El País de la Libertad: Revisando la Democracia en Estados Unidos.

por ANDRES ARAOS, Estudiante de Ingeniería Civil, U. de Chile.

 La libertad parece ser un tema ineludible para los seres humanos. A lo largo de nuestra historia las personas han clamado por ella, y dependiendo del contexto político en el que se han encontrado, se han topado con triunfos y derrotas de todo tipo. Ejemplo de esto es cuando en las grandes monarquías se luchaba por pequeñas libertades, mientras que por otro lado en la revolución francesa se lograron cambios radicales en la estructura social. Este contraste nos lleva a pensar si es que estamos frente al mismo concepto de libertad. Yo creo que sí. El problema radica en hasta qué punto se lleva esto y a qué costos.

Lo que se perseguía en las antiguas monarquías era lo mismo que en la Francia de fines del siglo XVIII, solo que en un nivel mucho menor, por lo que es válido preguntarnos ¿hasta dónde sigue esta escalada de luchas por libertad? o ¿cuál es la libertad “final” que busca el hombre? La pregunta es muy compleja, la respuesta correcta nos llevaría a un mundo utópico en donde se alcanza prácticamente un paraíso terrenal de las libertades. A pesar de esto, se han definido modelos teóricos de tipos de sociedad por alcanzar. Uno de ellos es el Anarquismo, una utopía que es demonizada por el sistema actual. Otra respuesta a ese dilema, y que por cierto es la que tiene mayor aceptación, es la democracia, que a mi parecer en los tiempos actuales es un concepto inseparable de la libertad.

El mundo de hoy vive un conflicto marcado por una lucha cultural entre el occidentalismo y el mundo islámico. Pero este conflicto es fácilmente comparable con la Guerra Fría. Durante ese período que empezó con el fin de la Segunda Guerra Mundial, y que terminó con la caída de la Unión Soviética, el argumento de Estados Unidos estuvo marcado fuertemente por la defensa de la libertad, convirtiendo a su bandera en un símbolo de los valores occidentales en todo el mundo. Este argumento ha perseguido al país norteamericano durante décadas, acompañado de símbolos que lo respaldan como la Estatua en Nueva York, el sueño americano, la tierra de las oportunidades, y a mi parecer el más importante de todos, su democracia. Esta última se ha convertido en la actualidad en el gran argumento de Estados Unidos para sustentar una guerra contra el Islamismo, volviendo a polarizar el mundo. Antes de entrar a juzgar el desarrollo de esta verdadera guerra de ideales e ideologías, y de juzgar si existe libertad en el mundo Islámico o si la lucha corresponde o no a una legítima por alcanzar nuevas libertades, hay que ver también otros aspectos del problema.

La democracia en Estados Unidos ha sido siempre su gran estandarte, a pesar de las críticas en torno a su sistema electoral. Yo pienso que el sistema en teoría está bien formulado. A niveles locales se ha llegado a índices de participación ciudadana con los que se sueña tener algún día en Chile y el resto de Sudamérica. La división política de Estados Unidos se constituye de más de 50 estados independientes. Dentro de éstos se pueden proclamar leyes locales que solo se aplican en su interior. Si bien el sistema electoral norteamericano es criticable, no se puede negar que los niveles de participación ciudadana lo convierten en un país con una democracia mucho más sólida que la de cualquier país sudamericano. En Estados Unidos cualquier ciudadano puede llamar a plebiscito una nueva ley para ser aprobada o bien una ley antigua para ser derogada, ya sea a nivel nacional o estatal, si es que consigue las firmas suficientes. Además, estas prácticas se extienden en los municipios y pueblos. Ahora la pregunta es otra, ¿cuál es el costo de la democracia en Estados Unidos? o mejor aún ¿cuál es el costo que pagó la libertad por esta democracia?

El sistema democrático de Estados Unidos se caracteriza por tener solo dos partidos, el Demócrata y el Republicano, ambos partidos de derecha. Pero ¿qué logró que un país entero apunte hacia un mismo rumbo político? Si revisamos un poco las grandes obras de ciencia ficción que nos muestran realidades en donde se logra que un país entero apunte hacia un mismo rumbo, como el libro “1984” o la obra gráfica V de Venganza (no la película ya que son muy diferentes en ideología y brutalidad), encontramos la respuesta, aplastar las ideologías contrarias. Si bien Estados Unidos no llegó a los niveles de estas obras del imaginario, no estuvo muy lejos. Durante la Guerra Fría se le declaró la guerra al comunismo, pero no solo a nivel bélico, sino que también a nivel social. La demonización del comunismo llegó a niveles tan extremos que este era penalizado por la ley, a veces llegando hasta a castigar con exilios, cárcel y hasta pena de muerte. Este proceso fue liderado por el emblemático Senador Joseph McCarthy y respaldado por la política de Seguridad Nacional, que terminó por ser un ente más cercano a las persecuciones del nazismo que a lo que pretendía ser. Este período oscuro en la historia de Estados Unidos terminó por erradicar el pensamiento de izquierda del país, llevándolo a lo que es hoy. Es por esto que planteo que si bien la libertad y la democracia son los emblemas de Norteamérica, la verdad estamos frente a un país que se ha sostenido mediante privaciones de libertad que llegaron a niveles comparables con las dictaduras sudamericanas, y que fue muy superior en el tema propagandista.

Ahora hay que ver qué ocurre actualmente con Estados Unidos. La guerra contra el Islamismo ha llevado a que esta política de persecución se transfiera a árabes que en muchos casos son llevados a cárceles como Guantánamo sin ningún juicio justo, y hay casos en que éstos pueden llegar a ser hasta ciudadanos norteamericanos. La política de combatir el “odio a la libertad” por  parte de Estados Unidos en contra de los países Islámicos puede estar o no justificada con la opresión que ejercen estos regímenes sobre sus pueblos, pero de igual modo, encaja en el mismo perfil y estrategia de demonización que se adoptó durante la Guerra Fría. La propaganda de odio que existe en contra de los inmigrantes provenientes de los paises árabes, e incluso en contra de sus descendientes se convierte en un fenómeno que se acerca cada vez más a una verdadera patología social potenciada por los medios y por hollywood, lo que sumado a la globalización, ha hecho que atraviese todas las fronteras. Esto es preocupante. Se está llegando al estado crítico simil a lo que ocurrió en la Guerra Fría en que Estados Unidos se armaba hasta los dientes solo como precaución, aún sin tener verdadera evidencia de que la URSS estuviera haciendo lo mismo. Tal vez ya pasamos ese punto, la invasión a Irak y Afganistán lo demuestran.

Hay que preguntarse si Estados Unidos es un país realmente libre, y si su democracia, que en teoría suena bien, tiene realmente una base sólida en la representación de la ciudadanía. Yo personalmente creo que no, y creo que Chile no está absorbiendo lo bueno de la democracia estadounidense, sino que se está encaminando a convertirse en una copia a micro escala de Estados Unidos, dejando de lado su historia, hispánica y prehispánica, y poco a poco destruyendo ideas que podrían cambiar el rumbo de nuestro país hacia su identidad propia, una más latinoamericana y menos “gringa”, olvidando que Estados Unidos no es finalmente sinónimo de desarrollo, sino que en muchos aspectos, es todo lo contrario.

Lo que está ocurriendo actualmente en Chile hace pensar que tal vez este país debería desarrollarse más hacia un proyecto de desarrollo con tonos más propios, no necesariamente con un tono politizado, sino más cultural. De que hace falta un cambio en este país, lo hace, la pregunta es quien tomará las riendas y si después de todo nos convertiremos un poco más en el país que queremos de verdad o si será todo lo contrario. La otra y más importante, es si la historia nos deparará un futuro en que se debe privar a la gente de libertades para asegurar el desarrollo del país o uno en que el desarrollo este enfocado en dar más libertad a las personas. Solo el tiempo lo dirá, yo personalmente espero que sea el segundo caso.

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