Januca y mi lucha contra la asimilación

por ARIEL BOHORODZANER, Est. Derecho, U. de Chile. Presidente de la Federación de Estudiantes Judíos.

 

Cuando los griegos conquistaron al pueblo judío en el 332 a.e.c.; quedaron impresionados por su conocimiento, sabiduría y sobre todo la Torá: el libro de estudio y fuente de su conocimiento. Pero había una sola cosa que no podían comprender: el hecho que los judíos atribuyeran todo –lo bueno y lo malo- a D”s. Debido a esto, los helenos en un principio les permitieron estudiar la Tora, pero no rezar, ni recitar bendiciones, ni cumplir con los preceptos.

El problema que los griegos tenían contra los judíos jamás fue la fe misma, sino el que ésta se reflejara en los aspectos más triviales de la vida; el hecho que el judaísmo se basara en la idea que todo el actuar del hombre debe apuntar a santificar lo mundano se contraponía directamente con el paradigma de la filosofía griega, en el que el hombre debe servirse del mundo, en vez de servirle a él a éste por un propósito ulterior.

Cuando los helenos atacaron Jerusalén, entraron al templo y destruyeron todo el aceite que había para encender el candelabro, que debía estar encendido todo el tiempo. Para destruir el aceite, los griegos solo rompieron el sello del supremo sacerdote, que certificaba el aceite como puro y apto para la liturgia. No tuvieron que derramar una sola gota ni quebrar una sola vasija. Con este acto, esperaban probar la visión de mundo de los judíos, querían ver si los sacerdotes utilizarían el aceite impuro para prender el candelabro, dejando de lado un requerimiento espiritual en pro del símbolo y la práctica concreta.

Los judíos se rehusaron a utilizar el aceite sin sello, reforzando la idea de la trascendencia en el actuar humano, y demostraron su fidelidad a sus principios. Es por esto que la tradición judía dice que D”s les concedió el milagro de que el aceite apto encontrado, que alcanzaba para un solo día, durara ocho, el tiempo necesario para producir más.

Por eso todos los años prendemos el candelabro de Januca por ocho noches, recordando de mantenernos fieles a nuestros valores y que debemos actuar correctamente, hasta en los más mínimos detalles, porque todas nuestras acciones son trascendentes.

Es por eso que elijo ser Presidente de la Federación de Estudiantes Judíos, y regalar infinito de mi tiempo al activismo y la causa, llenando mi vida de sentido por un fin ulterior para la sociedad y la humanidad. Es por eso que todos nosotros deberíamos también dedicar nuestras vidas a reparar el mundo injusto en el que nos encontramos.

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