El carrete eterno de la posmodernidad

por IGNACIO PEREZ, Est. Ingeniería Civil, U. de Chile.

 

¿Qué es posmodernidad? ¿Y tú me lo preguntas? Me ha tocado demasiadas veces ser interrogado en alguna conversación de carrete sobre qué creo yo que es la posmodernidad, para luego de una respuesta evasiva acabar siendo yo el “demasiado posmo”… ¿Y qué quieren si desde un principio nadie sabe de lo que habla?

Un cambio de era siempre requiere una nueva tecnología en la que se externaliza una distancia. ¿Cómo lo social es anulado por el medio virtual? (o por tu red social favorita).

Para la modernidad, la gran pregunta siempre fue qué hacer con su humanidad, con nuestra necesidad de unos con otros: lo social. Desde la Revolución Francesa hasta los fascismos del siglo XX, todo fue para dar respuesta a este problema. ¿Por qué la modernidad toma este asunto en sus manos como si le perteneciese? El sujeto moderno es antes que nada una conciencia, un individuo. Pienso luego soy, existo primero que mi relación con el otro: ante todo estoy solo. Para el hombre moderno, lo social es real y es un problema porque es algo aparte de él, y todas las relaciones humanas deben ser puestas en tela de juicio y reformuladas si es que quiere construir una sociedad a partir de individuos.

En su modernidad, el humano es lectoescritural. Es la tecnología del alfabeto y el libro socializado la que nos brinda una conciencia histórica capaz de leer y escribir nuestro destino. La distancia aquí eliminada es temporal: el humano moderno puede pensarse a sí mismo desde subjetividades pasadas (en particular la griega) y dar un salto al futuro mediante su propio proceso revolucionario.

Pero el hombre posmoderno pertenece a otros dispositivos. La tecnología satelital y su Internet elimina la distancia entre nosotros, permitiendo que mis palabras sean escuchadas instantáneamente por usuarios insospechados, sin importar lo que nos separe, siempre alguien va a escuchar. Las paredes de nuestra privacidad son tan permeables como una choza de palo, dejando entrever imágenes de aquello que antes sólo ocurría para un presente. El carnet posmoderno es la foto a través del espejo del baño. La existencia posmoderna presupone al otro, su mirada constante: comparto luego soy.

Aquí, lo social ya está resuelto, no es una pregunta ni necesita una respuesta, es al hombre lo que el agua al pez. Tal como cuando el humano vivía en la oralidad, en esa conexión total e indivisible con su entorno y con los otros. Cero problema. La socialidad se transforma en condición de existencia, una presencia total y por tanto invisible. La posmodernidad es un carrete eterno.

Sin embargo, en la aldea global (la aldea virtual), así como lo social inunda cada espacio, la soledad es consecuencia absoluta. El hombre posmoderno no tiene una subjetividad propia: al eliminar la distancia entre nosotros, inevitablemente nos eliminamos como individuos. Estamos a un paso de la colmena, donde la memoria es común y no hay experiencia.

El hombre posmoderno no experimenta su soledad, así como tampoco experimenta lo social, puesto que ambos fenómenos son sólo la distancia que los humanos habían desarrollado entre sus subjetividades a partir de la experiencia del mundo.

Aún estamos en transición, y es gracias al moderno que se crió en nosotros que somos capaces, si es que, de ser espectadores del cambio, de sentir la angustia de ser una conciencia aparte, de experimentar la soledad.

Para más información, diríjase al espejo de su baño más cercano.

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