El Cairo, la fascinante y decadente capital de Egipto.

por NICO RIETHMÜLLER, Lic. En Sociología, U. de Chile. MA en Resolución de Conflictos y Mediación, U. de Tel Aviv. Director El Diario Judío. Pahil FEJ.

 

La economía de El Cairo está viviendo uno de sus momentos más complicados, y se puede ver perfectamente en la calle en el ambiente de desocupación y desempleo, y la insistencia de toda persona que acosa al turista buscando ofrecerte cualquier estupidez, desesperados por concretar un negocio, y algunos muy miserables. Desde el mismo paso fronterizo para entrar a Taba, el comienzo del Sinai, está todo desorganizado. Yo estaba caminando como por cualquier otro aeropuerto del mundo, siguiendo la sucesión del camino, y si no hubiera atinado, podría hacer cruzado todo policía internacional y salir del control sin haber pasado por ningún timbre o control de entrada ni nada.

Desde el primer egipcio, todo acá es welcome to egypt. Después de un viaje en bus de 8 horas por el desierto, finalmente llegamos a la estación de buses de El Cairo. Los primeros taxistas fueron de otro nivel. Piques que costaban 15 o 20 egyptian pounds (1 dolar=6 ep), nos pedían 300 ep, otro 100 us, precios ridículos. Nosotros preguntábamos primero los precios a la policía turística, y ahí aplicábamos todo el tiempo un taller de negociación constante, y finalmente lográbamos siempre el precio que queríamos, pero era un largo y desagradable camino de evitar que te roben en todo. Pero junto a esta experiencia, también está la de todas las personas con las que se hace contacto visual, que luego te saludan con un welcome to egypt y la más coqueta sonrisa.

En El Cairo nos quedamos en un hostel cerca de la plaza Tahir, el principal lugar de concentraciones multitudinarias del pueblo egipcio desde la primera vez que estalló la revolución para derrocar a Mubarak. Hasta el día de hoy, siguen dándose concentraciones de gente, manifestaciones y actos, reuniones de un pueblo que está cansado de los abusos de poder y los dictadores.

El centro de la capital está lleno de gente, principalmente hombres, bien vestidos, apretados en pantalón, camisa o polera, todos caminando entre amigos bien tomaditos del brazo, aunque incluso algunos van de la mano. Y todos estos morenos y morenazos, cara de árabes, al verme pasar en medio de la calle, quedaban fascinados y sacaba lo más coqueto y seductor que había en ellos. Los más osados incluso me hacían un cariñito por la espalda. Welcome to Egypt! Lo mejor es que van todos por las calles del centro que están atestadas de comercio ambulante, y principalmente todo es ropa de hombres. La sociedad árabe no fue hecha para las mujeres… la vanidad es aquí un concepto tanto o más propio del hombre que de la mujer. Las mujeres también se ven, en grupo o parejas, y cuando me ven pasar se sonrojan o se tapan la boca, incluso la más coqueta y atrevida también alzó su welcome to egypt.

A pocos minutos de El Cairo está el histórico valle de Gizeh, donde están las pirámides principales. Uno puede arrendar un camello (carísimo) y salir horas a pasear alrededor de estas tres gigantes y la pequeña esfinge. También arrendamos una van y salimos a recorrer otras pirámides más antiguas y típicas: la de escalones, la que tiene dos ángulos diferentes en sus diagonales, a Memphis antigua capital del Imperio, etc. Todo esto mientras pasábamos por pequeños poblados rurales, donde la mayoría vestía de togas largas y el occidentalismo se iba escondiendo bajo lo árabe y lo africano. No hay palabras para compartir el asombro al ver algo tan ancestral y lleno de sabiduría como las pirámides, ni tampoco para explicar el asqueroso y putrefacto olor que habita en su interior.

A un costado de la plaza Tahir se sitúa el museo del El Cairo, saqueado en la revolución. Impresionante todo lo que tienen, la cantidad de estatuas, sarcófagos, utensilios, estatuas enormes, un salón principal realmente espectacular. Nada que envidiarle al Louvre o al Británico, salvo la infraestructura claro. También está la sala de Tutankamón, famoso por su busto de oro y lapislázuli, dorado perfecto en un estado realmente delicioso para cualquiera, y junto a él todos los elementos que se encontraron en su tumba, todo de oro y piedra, todo deliciosamente perfecto. Y para hacerlo mejor aún, además hay dos salas de momias, y acá la cosa se pone realmente heavy. Ahí están, todos esos grandes faraones en unos cuerpos pequeños, huesudos, conservados perfectamente, tétricos, con pelo y uñas, envueltos en unas telas de hace más de 5.000 años. Es una mezcla entre perpetuación y un asco enorme. Algunas tienen piedras blancas y negras para simular sus ojos, como si esos cadáveres pudieran de verdad clavarnos su mirada. En un momento me quedé solo en la sala de las momias de reinas y príncipes, solo en esa exhibición de la muerte. Rarísimo.

A la salida del museo está el edificio del Partido Democrático de Mubarak, que de democrático no tenía mucho, incendiado entero durante la revolución de febrero de 2011. Un enorme edificio incendiado completamente y dejado como símbolo de lo que pasó, y para que nunca vuelva a pasar. Nunca más el poder perpetuado en el líder, nunca más el pueblo sin elegir a sus líderes. Y ahora el pueblo egipcio votó por primera vez en toda su historia, iniciando una democracia incipiente donde los nuevos líderes, esta vez representantes de la hermandad musulmana, continúan perpetuando las mismas aspiraciones de control y dominio absoluto y dictatorial, defraudando a todo el pueblo. Lo cierto es que pese a lo que yo pensaba de que con la hermandad musulmana el país se iba a poner más estricto, muchas personas sienten que ahora la cosa social anda más relajada. Por otro lado, las relaciones con Israel están muy tensas, en un tratado de paz que se sostiene solo a nivel de sus líderes que lo firmaron y ya no están vivos para continuar sosteniéndolo. El clima de incertidumbre y descontento es total.

En El Cairo todo es ruido, bocinas, lleno de gente, en las tardes medio colapsado, todos salen a caminar cuando baja el sol, todos agarraditos del brazo. Entre el ruido, salir a comer es una obligación. Probamos inmediatamente el plato más recomendado de la gastronomía egipcia, koshary: fideos chicos, tallarines, garbanzos y lentejas, todo con salsa de tomate y un poco de cebolla frita al borde de estar rostizada. Finalmente, el extremadamente básico plato termina siendo algo bien sabroso que se come regularmente, acompañado de salsas de ajo y ají. También comí los mejores dulces árabes, de todos tipos y frituras, hermosos y deliciosos. También fui feliz comiéndome unas pizzas gigantes con carne, pero con pedazos de shwarma en la pizza, y pizza egipcia, donde el relleno, también de carne, la envuelven en una masita delgada, y de ahí de nuevo la masa de la pizza llena de queso, delicioso.

Caminar por El Cairo es como estar en Buenos Aires, lleno de calles de edificios finísimos y hermosos, completamente europeos, pero de 200 años atrás, todo cayéndose a pedazos, los ascensores dan miedo. Se nota que hay un poder del pasado francés y especialmente británico, pero el tiempo pasó y el espacio se detuvo. La decadencia urbana se plasma no solo en sus edificios, sino en la democracia, en sus líderes, en su economía y lamentablemente, en el ánimo de las personas.

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