Alianza poco política, Concertación poco profesional

por KEVIN HES, Est. Derecho, PU. Católica.

 

Hace tan solo semanas, asumió por segunda vez el mando la presidenta Michelle Bachelet, convirtiéndose así en un ícono absoluto de la política nacional. Su sector vuelve a tomar fuerza luego de un recreo de cuatro años. ¿Qué sucedió? ¿Por qué no se optó por la continuidad a pesar de los buenos índices del ex–presidente Piñera? ¿Acaso fue insuficiente su desempeño?

Parece ser que ambos sectores, derecha e izquierda, o Alianza y Nueva Mayoría (o como usted quiera llamarlo)tienen tan solo la mitad de la receta para encantar a la ciudadanía. Cada sector se jacta de poseer esa mitad, que deriva en logros políticos, continuidad en el tiempo y honor, pero el error común cae en no reconocer la cuota faltante con tal de consolidar su liderazgo. ¿Cuál es esa pieza esquiva que se difumina en el horizonte político? ¿Existe acaso un elemento que no se tiene en cuenta?

Probablemente, la respuesta implique un conjunto de factores que van desde lo político, social y económico, pero sin lugar a dudas, ambas coaliciones tratan de someter a la contraria, careciendo del ingrediente esencial para hacerlo. Y es que la respuesta coincide para ambas, tanto Alianza como Nueva Mayoría, por lo que ineludiblemente deben aprender de su contraparte.

Sin ir más lejos, el elemento por antonomasia que describe estos cuatro años de la Alianza fue la falta de capitalización política de sus logros. Se vio un gobierno extremadamente técnico, experto y docto, pero careció rotundamente de manejo político. Todo el esfuerzo efectuado por un gobierno obsesivo en lograr metas soñadas y prácticamente oníricas, se desvaneció al momento de pasar la cuenta política. A esto, se sumó la teleserie de las sillas musicales para definir el candidato a la presidencia, los constantes dimes y diretes entre el gobierno y su propia coalición, junto con un progresivo debilitamiento del liderazgo al interior de ésta. Todo esto atiende a elementos netamente políticos, los que obedecen en gran medida a egos personales por sobre la construcción de un proyecto común y propio.

Por otro lado, atravesando una vez más el espectro político, la Nueva Mayoría vuelve a tomar su trono olvidado bajo un nuevo nombre, que no es más que la misma esencia bajo un nuevo cuerpo. En ese entonces, la ex–presidenta Bachelet dejaba un país agitado no solo en el sentido literal, sino que además una ciudadanía expectante de los días venideros. Si hay algo que caracterizó su gobierno fue la capacidad de sacar crédito a las políticas públicas que generó, logrando así consolidar al máximo los frutos de su gobierno. A diferencia de la Alianza, en ese entonces la llamada “Concertación” se caracterizaba por un mal manejo profesional de las promesas de campaña, pero sin lugar a dudas, sus cimientos políticos nunca temblaron, incluso en lo más arduos momentos.

Hoy, la historia no muta, vuelve al poder la misma protagonista que contempla dentro de sus promesas tres ideas centrales: Nueva constitución, reforma tributaria y educación gratuita y de calidad.

Si bien esto último es absolutamente discutible, una vez más las difusas promesas cautivaron al elector y actualmente cuentan con un amplio apoyo ciudadano y legislativo, pero ¿será hábil este gobierno para concretar dichos fines?

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