Construyendo utopías

por ALON KELMESZES, Shnat Hajshara Majon LeMadrijim Noam, Argentina.

 

“Por mucho que yo camine, no la voy a alcanzar. ¿Para qué sirve la utopía? Sirve para eso, para caminar”, Eduardo Galeano. Poco a poco, mi alrededor se va tornando cada vez más conformista, ajustado a una realidad con la que no estamos de acuerdo pero creemos que ya no hay nada por hacer, que simplemente no se puede cambiar. Cada vez que peleo y discuto con personas que yo considero ideológicas, mi resignación crece al notar la falta de motivación para realizar los grandes sueños colectivos, la falta de esperanza de generar un mundo mejor.

La generación de sueños y utopías depende de la educación, desarrollando persistencia y ampliación del marco realista. La actual educación forma la resignación, el individualismo, y las aspiraciones laborales personales, reprimiendo los sueños que el sistema consideró que hoy no tienen lugar. El realismo trágico invade las aulas, poniendo el enfoque de la felicidad en objetivos meramente personales y sin aspiración de construir algo mejor para toda la sociedad.

El “granito de arena” que mágicamente va a ser parte de un arenero que va a terminar generando un cambio, es el reflejo de una educación parcializada y sin visión de futuro, y se tiene el descaro de exigir una moralidad elevada y la construcción de valores intachables. Pero “siendo solidario y buena persona” no voy a conseguir que dejen de matar gente inocente en Siria, o que se dejen de morir de hambre en África, ni que las armas, las drogas, y la trata de personas sigan siendo parte fundamental de muchas economías y países en todo el mundo.

Desde ningún punto de vista, la moral personal va a transformar el mundo. Educar hacia lo que consideramos imposible es la única manera que en algún momento la juventud despierte y sea nuevamente un factor de cambio. La palabra utopía viene del griego y está compuesta por 2 términos: topia (lugar) y el sufijo u (no): NO a lugar. Educar hacia lo posible y en el marco de lo real, es crear meros reproductores de un sistema y de un momento histórico, sin posibilidad de movimiento. Educar hacia lo irreal es generar soñadores persistentes que no se resignen ante las injusticias, creyendo que no pueden impactar de ninguna manera. Educar hacia lo no posible es tener visión a futuro y poder mirar a tu alrededor y decir “esto puede ser mejor”.

Debemos fomentar los sueños colectivos y no solo los objetivos individuales. En el futuro, mis janijim van a pensar más allá de sus amigos y su familia y van a entender que, mientras no haya igualdad de oportunidades, tienen la responsabilidad de hacer algo al respecto. No tengo que imponer qué sueños y qué utopías tienen que caminar, sino por el contrario, que ellos mismo logren generar utopías sociales por las que luchar.

Las tnuot son un marco mágico donde se puede soñar colectivamente con una ideología, visión e idea de mundo general. Son movimiento y nacieron para alterar realidades colectivas, sea en Israel o en sus países. Igual que como reclamaban los estudiantes en Paris en mayo del 68, “seamos realistas, pidamos lo imposible”. Pidamos también nosotros, como jóvenes y educadores judíos, lo imposible para nuestra comunidad y sociedad.

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