunca se planteo así, hacia una poder-hacer, en el que el hacer era infinitamente relativo, salvaje e individualista. Nunca se entendió que el crear y mantener una Universidad supone una actividad en la que se actúa con una libertad social como la que describimos más arriba. La libertad degeneró en libertinaje, se insertó en una lógica de mercado que se volvió inmanejable para las autoridades que deberían haber perseguido el aumento en la calidad a través de la transparencia, exigencias y regulación. El lucro, en desmedida proporción, abrumó y cegó al igual que a las tribus, terminando por tergiversar las prioridades que guían a las instituciones.

Los resultados están a la vista: tenemos un sistema que despreció y descuidó a la educación técnico profesional, manteniendo una brecha entre salarios de universitarios y no universitarios que es de las más grandes del mundo, con un sistema de crédito y aranceles asfixiantes, produciendo un sistema de acreditación pobrísimo en sus exigencias, poco vinculante y con graves conflictos de interés por parte de las agencias acreditadoras, que niega información básica de las carreras a los postulantes, como la empleabilidad y sueldos de los egresados.

El desafío es a enderezar el sistema en pro de la calidad, y sin lugar a dudas la consecución de ese desafío pasa por domesticar el libertinaje de la enseñanza, con exigencias que impidan poner los ojos en un lucro cortoplacista y lo conduzcan a lo que realmente importa: darle al país, a toda su gente, Universidades de calidad que se constituyan como polos de desarrollo, conocimiento y prosperidad para todos.

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3 comentarios

  1. Muy bueno yuyu! Pero me permito hacer algunas preguntas, para carbonear un poquito. =)

    Desde mi más-grande-imposible ignorancia, tengo una interrogante: Según esta línea de pensamiento, ¿no tendría el lucro un efecto similar (o aún más grave) en el mercado de la Salud, o de la alimentación, etc…? (porque claramente así como se pueden dar mil razones por las que la educación es LO MÁS importante, también se podrán dar mil razones de por qué la salud es LO MÁS importante). Y ¿no es en este sentido la concepción «Fin al Lucro» (extrapoladamente) un regreso, a lo menos histórico, a un modelo socialista?

    Me parecería que en vez de ponerle fin al lucro y otogarle al Estado el control de la Universidad, deberíamos luchar por disminuir el Efecto (externalidad) Negativo derivado del lucro (el que especifica este artículo, y que es desde luego uno de los tantos efectos de lucro, incluyendo también varios positivos), velando, por ejemplo, por un mejoramiento del sistema de fiscalización educacional.

    Y en cuanto al costo, ¿es correcta la implicancia que más o menos explícitamente tendemos a hacer entre Educación que Lucra y Educación Cara? ¿Es cierto que Lucro –> Caro? A primera vista se diría que sí, pero rápidamente resulta ser una implicancia a lo menos MUY debatible.

    Por tanto me parece que habrán quienes (dentro de los cuales creo que me incluyo, por lo menos hsata que me persuadan de lo contrario) con razón argumentarán a favor de la continuidad del Lucro en la Educación, y sin embargo lucharán con el mismo fin de «mejor éducación para todos», pero poniendo énfasis a otros medios.

    Ahora bien, me dirán que en ese caso estoy olvidándome de otro punto: la supuesta inmoralidad inherente al Lucro. Osea, algo asi como «no importa, ¡la educación no puede lucrar, está claramente mal!¡Cómo no te das cuenta Benji Price!». Y no sé… personalemnte no sé exactamente de qué postura moral universalista se podría derivar eso. Y en todo caso volveríamos al principio: ¿qué pasa con la Salud y la Alimentación? Y por qué no decir la medicina.

    Y así podemos seguir infinitamente: Por ejemplo, si me dijeran «Bueno… da lo mismo si es inmoral, ¡es definitivamente ilegal!». Pero si ya estamos inmersos en el DiarioJudio.com, una instancia más bien contemplativa, podemos traer a colación el concepto que la ley debe derivarse de lo que nos parece previamente moral y no viceversa. Y de nuevo habrán quienes discutan…
    bueno, por algo es el diario Judio. =)

  2. Benji, efectivamente el fenomeno tambien es replicable en Salud. Para aclarar el punto, el articulo no propone la abolición del lucro, solo trata de dar luces sobre efectos negativos de este en un contexto de absoluta desregulación. Incluso llego a comulgar de cierta forma con tu idea de mejorar la fiscalización en el ultimo parrafo de la columna. Con respecto a una vuelta al socialismo, la eliminación del lucro no es una vuelta al socialismo, ya que perfectamente se puede permitir que fundaciones privadas sin fines de lucro mantengan universidades, lo que resguarda plenamente la libertad de enseñanza que se supondria alterada en un modelo socialista al que tu aludes.

    Con respecto al costo, creo que la implicancia entre caro y lucro se sustenta por si sola, no requiere mayor análisis.

    La inmoralidad del lucro no es inherente, en eso estoy de acuerdo contigo. Pero si es contingente a la desregulación que vive el sistema universitario, en la que efectivamente queda entregado a la conciencia de cada cual el como administrar y cobrar por la educación que se entrega, lo que abre la puerta a la inmoralidad de cada cual.

    Si nosotros fueramos dueños de una universidad seriamos morales Benji! (Abramos una?) pero lamentablemente no se puede decir eso de todos.

    Un Abrazo

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