El egoísmo humano, premisa de todos nuestros sistemas sociales imperantes.

por ANDRES ABELIUK, Ingeniero Civil, U. de Chile.

 

Toda persona racional siempre actuará de acuerdo a sus propios intereses. Una teoría tan vieja como el hombre, Tucídides lo notó ya en el 400 A.C y Maquiavelo lo describió en el siglo 16. Un contra-ejemplo que se viene a la mente, vendría siendo la existencia de personas altruistas, ¿pero lo son realmente?

Un acto percibido como desinteresado tiene que tener una razón de ser, ya sea que le provoca placer ayudar a otros, buen karma, la promesa del paraíso, etc. No todo beneficio que busca el hombre debe ser necesariamente monetario, pero sí pareciera ser que somos animales intrínsecamente egoístas. Este hecho determina nuestros actos y relaciones sociales en todo contexto. Incluso del amor no se escapa, parafraseando a un rabino, querer a alguien es la capacidad de extender el yo para incorporar al otro, de tal manera que podemos seguir actuando egoístamente.

El egoísmo humano es la premisa de la cual la mayoría de los modelos económicos descansa. En particular, la “Teoría de juegos”, concepto desarrollado por John von Neumann (no por John Nash para los fanáticos de Rusell Crowe). Teoría de juegos es el estudio de la cooperación versus la competencia en la toma de decisiones interdependientes entre agentes racionales. Donde los agentes pueden ser individuos, grupos, corporaciones o cualquier combinación de ellas. La teoría de juegos provee un lenguaje formal que permite formular, analizar y entender escenarios estratégicos.

El dilema del prisionero es el ejemplo más típico de teoría de juegos. Supongamos que detienen a dos personas por delitos menores que les costarían a cada una dos años de cárcel. La policía sabe que han cometido uno peor, pero necesitan pruebas, por ejemplo una declaración de uno de los dos. Si ambos delatan al otro por el delito mayor irán seis años a la cárcel. Si uno delata y el otro no, el delator irá un año por colaborar y el otro irá diez años por el delito. Teniendo en cuenta que los prisioneros no pueden comunicarse entre ellos ¿qué harán?

No sabemos qué hará el otro por lo que el mejor de los casos es delatar al otro independientemente de lo que haga, ya que en ambas situaciones se minimizan los años de pena esperados en la cárcel. Lo racional sería pensar que si el otro nos delata iremos seis años en vez de diez y si no nos delata iremos uno en vez de dos. Dado que el otro es igual de racional que nosotros, lo más probable es que llegue a la misma decisión.

Al final lo que acaba pasando es que ambos acaban perdiendo seis años entre rejas, mientras que si hubieran cooperado hubieran sido sólo dos. La situación alcanzada es un equilibrio, porque ambas partes no pueden cambiar sin empeorar.

Estos tipos de juegos están presentes en muchas de nuestras decisiones diarias, por ejemplo el recorrido que decidimos tomar para ir al trabajo. Si todos eligen la carretera (suponiendo que es la vía más rápida) esta se congestiona, siendo una mala decisión global.

Lo que se desprende de estos ejemplos, es que hay veces que el resultado alcanzado por los agentes no es el mejor alcanzable, en el sentido que todos podrían haber obtenido un mejor resultado. Para esto es necesario de un tercero que pueda intervenir, por ejemplo poniendo impuestos en las carreteras para contra incentivar el uso de ellas y así disminuir el tráfico.

Extrapolando este argumento, es como los filósofos Hume y Hobbes defienden la idea de un estado liberal; conforme que la gente sea racional, no cooperarán para proveerse a sí mismas con bienes públicos, particularmente bienes públicos básicos de orden social. Por lo tanto sería necesario un estado.

Por otro lado, Taylor demuestra matemáticamente que si el dilema del prisionero se juega iterativamente muchas veces, se converge a un punto de cooperación. Es decir, al jugar reiteradamente los agentes incorporan el conocimiento previo y finalmente aprenden a cooperar. Notar que siguen siendo agentes egoístas, simplemente aprenden que cooperar es la mejor opción a largo plazo, pues desviarse es la peor opción a futuro. El problema de este enfoque es que el aprendizaje puede ser muy lento, lo cual lo hace impracticable en la realidad debido al alto costo que acarrearía.

La tesis de Taylor nos da un futuro optimista de una sociedad que aprende a cooperar a pesar de la diversidad de intereses y del egoísmo. En resumen, ser un poco más desinteresados es la mejor forma de ser egoístas.

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