Los Hombres de la Nueva Era

por FRANCISCA HIRSCH, Est. Psicología, U. de los Andes.

 

¿Por qué por más de cinco milenios, tanto en occidente como oriente, se ha impuesto en nuestras religiones y sociedades un patriarcado, estableciendo la autoridad de los hombres y padres por sobre la de las mujeres?

Durante miles de años, las mujeres han sido descalificadas, opacadas, y rechazadas en ámbitos sociales, laborales y religiosos. Sólo pensemos que la religión judeocristiana, la cual inspira nuestra cultura occidental, simbolizaba el cuerpo y la sexualidad de la mujer en Eva, la culpable de la caída de la humanidad. Las mujeres en Chile no tuvimos derecho a voto hasta 1946, y en el mundo no mucho antes. ¿Por qué nuestra sociedad exige a las mujeres ser ciudadanas de segunda clase?

El hombre en lo más profundo de su conciencia sabe que las mujeres tienen algo que a ellos les falta: somos capaces de engendrar vida. Nuestra espiritualidad ha sido concebida desde el nacimiento, y por derecho propio, a diferencia del hombre que debe adquirir este aprendizaje.

En muchos pueblos y culturas, las mujeres no pueden incluso entrar a los templos. En algunas religiones pueden entrar, pero tienen un sector aparte, no están junto a los hombres: formas ingeniosas de humillación en que los hombres disfrazan este complejo y despojan a las mujeres a una posición inferior.

Las cualidades de la mujer, como compasión, amor y sensibilidad, son vistas como debilidades por el hombre. ¿Hasta cuándo la descalificación? El sentirse superior deriva de nuestro legado animal, al pasado, los tiempos actuales nos exigen que los hombres sanen su complejo patriarcal e incorporen estas cualidades al mundo; las cosas están empezando a evolucionar.

Es fundamental que las organizaciones, tanto privadas como públicas, establezcan relaciones más orgánicas y personales como objetivos básicos de comunicación y liderazgo. Los vínculos de dominio jerárquicos y verticales deben ser cambiados por enfoques horizontales, que ofrezcan mercados humanitarios.

Aunque algunas mujeres están despertando, son muchas las que faltan. La verdadera fortaleza de la mujer no está en igualarse al hombre, ni tampoco en competir contra él: nuestra verdadera tarea consiste en destapar a los machos alfa de esta nueva era para poder sanar su legado cultural.

El nuevo macho es compasivo, sincero, creativo, cariñoso y protector. Debemos nutrirnos al máximo con nuestras cualidades femeninas y maternales para ayudar al hombre a rebelarse en contra de sus obligaciones antiguas, ya que éstas le fueron impuestas por el simple hecho de ser hombres y sentir la responsabilidad animal de dominar al otro.

Mujeres, potenciémonos. Seamos portadoras de semillas de luz, nuestra espiritualidad es innata. Es tiempo de apoyar a los hombres a derrumbar el prototipo de macho alfa. Despertemos a los machos compasivos, sensibles, y armónicos, con sus energías femeninas y masculinas.

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