El caos espiritual de Bangkok: Budas de oro, monjes, picante, ruido y pobreza.

por NICOLAS BEHAR, Constructor Civil, PU: Católica.

 

Cinco amigos viajando por el sudeste asiático y con Indonesia ya tachado en la lista, nuestro próximo destino fue Bangkok, capital de Tailandia, una ciudad tan exótica como desconocida. Con las expectativas por las nubes y las referencias de muchos amigos que pasaron por ahí, llegamos al aeropuerto y nos encontramos con una modernidad y un orden sorprendente e inesperado, que contrasta con la locura y el estrés que está detrás de los ventanales de cristal.

Camino a la ciudad, nos sorprende una repentina detención del auto y los gritos del chofer que nos obliga a cambiar de taxi al medio de la autopista, con autos pasando a 120 km/hr a un metro de nosotros (ahora sí estábamos en Bangkok). Después de  una hora de vueltas y tráfico de todo tipo, llegamos a Kao San Road, epicentro turístico de la capital. El paisaje se convirtió en una frenética calle con neones y miles de personas caminando, comprando, comiendo y tomando como si el mundo se acabara al día siguiente.

La capital Tailandesa es igual a un pad thai (plato típico que se vende en todas las esquinas), una mezcla de sabores, colores y olores. Tierra de antiguos y nuevos templos y enormes estatuas de Budha que sorprenden por su detalle y grandeza, combinado con cientos de miles de motos, tuc tucs (mini taxis), monjes budistas, turistas, tiendas ambulantes, carritos de comida y luces por todos lados: un caos en armonía, la constante lucha entre la basura y la pobreza de la ciudad contra la belleza de su templos.

Tailandia, siendo el único país del sudeste asiático que nunca pudo ser colonizado por potencias europeas, mantiene su identidad, patriotismo y respeto al rey con mucho orgullo. Esto lo notas en cientos de banderas y las imágenes del rey y su familia que vez por todas partes.

En un país donde más del 90% de la población practica el budismo; la religión y los monjes se vuelven parte fundamental en las tradiciones y creencias Thai. Esto se observa en el día a día en la forma que se agradece, haciendo una reverencia con las manos juntas, en el gesto de entrar descalzo en la casa o local de alguien y en el respeto a los monjes que les abren el paso al caminar por las calles.

El Gran Palacio Real, siendo el atractivo más grande de la ciudad, no es un gran palacio si no que se presenta como una ciudadela de decenas de palacios de todos los tamaños, entre los que caminan miles de turistas disfrutando de los millones de detalles que tiene cada uno. Lo más impresionante es que no hay mucho espacio entre uno y otro, y siguen construyendo más año a año, muy consecuentes al estilo sobre-sobrecargado de decoración que tiene el país.

Siendo una ciudad de contrastes, por la mañana puedes comprar artesanías en el floating market o estar con tigres de 200 kg semi drogados para que no te ataquen, y por la noche estar en un antro de mala muerte viendo como una joven thai tira pelotas de ping pong (sin ocupar las manos) a una pecera a 2 metros de distancia con una precisión perfecta.

No a todo el mundo le puede gustar, pero sí todos tienen la inquietud de probar los sabores típicos de sus templos, el picante de sus noches y la identidad del budismo de este Gran Pad Thai llamado Bangkok.

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