Cuidado con caer en la Islamofobia

por BENJAMIN FISCHER, Est. Ingeniería Civil, PU. Católica.

Los judíos hemos batallado durante milenios contra el antisemitismo y el odio de gente externa hacia la cultura de nuestros antepasados. Aún así, creo que uno debería poder aceptar la crítica siempre y cuando esta sea dirigida hacia las ideas y no hacia las personas propiamente tal. Es muy importante que las ideologías puedan estar siempre en tela de juicio, y nunca sostenidas como algo incuestionable. Es por eso que hay que intentar usar el término “judeofobia” de forma responsable, sin banalizarlo ni confundirlo con pensamientos racionales que intentan estar en desacuerdo con conceptos más que con nuestro grupo humano.

Dicho esto, creo que sí hay que tener extrema precaución con que una cosa lleve a la otra. Una persona que condena las acciones de Israel puede retroalimentarse fácilmente de fuentes negativas y terminar siendo una persona derechamente antisemita en no mucho tiempo. Por lo general, muchos de los odios infundados nacen de pensamientos racionales que se van radicalizando y perdiendo en el fanatismo. Cuando uno discute con una persona que es abiertamente judeofoba, en muchos casos se va a encontrar con argumentos bien fundados, pero que llevan a las conclusiones erróneas. No se puede concluir el odiar de forma generalizada a un grupo de personas producto de planteamientos que hablan del mundo de las ideas.

Hoy en día, uno podría hacer un análisis muy similar con el islam. La integridad de esta corriente religiosa se está viendo seriamente afectada por la reputación de ser una fe fundamentalmente agresiva e incitante a la violencia. Como si todo el actuar de grupos como Al Qaeda y Hamas no bastara, hoy día el mundo se horroriza con la amenaza que presenta el grupo ISIS en su lucha por establecer los valores de un islam radical y fundamentalista a través del terrorismo. Para apuntar a uno de los sucesos más importantes y recientes de este proceso en Europa, hay que recordar los ataques del pasado 7 de enero a la sede del semanario francés Charlie Hebdo. La reacción mundial a este será siempre un hito de la islamofobia no solamente por la naturaleza despiadada del acto, si no también por que significa un ataque directo en contra de la libre expresión, esa misma libre expresión que estipula la libre crítica de aquellas ideas que no nos parecen.

Dado este contexto, es cierto que en una sociedad moderna y libre pensante el islam se ve bastante desprestigiado. Se discute sobre un posible carácter destructivo que es intrínseco a la filosofía musulmana, y si podría resultar nocivo el rápido crecimiento que está teniendo esta en el mundo. Tiendo a pensar que no se trata de una falla en esta religión en particular, si no a que estas actitudes responden al fenómeno del adoctrinamiento radical, el cual restringe los pensamientos racionales y los remplaza por el dogma de una fe en lo supernatural. Bajo esta hipótesis, se puede entender cómo lo mismo pasa con todas las religiones, desembocando por ejemplo en el horror de la inquisición cristiana hace 500 años, y la tragedia del terrorismo islámico hoy en día.

Lo más importante es que aún si se tratase de una característica malvada del islam en particular, esto jamás nos debiese llevar a la conclusión de que debiésemos estar en contra de la gente musulmana en general. El debate tiene que girar en torno a un eje filosófico que explique el por qué ciertas ideas se desarrollan de la manera en que lo hacen, y no en un juicio generalizado a una religión, secta o grupo humano cualquiera, menos cuando es uno tan diverso y amplio como lo es el mundo musulmán.

Creo que es de suma importancia recalcar esto, ya que me temo que el mundo y particularmente la comunidad judía podría estar cometiendo este grave error. Se debe hacer un llamado de atención, ya que puede resultar muy cómodo en la práctica de la hasbará recurrir a la generalización de los musulmanes como la fuente del problema. Un clarísimo ejemplo está en la narrativa que utiliza Netanyahu, cuando apunta a que el ISIS y el Hamas son prácticamente iguales por que comparten el carácter de extremismo islámico, pero no toma en cuenta todo un análisis de contexto histórico y geográfico.

En general resulta ridículo que, aunque sea en un nivel inconsciente, se meta en el mismo saco a más de mil millones de personas por al actuar de unos cuantos. Más tentador resulta aquí en Chile, donde prácticamente no se tiene contacto con gente musulmana, sostener un odio pasivo e “inofensivo”. Hagamos el ejercicio de poder separar las ideas abstractas de la condición humana y hagamos el esfuerzo de que nuestras críticas maduras no desemboquen en la discriminación. Razones para la discrepancia intelectual existen por montones, pero con la gente que no conoces, no deberían existir nunca razones para el odio.

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