El Shema, desde Egipto a la Shoa

por NICO RIETHMÜLLER, Est. Heschel, Seminario Rabínico Latinoamericano. More Talmud Tora, Comunidad NCI Emanuel, Fundación Judaica. Sociólogo, U. de Chile.

 

Para poder leer el shema, debemos pararnos en un punto marginal en el mundo. El 0,225% del mundo son judíos. De cada 100 personas, ni siquiera 1 es judía. De cada 1000 personas, 2 son judías. Es una cifra que contrasta mucho más, cuando pensamos que 1 de cada 4 personas es cristiana, igual que musulmanes, 1 de cada 4. Es decir, la mitad del mundo son cristianos y musulmanes. 1 de cada 5 es chino, 1 de cada 5 es de la India.

En ese punto marginal y excluido del mundo, es desde donde como judío hago mi tefila, declarando que como pueblo judío, los hijos de Israel, creemos en algo totalmente distinto a lo que cree el mundo entero. Nos paramos a declarar que creemos algo único, que nos hacemos parte de un pueblo que posee una sabiduría, una religión, una tradición y un proyecto social distinto, y que nos paramos orgullosos en esa diferencia.

Los judíos somos el pueblo que descubrimos a D’s. Somos el pueblo al que D’s se le manifestó de manera colectiva, para que nos comportáramos éticamente, honrando Su nombre, siendo ejemplo para los demás. Hicimos un pacto de nunca olvidar Su nombre, de nunca alejarnos de Él. El mundo entero se educó en nuestra sabiduría milenaria, transmitiendo al mundo que D’s es uno solo. La Biblia es el libro más leído del mundo.

Pero en muchos momentos de la historia de la humanidad, el pueblo judío ha puesto su vida en peligro al decir el shema. Momentos en que declarar nuestra fe en D’s era motivo de muerte. Momentos muy lejanos, hace miles de años en la esclavitud en Egipto, y momentos que parecen lejanos, como hace quinientos de años en España, en las conversiones forzosas, la Inquisición y la expulsión. O hace apenas 75 años, en la Alemania Nazi. En honor a todos ellos y a tantos otros millones, que eligieron arriesgar sus vidas antes de caer en un acto de idolatría, cada vez que decimos el shema debe ser siempre un símbolo de resistencia.

En estas fechas cercanas a Pesaj y Yom Hashoa, tiene mucho más sentido pararse desde la resistencia. Hace unos días, un sobreviviente de la shoa dijo: “Me sacaron del colegio, me golpeaban en las calles los días domingo porque íbamos al shule con nuestro cuaderno y lápiz, y así los otros sabían que éramos judíos. En Pesaj, llevo décadas recordando en el seder que tengo que salir de Egipto y escapar del Faraón. Yo salí de la Alemania Nazi, yo salí de Egipto”. Y se escapó del Fuhrer y de su plan de exterminio.

Como miembro del milenario pueblo judío, hoy me debo resistir a dejar de ser judío. Debo hacer que mi vida sea judía, y la tefila es una forma única de hacerlo. Rezar es algo que nos hace únicos, y decir el shema es el punto de partida. Decir el shema debe ser un compromiso a construir comunidad y pueblo judío, con la visión de reparar el mundo y hacer de esta sociedad algo mejor. Ser bar/bat mitzvah implica que soy lo suficientemente adulto para ser capaz de darme cuenta de lo anterior. La sociedad no se mejora sola, depende de mí y de todos.

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