Esclavo de mi propia libertad

por DANIEL TOBAR,  BA en Finanzas y Negocios Internacionales, U. Illinois State. Director Colaam Chile.

 

BH

Un gran rabino, Rab Shlomo Carlebach, dice que antes de poder entregar cualquier mensaje o de hablar a cualquier audiencia, primero tenemos que contar un cuento, ya que los cuentos nos hacen volver a ser los niños que éramos antes.

De todas las fiestas que se encuentran en el calendario judío, la que más valor hay que darle es la fiesta de Pesaj. Relatamos la historia del éxodo, nos decimos a nosotros mismos que fuimos esclavos en Egipto y que Hashem nos sacó con mano fuerte y brazo extendido, y pudimos salir a la libertad.

Hay algo en Pesaj que es único, algo que genera inconscientemente un concepto muy fuerte de identidad en todos los judíos del mundo, esa identidad inquebrantable de cada judío por estar en un seder con la familia, de comer matza, tomar vino y sentirse como reyes y relatar el éxodo nuevamente que ocurrió hace más de 3 mil años. Un espacio donde no hay nada más importante y más sagrado.

Cuando entramos al seder, una de las mitzvot de éste es relatar la historia y sentirse que nosotros mismos estamos saliendo de Egipto, que nosotros en este momento también nos estamos liberando. El mensaje va más allá y nos pide que podamos mirarnos profundamente y entender cuáles son los Egiptos que hoy me tienen como esclavo, los que hacen que yo no avance, que no pueda disfrutar de lo que hago de la forma más completa. Debo identificar qué es lo que hoy a mí no me deja ser libre.

Es verdad, no somos más esclavos del gobierno de turno, pero somos esclavos de nosotros mismos, de no poder realizar nuestros sueños por diferentes trabas que creamos y dejamos que crezcan dentro nuestro. Hoy somos esclavos de la vida en vez de vivir la vida, cada vez tenemos menos tiempo para nuestros hijos, nuestros padres, amigos, y muchas veces nos queremos liberar, pero los miedos nos ganan.

Una de las razones por la cual nos juntamos a disfrutar de un hermoso seder con la familia es porque, muy dentro nuestro, nos gusta escuchar cómo el pueblo de Israel pasó de ser esclavo a un ser pueblo libre. Refleja lo que nosotros tanto buscamos pero que muchas veces no lo podemos lograr.

Es el momento para buscar qué nos está impidiendo ser lo que realmente queremos ser. No ser esclavos de la vida, sino que vivir la vida, rompiendo todas las cadenas internas, la liberación personal de cada uno, nuestra auto-liberación.

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