Buscándole un sentido judío a mi vida

por BERNARDO SORJ, MA en Sociología, U. de Haifa. Ph.D en Sociología, U. de Manchester.

 

En Rosh Hashana, reflexionamos sobre el paso del tiempo, recordando que todos estamos inmersos en la misma travesía.

Porque vivir es hacer y quien hace se equivoca. Porque vivir es creer, y quien cree se engaña. Porque vivir  es amar, y quien ama sufre. Porque nadie escogió nacer. Ni la época, lugar o familia. Ni morir.

Porque no controlamos el futuro. Ni podemos predecir las consecuencias de nuestros actos. Porque un día tenemos salud y otro día estamos enfermos. Porque un día triunfamos y otro día fracasamos.

Porque tenemos que convivir con sentimientos de ansiedad por el futuro y el deseo que los otros se conformen a nuestra voluntad y a nuestra forma de ver el mundo.

Debemos tener compasión por uno mismo y por los demás. En Yom Kipur, nos acordamos de las palabras del profeta Isaías, quien proclamó que no es el ayuno que purifica a las personas, pero nuestros actos de solidaridad. Por eso, el perdón debe ser buscado en aquellos a quienes hemos perjudicado y humillado.

No proyectemos nuestros conflictos internos, ni veamos los otros por el filtro de nuestras inseguridades. No perdamos el sentido del humor y de la ironía, sin el cual nuestra vida y la de los que nos rodean se convierten en opresora.

Que nuestras obsesiones y la búsqueda de poder, dinero y prestigio no nos empobrezcan, creando la ilusión que podemos controlar la realidad o que somos mejores que los demás.

Recordemos que las cualidades humanas no tienen nada que ver con dónde estamos en la escala social, y que el éxito y la riqueza pueden empobrecer nuestra sensibilidad.

En Iamim Noraim, tenemos que permanecer más tiempo en silencio, vaciando nuestras mentes. Porque sólo cuando dejamos de hablar, escribir o hacer, entendemos que valoramos demasiado lo que no es esencial. La vida es una lucha constante para superar nuestra omnipotencia narcisista y desarrollar nuestra capacidad de aprender, entender y discernir.

La tradición judía se alimenta de una historia milenaria que nos enseña que los prejuicios, las injusticias y el sufrimiento producidos por la sociedad son inaceptables. Corresponde a cada uno encontrarle un sentido.

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