Judaísmo Reformista: la corriente más antigua y la más moderna

por ANDRÉS MUNOZ-MOSQUERA, Abogado, Fletcher School of Law and Diplomacy. Comité de Asuntos Religiosos, Centro Internacional Judío, Bruselas. Est. Rabínico, IIFRR.

 

Aristóteles afirma que ser político es ser social y que estas categorías se conectan tanto en el orden moral como en el emocional. Así pues, no pueden entenderse las visiones políticas sin tener en cuenta las sensibilidades morales, la justicia y la paz.

El Reformismo es la corriente judía que mejor refleja la esencia humanista y los principios que actualizan la tradición: la igualdad, el estado de derecho, la justicia social, la protección del medio ambiente y la libertad. El Reformismo ve las relaciones con los otros desde la santidad y la ley, como un tránsito ético evolutivo para crear las necesarias estructuras de comunidades como contribuyentes al orden universal e internacional. El propio Tanaj establece nuestras responsabilidades con nuestro prójimo.

Por otro lado, la literatura rabínica trata los asuntos políticos, abordando la administración social de manera directa y concluyendo que el individuo, nada más político que éste, se subyuga al “bien común”. En TB Shabbat 54b, se consagra tal lógica y compromiso, trayendo la responsabilidad individual judía a la humanidad en un “principio expansivo”: cada uno de nosotros es personalmente responsable por todo el mundo. Es imposible no entender el judaísmo, especialmente el reformista, sin su vertiente política.

La makor de v´ahavtá l´rei-achá kamoja – amar al prójimo como a ti mismo, es el inicio del camino a la justicia, donde el “prójimo no puede ser otro que todos” a la vista del Génesis 5:1: “a imagen de Dios”. La justicia, entendida como equilibrio, viene a través del acto de amor con el que no se tiene relación familiar o de amistad alguna. Es en ese momento en que el amor se transforma en responsabilidad. El resultado final es tan simple como poderoso, con una capacidad cambiante y reparadora: la justicia. Con amor inclusivo, llegamos al puerto de la justicia universal que lleva a la paz.

Si hay justicia, hay paz, y si hay paz, hay justicia. La profética paz universal es aspiracional, y debe tenderse hacia ella siempre y en todo momento. El judaísmo reformista tiene como misión la búsqueda de la paz. La divinidad estaba implicada y el último objetivo, que es divino, es restaurar el statu quo ante, es decir, la paz.

Estas milenarias concepciones hoy son parte del derecho internacional humanitario, coronado por las Convenciones de Ginebra de 1949 y sus protocolos. En una serie de conferencias que impartió Buber en Praga en los años 1909, 1910 y 1911 que tenía entre su audiencia a los entonces desconocidos Franz Kafka y Gershon Sholem; Buber se encontraba ante una generación de jóvenes judíos alemanes que pensaba que la religión era una fuente de amargo conflicto existencialista. Buber les explicó que no tenían necesidad de convertirse en alemanes y dejar de ser judíos, una cosa no excluía la otra, ya que ser judío era en sí mismo una forma de ser moderno, de modernidad.

“En cualquier lugar que haya paz, habrá justicia” (Zacarías 8:16). Siguiendo a Proper Weil y Shabtai Rossene, hay un clara contribución del judaísmo al derecho internacional moderno que se desarrolla entre los siglos XV y XVIII y posteriormente en el gran desarrollo de instituciones internacionales que comienza en el siglo XIX. Si bien los escolásticos beben de fuentes judías, son Grotius y Selden quienes hacen referencias explícitas al Tanaj. No hay duda que en el mundo que conocemos, gobernado por el derecho internacional y con la ONU en la cúspide del actual sistema de paz y seguridad internacionales, no han parado las injusticias, pero no hay duda que hay una actitud aspiracional hacia la justicia y a la paz, valores y fundamentos judíos de responsabilidad acumulados a lo largo de la historia.

El Talmud Bavli Kidussin 40b no deja duda de la necesidad de la “acción”: hay que hacer algo, y por tal actuación debe hacerse un esfuerzo previo por adquirir conocimientos por medio del estudio. Esta situación de acción informada llevará siempre a un individuo a levantarse ante las injusticias y a tender a reparar el mal del mundo, a protestar ante las injusticias que acechan y que afecta al rei-a y al mundo.

Cuando Prinz y Hershel acompañaron a Martin Luther King, tomaron acción. En ese momento, ellos machihembraron los valores judíos desarrollados a lo largo de la historia del pueblo de Israel en la acción real. Prinz y Hershel pusieron su responsabilidad – judía y universalista – en movimiento, y à la Tarfón, pasaron del estudio a la acción informada, dando un ejemplo para muchos de nosotros a ser metakken, a reparar el mundo, y a no quedarnos en silencio. La acción de Prinz y Hershel les hizo modernos, no quedándose en silencio, y eso hace hoy el judaísmo reformista; un movimiento que exige y demanda, como ningún otro, la reparación de las injusticias que sufre la humanidad.

 

Foto: Charles del Vecchio / Getty Images.

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