Lazos profundos para Medio Oriente

por SIMON WEINSTEIN, Lic. en Sociología, U. de Chile. Ex Pahil Hashomer Hatzair.

 

“El hijo del otro”, película francesa de Lorraine Levy (2012), se cierne sobre dos familias –una judía y otra palestina- al momento de descubrir que sus hijos fueron intercambiados en su nacimiento por accidente, provocando una crisis general. El hijo de la familia judía tiene que aceptar que para los rabinos, al no ser de vientre judío, debe convertirse al judaísmo si quiere ser judío. El hijo de la familia palestina tiene que enfrentar el resentimiento que lo rodeará su nueva identidad.

Pero además del intenso drama familiar, con el cual es fácil identificarse, la película presenta el conflicto político, resaltando la multitud de dramas humanos que a su alrededor se mantienen. La película nos hace reflexionar sobre cómo reconocerse en el otro buscando la empatía, en situaciones anecdóticas y emotivas, que nos sacan de la discusión de fondo, de carácter política.

En la Universidad Arturo Pratt, el grupo Consenso Chileno por la paz Palestino-Israelí proyectó la película, para luego realizar un conversatorio abierto. Fue la primera actividad abierta al público. Este es un grupo de diálogo y convivencia entre judíos y palestinos que existe desde hace más de un año en Chile. Sus participantes son diversos, pues en él encontramos judíos, palestinos y personas sin ascendentes de ninguno de los dos pueblos; también hay diferencias en sus edades, profesiones o corrientes religiosas.

Se hace necesaria una nueva narrativa para avanzar en el conflicto palestino-israelí, y una nueva política que se centre en la constitución de humanos que puedan reconocer la diferencia del otro. El grupo aún se encuentra en una etapa de consolidación, luego de haber llevado adelante un proceso de conocimiento y superación de prejuicios.

La visión de trabajar en conjunto y re-conocerse de este grupo es algo bastante inédito. No se busca una muestra de buenas intenciones o pasar a ser una actividad mediática, sino crear un lazo profundo y duradero que demuestre que existen otros caminos de entendimiento. Las diásporas judías y palestinas tienen que jugar un rol activo –incluso a la distancia- para aportar en el conflicto en Medio Oriente.

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