¿Y si me fuera a vivir a una isla y chao con todo?

por PABLO SALOMON, Diseñador Gráfico, U. Diego Portales. Carpintero. Co-Fundador y Profesor, Escuela de navegación a vela Casa Bote.

Nací y me crié en la gran ciudad de Santiago, entre Vitacura, Las Condes y Providencia. Pasé por 5 colegios, casi todos para niños de clase alta en este país, saliendo de uno británico. A pesar de tener fuertes dilemas en torno a mi identidad religiosa y sexual, mis preocupaciones no iban más allá de dónde iba a salir el fin de semana. Estudié una carrera artística/creativa en una universidad privada, y al salir, comencé a trabajar para poder carretear con más derroche y pagar algunas cuentas en mi casa. Pero a mis 28 años, con una inconformidad mayúscula con el estilo de vida capitalino, me fui de Santiago a vivir a Chiloé junto a mi pareja, con el proyecto de comenzar una escuela de navegación a vela en una pequeña localidad llamada Quinched.

Lo más cercano que había hecho a vivir fuera de Santiago era cuando me iba de vacaciones a Viña o Pucón por un mes, donde casi podía sentir un poco de independencia, hacer lo que quisiera, que se resumía en tomar lo que quisiera. Mi vida no parecía tener muchas más opciones que seguir la doctrina de la sociedad, en donde naces, estudias por años, encuentras trabajo, formas familia, tienes un par de crisis y mueres.

Hasta que un día, aproblemado por mi trabajo y bajo el efecto psicotrópico de una galleta de marihuana, me vi sumergido en una terrible angustia. Las paredes de mi pieza se abalanzaban sobre mí, haciendo pequeño el espacio; sentía mi cuerpo acalambrado, necesité espacio para poder respirar.

Conversando con mi pareja de aquel entonces, llegué a la conclusión que mi actual trabajo me tenía muy angustiado; tuve que hacer algo al respecto. Fui decidido a mi oficina y, apoyado por una energía divina, hablé con mis socios y les comuniqué que no quería seguir trabajando con ellos en la agencia. Salí por la puerta, la misma de todos los días, como un hombre libre. Tenía todo el tiempo para hacer lo que yo quisiera, y mi primer acto como rey de mi nuevo mundo fue darme vacaciones indefinidas, en búsqueda de algo que me apasionara de verdad.

El antídoto a esta falta de pasión en mi vida fue la carpintería. Apareció de forma fortuita, y se me dio muy fácil. El trabajo en madera me abrió los ojos. Pasé de tener una profesión a desarrollarme en un oficio, siempre buscando nuevas técnicas o cosas para hacer. Trabajé duro y concentrado, asombrándome cada día de las cosas que lograba. Mágicamente, todas las puertas se me abrieron y a los pocos meses ya tenía un kit básico de carpintería, un pequeño taller y, lo más importante, trabajo.

Aburrido de la ciudad y su ritmo, me fui a vivir a Pirque, donde seguí desarrollando mi trabajo de carpintería. Allá conocí gente maravillosa. Fue salir de la “burbuja”, del gris, de vivir como robots, condicionados y predeterminados al consumo y a la superficialidad. En mi nueva vida en Pirque, me encontré con personas que vivían de una manera tan distinta, con preocupaciones y prioridades totalmente diferentes; definitivamente, el mejor año de mi vida.

El tiempo allá fue intenso y aprovechado, pero el destino me tenía una sorpresa. Una oportunidad de vivir en Chiloé nos surgió junto a mi pareja Nacha y, sin pensarlo tanto, nos dimos la oportunidad de lanzarnos a la aventura. Vendí mis cosas, entregué la casa que arrendaba, me despedí de quienes alcancé y, montados en mi Hyundai del ’99, emprendimos camino al archipiélago.

¡Qué vida se vive aquí! Nunca pensé en la posibilidad de vivir en esta isla. , en la que ya llevamos un año y medio haciendo nuestra cotidianeidad frente al mar. El viento trae nuevos aires a cada momento, los pájaros han reemplazado las bocinas. Vivo en constante relación con la naturaleza, sobre todo con el mar. El Pablo de hace 10 años no podría creerlo. Aquí me siento vivo, aquí me cuestiono sobre mi existencia y mi relaciono con el mundo, con la tierra, con el agua. Los días no solo pasan, sino que dejan muestras materiales del proceso que vivo.

Me di cuenta que el paradigma en el que vivía estaba desactualizado a mis necesidades humanas. ¡Qué falta de búsqueda personal que existe en esta época! Todas nuestras aspiraciones parecieran estar fríamente calculadas por expertos en marketing que nos hacen tomar la salida equivocada en la carretera del descubrimiento personal.

Parece una fantasía, pero sólo con mi determinación se hizo realidad. Creo que cuando decides ser feliz, es decir, tomar decisiones que te hagan 100% feliz, sin importar las repercusiones o cambios que esas acciones puedan causar, el mundo alrededor tuyo también se pone feliz, y te abre sus puertas para que puedas conocerte y disfrutar de la maravilla de estar vivo, en un eterno proceso de auto descubrimiento y crecimiento personal.

No culpemos al sistema de la realidad que nos rodea, muchas otras formas de vida son posibles. El mundo va a cambiar cuando seamos suficientes los que decidimos ser polos de energía positiva hacia los demás. Las excusas para no serlo, como la comodidad o falta de voluntad, son sólo tu propia responsabilidad. ¿Por qué sigues donde mismo? No le temas a la felicidad.

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