Pedir perdón: el camino de ser perdonados y perdonar sinceramente para convertirnos en mejores personas.

por ALBERTO DUEÑAS, Est. Ingeniería Comercial, U. Adolfo Ibáñez.

Pedir perdón. Probablemente uno de los actos o gestos que más complican y humillan a las personas. Muy probablemente sea por lo mismo que pocas veces disculpamos o recibimos un perdón. En estos días en que estamos ad portas de recibir al Yom Kippur, esta palabra toma más fuerza, incluso podríamos decir que se pone de moda, sin embargo, ¿es necesario esperar esta fecha para ponerle énfasis a este concepto?

Pedir perdón avergüenza a las personas porque denota una carencia moral propia, es decir, es el acto de reconocer una falencia. Pareciera que le tenemos miedo a equivocarnos y aún más a reconocerlo. Estamos expuestos durante todo el año y en cada minuto de cada día, al hecho de cometer errores y que además afecten a terceros, ergo, durante el año debiésemos tener cientos y miles de instancias y oportunidades para pedir perdón, sin embargo en la mayoría de los casos no lo hacemos.

Recalco la palabra oportunidad. Sí, el pedir perdón es una oportunidad y no un castigo o un momento de sumisión mezclado con humillación como muchos piensan. Si es una oportunidad, lo lógico sería aprovechar cada una de ellas y exprimirlas al máximo para de esta forma fortalecernos. Pero paradójicamente, nos creemos fuertes e invulnerables cuando pasamos por encima del otro. Cuando sabemos que dañamos a un tercero pero somos tan superiores que no nos detenemos a pedir disculpas, seguimos en nuestra senda triunfal. De esta forma, nos sentimos seres con mayor seguridad. Pero, ¿es realmente más seguro de sí mismo el comportamiento frío y cruel? Claramente, es una seguridad que solo dennota debilidad.

Quien tiene la capacidad de reconocer su error y luego tener las agallas para ir un paso más allá y pedir perdón, es quien realmente está seguro de sí mismo. Es quien no teme. Es quien tiene una visión acertada de sí mismo y de su entorno. Es quien debe enorgullecerse. Quien se equivoca no ha fracasado, pero el que sí lo hace y no aprende (pidiendo perdón es una de las mejores formas) sí fracasó. Ése es el inseguro y no el otro, al revés de lo que solemos pensar.

Sin embargo, eso no es todo. No basta sólo con mencionar la palabra perdón. La disculpa debe ser sincera y con sentimiento. No bastan los perdones que se piden “por si acaso te hice algo malo o te ofendí y no lo recuerdo”, esas son disculpas cínicas, el perdón para ahorrarnos un problema mayor. Esa disculpa no vale nada, no solo no aceptamos nuestro error, sino que además le añadimos cinismo y manipulación a la situación, siendo aun más nefasta y reprochable esta acción.

Para pedir perdón tenemos que estar seguros de qué error cometimos, a quién se lo hicimos y cuándo pasó. Es la única forma de poder hacerlo con sentimiento real de culpa y autocrítica, de querer arreglar las cosas y de aceptar nuestra falencia, lo cual finalmente nos hace mejores personas, lo cual por lógica simple nos lleva a la conclusión de que inversamente, si no lo hacemos del modo recién mencionado, vamos en camino a ser peores personas. Los Sabios aplauden a quien es “Maavir al Midotav”, es decir quien sabe sobreponerse a las emociones.

Por lo tanto, no es necesario esperar a esta fecha del año para pedir perdón, tenemos todo el año para hacerlo. Si no lo hicimos, Yom Kippur es una buena instancia para al menos sanearnos, es la última oportunidad. Pero lo ideal sería llegar a esta fecha sin un ultimátum. Lo perfecto sería estar en esta fecha con el alma y espíritu tranquilos, sin situaciones pendientes, perdonados por los demás y habiendo perdonado.

La Torá dice “Todo aquel que perdona a los que le causan dolor, será perdonado por todos sus pecados.”. El saber perdonar puede ser aún mas doloroso y difícil de realizar que pedir perdón. Y es por eso que es trascendental que quien pida perdón lo haga de corazón, con sentimiento real.

En estos días que tanto nos conmueven a nosotros los judíos, espero que nos unamos más que nunca como pueblo, pero que a la vez tratemos y recordemos que “el perdón” no tiene por qué ser un tópico exclusivo de esta fecha, sino que es algo que podemos y debemos realizar constantemente. Eso es lo que nos hará genuinamente mejores personas.

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