Tora para el entendimiento, no como verdad

por LEANDRO GALANTERNIK, Lic. en Administración, U. de Buenos Aires. Posgrado en Juventud, Educación y Trabajo de FLACSO. Est. Master en Organizaciones sin fines de lucro en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Representante judío en la Red Juvenil Interreligiosa de Religiones por la Paz para América Latina y el Caribe.

 

El texto bíblico es una de las tantas referencias que uno puede tener para guiarse en todo momento de la vida. Según las creencias y la postura ideológico-religiosa de cada uno, esa lectura resulta en respuestas ante interrogantes actuales, algunas de ellas personales y otras colectivas.

Hace poco leímos la parasha Jaiei Sara, que puede ser leída como el punto de origen de uno de los conflictos que alimentan el odio y el desentendimiento en la sociedad israelí: la compra por parte de Abraham de Meharat HaMajpela, lugar donde enterraría a su esposa Sara. Recordemos que la Biblia puede ser muchas cosas, pero no es un contrato con validez legal hoy en día.

Parece como que la Tora sabía las complicaciones que tendría ese territorio en el futuro. A Abraham se lo quieren regular, él dice que no. Lo compra por su valor y con los Jeteos como testigos. Hoy en día, este lugar es parte de la zona judía de Hebrón, hoy parte de la Cisjordania.

Nuestros textos tienen que ser fuente de inspiración, discusión, comportamiento ético y entendimiento del otro. Entender a la Tora como verdad absoluta y eterna puede llevar a un extremismo dañino para todos.

En esta parasha, que lleva la palabra VIDA en su nombre, mueren Sara y Abraham. Patriarca y matriarca de las religiones monoteístas del mundo, luchadores éticos ante una sociedad injusta y mensajeros de palabras de paz acompañadas por acciones que les generaron el ser modelo a seguir luego de más de 3000 años. Dadores de VIDA a tradiciones religiosas y culturales que nutren a billones de personas día a día.

Independientemente de cómo leamos el texto, leamos la Tora con intenciones de vida, de entendimiento y de respeto. Dejemos que este texto milenario nos inspire a ser mejores seres humano, honrando así la memoria de aquellas dos personas que hace miles de años revolucionaron el mundo, sin importar dónde están enterradas y de quién es esa tierra en este momento determinado.

Porque la propia tradición lo deja claro en palabras del salmista en el salmo 24:  לַיי, הָאָרֶץ וּמְלוֹאָהּ;    תֵּבֵל, וְיֹשְׁבֵי בָהּ. LaAdnoai HaAretz Umloa tevel veioshvei va. A Dios pertenece la tierra y cuanto ella contiene.

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