Ni ricos sin pobres, ni Europa sin Haití. El engaño, dependencia y robo de Latinoamérica.

por GABRIEL CARVALLO, Boguer Shnat Hashomer Hatzair 2013.

 

Siempre he soñado con vivir en el paraíso, me imagino un lugar de armonía y felicidad en que el hombre se logre desarrollar realmente en conjunto a su sociedad. En esta sociedad, los recursos son prácticamente inagotables, el Estado garantiza todas las necesidades básicas y tú consigues vivir una vida tranquila de lujos, si es que puedes.

Me han contado que esto existe hoy día en nuestro mundo, el paraíso terrenal, no hay pobreza, no hay desigualdad, el Estado y el privado conviven en una ecuación perfecta. Me han comentado que esto existe en el norte de Europa, un lugar lejano y frío, donde el paraíso es real, el único pero es que no van desnudos, porque aún no logran la inmortalidad (aunque los rumores dicen que los científicos de por allá están a punto de lograrla).

Ojalá que Chile pudiera ser así, ¿por qué Latinoamérica no lo es? Si allí pueden obtener energías sin contaminar, ¿por qué nosotros no? ¿No sería simple copiar su sistema perfecto y así tener todos, la vida asegurada?

Pero las cosas no son tan simples. He escuchado muchas veces la alabanza a países como Finlandia “que es una de las economías más prósperas del continente” o Suecia, que ha llegado a niveles tan altos en términos de conservación de la energía y reciclaje, que está a punto de tener que pedir basura a sus vecinos, debido a que ya casi no les queda y la necesitan para la generación de energía. Ojalá todos pudiéramos ser como ellos, pero la triste realidad es que no podemos, no existe posibilidad alguna de acercarnos siquiera a los niveles de vida de Europa o Estados unidos, ya que el propio sistema impide que lo hagamos.

Hoy día vivimos bajo el engaño del camino al desarrollo, vivimos engañados bajo la opresión de los que viven en el paraíso, y los pocos que logran vivir como ellos en el parlamento a cambio de mantener el engaño.

El gran problema de todo esto, es que los movimientos sociales también, en un menor grado, viven engañados bajo el paraíso europeo nórdico, que nos venden el cambio social a niveles locales y a través de pequeñas reformas, ya que “no podemos hacerlo todo a la vez”. Y en ese minuto entran en el juego los que sí viven en el paraíso en Latinoamérica a decirnos lo mismo: que estamos trabajando en reformar la educación, que está en proceso una reforma tributaria, mientras ellos siguen viviendo en el paraíso al estilo nórdico, ganando salarios inimaginables y trabajando poco. Pero yo no los culpo, finalmente son parte de la masa latinoamericana que vive en el engaño, su apellido podrá ser muy europeo y su piel muy blanca (como la mía), pero aun así son latinoamericanos vilmente engañados al servicio de las potencias mundiales.

Siempre que hay cara, hay cruz; siempre que exista un paraíso, tiene que haber un infierno, porque es así como funciona el paradigma de la sociedad de hoy, no hay ricos sin pobres y no hay Finlandia sin Haití. Eso no existe, y si seguimos enfrascados en pequeñas reformas que siguen perpetuando el sistema imperante, nunca vamos a llegar al paraíso, ni a niveles locales ni mundiales.

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