Fin a milenios de diversidad en Irak

por JAIE MICHELOW, Arqueóloga, U. de Chile.

 

Desde tiempos bíblicos, Mesopotamia (actual Irak) fue una tierra diversa y multiétnica, donde variadas culturas, creencias y formas de vida encontraron un espacio donde desarrollarse y prosperar. El panorama cultural de la antigüedad iraquí era rico en expresiones artísticas, literarias y científicas, evidenciadas hoy en abundantes colecciones de museos repartidas por el mundo.

La comunidad judía en Babilonia traza sus orígenes en el siglo VI AC, con el primer exilio tras la conquista de Judea por Nabucodonosor; período que termina con la victoria del rey persa Ciro sobre los caldeos, quien permite el retorno de las comunidades exiliadas, aunque fuentes indican que centros de estudios religiosos continuaron funcionando hasta finales del siglo VI DC. El ejemplo más relevante es la creación del Talmud de Babilonia, producción intelectual, legal y religiosa consultada hasta nuestros días.

La región fue foco de acción de múltiples imperios; durante un breve período, Mesopotamia fue parte del Imperio Griego, tras las conquistas de Alejandro Magno, y luego pasó a componer el Imperio Seléucida; después, cayó bajo control romano, hasta la conformación de la dinastía Sasánida de origen persa. Cada una de estas conquistas dejó su huella cultural en el antiguo Irak.

La presencia cristiana en el actual Irak se remonta al siglo I de la era común, con la llegada de los apóstoles Tomás y Tadeo, y sus discípulos evangelistas Aggagi y Mari. Las comunidades cristianas más antiguas de la región corresponden a grupos cristiano-asirios; herederos de las formas más antiguas de cristianismo conocidas, remontándose casi 2 mil años atrás.

¿Cómo pasa un lugar de tal diversidad étnica y cultural a transformarse así hacia la actualidad? La expansión del Islam a partir del s. VII, desde la Península Arábiga hacia las regiones próximas, significó la conversión a esta nueva creencia en grandes números por parte de las comunidades asirias, sumerias y medos, y la adopción del idioma árabe. Las comunidades cristianas y judías fueron respetadas por tratarse de “pueblos del libro”, con un status especial en el Corán, lo que significó que su existencia era asegurada en la medida que no fuesen proselitistas y se sometieran a la ley islámica.

Con el Califato Omeya se formalizó el dominio político del Islam, incorporando territorios en el Levante, norte de África y España. Se institucionaliza la categoría de dhimmi, o infieles, quienes debían pagar un impuesto especial (jizya) a cambio de su seguridad y como símbolo de sumisión a las autoridades; la jizya sirvió además como incentivo a los pueblos conquistados de convertirse a la nueva religión para poder funcionar como ciudadanos plenos y no ser discriminados. Múltiples comunidades con identidades culturales diversas se acogieron al pago de la jizya, principalmente judíos y cristianos en los territorios del actual Irak, optando por mantener su identidad, aun a costa de ostentar un status inferior.

Desde el siglo VIII de la era común, la conformación étnica y religiosa de los territorios entre el Tigris y el Éufrates mantuvo parte de su diversidad, comprendiendo números variables y minoritarios de cristianos y judíos hasta el arribo del Imperio Otomano en el s. XVI. Las tensiones entre otomanos y mamelucos se tradujeron en mayor presión hacia las minorías dhimmi o infieles para convertirse y abandonar las identidades culturales alternas, proceso que continuó hasta entrado el s. XIX con el arribo de una efímera tendencia secularista tras el fin del Imperio Otomano.

A inicios del siglo XX, se mantenía en el Irak predominantemente musulmán la presencia marginada de las antiguas comunidades de los “pueblos del libro”, de hecho, el impulso secularista de la modernidad les daba ciertas garantías de supervivencia. Tras la Primera Guerra Mundial, los territorios pasaron a manos del Imperio Británico, quienes trazaron las fronteras actuales e instauraron el Reino de Irak en 1932, al mando de una monarquía Hashemita (Faisal I).

Durante los años ´30 y ´40, las comunidades judías de Irak fueron crecientemente perseguidas, instaurando leyes discriminatorias, imponiendo cuotas restrictivas de acceso a escuelas y universidades, e incluso registrándose actos violentos y pogroms en su contra. Esta situación se hizo especialmente tensa al momento de la creación del Estado de Israel en 1948: se recrudecieron las medidas de hostigamiento y se prohibió la emigración de los judíos. Esta última medida fue revertida entre 1950-1952, cuando se permitió la salida del país a cambio de renunciar a la ciudadanía iraquí; la mayoría de los judíos se acogió a esta medida. Una nueva emigración fue admitida en los años ´70, y así terminó la existencia de la antigua y una vez floreciente comunidad judía de Irak.

La frágil estabilidad política del país no daba tregua a los ciudadanos iraquíes, y especialmente a los grupos minoritarios, entre ellos kurdos, yazidíes, zoroastrianos y cristianos, desde el golpe militar que instauró la República de Irak en 1958. Los conflictos armados entre iraquíes y kurdos resonaron en forma particularmente negativa en los kurdos no musulmanes, restringiéndolos a zonas empobrecidas y limitándolos en el acceso a bienes y servicios. Esta tendencia declina brevemente luego de la Guerra del Golfo con la creación de una provincia semi independiente en el norte del país.

El auge de los grupos fundamentalistas islámicos es en esencia una amenaza para todas las creencias o formas de vida diferentes a su fe, sin embargo, tradicionalmente se oponían más visiblemente a los EEUU y su influencia cultural, percibida como pecaminosa. El grupo Estado Islámico de Irak y del Levante (identificado desde 2003) busca la creación de un califato, una estructura político-social de gobierno, regida según la ley islámica (de su rígida interpretación particular), volviendo su atención hacia las comunidades no musulmanas, atacándolas de la manera más brutal, constante y crecientemente.

A partir del 2008, los ataques de Estado Islámico han tenido como objetivo las iglesias y comunidades cristianas, grupos de tradición zoroastriana y yazidíes, siendo estos últimos el caso más visible y dramático. Desde inicios de 2014, las comunidades yazidíes (una de las etnias más antiguas de la región y miembros de una tradición religiosa pre islámica) han tenido que refugiarse en localidades montañosas y remotas al norte del país, como Sinjar, Dohuk o Irbil, amenazados por los soldados de E.I, quienes imponen conversiones forzosas y asesinan a quienes se resistan.

En la actual Mesopotamia, se registran frecuentemente secuestros, asesinatos, violaciones y tráfico de personas, en especial niñas de las comunidades “infieles”, quienes se conciben como seres sin derechos ni voluntad; son apartadas de sus familias, alejadas de sus aldeas y forzadas a cambiar de religión y creencias, amenazadas de muerte y vendidas como esclavas o “esposas” a “soldados” de la misma organización. El frágil gobierno no puede intervenir.

Es posible que estemos presenciando el fin de las comunidades yazidíes en Irak, así como de otros grupos cristianos, algunos de ellos con más de 2 mil años de antigüedad, como ya lo vimos con la comunidad judía después de dos mil quinientos años de cultura e historia. Son pérdidas irreparables de tradiciones riquísimas y vidas humanas, de diversidad religiosa y cultural, y un empobrecimiento dramático en la conformación de la sociedad iraquí y de todo Medio Oriente.

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Una respuesta a “Fin a milenios de diversidad en Irak

  1. buen articulo, llevaba varios dias pensando algo parecido.

    Dejo un link relacionado a los judios de Irak, sobre la tumba de Exequiel. Los rollos de la Tora robados hace poco de este lugar databan de quizas qué época y habria sido interesante poder revisarlos. http://jewishrefugees.blogspot.com/2013/08/an-israeli-visits-ezekiels-tomb.html
    Además la pagina trae harta informacion sobre las comunidades Mizrahies en general (tambien desmintiendo el discurso de Hamas respecto a los judios orientales),

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