teóricos

El problema de la pérdida y búsqueda de Sentido y Legitimidad de las Estructuras de Poder en la Sociedad.

por NICKY ARENBERG, Est. de Derecho. U. de Chile. Secretario General de la Federación de Estudiantes Judíos.

Un mito fundante, entendido como aquella idea base que da forma a una estructura social, es un intento humano (consciente o inconsciente) de encontrar sentido a su contingencia. Esto significa que la sociedad busca en un hecho pasado –que puede ser verdadero o supuesto- el sentido de su presente y el mapa de su futuro, creando así una continuidad pétrea entre pasado, presente y futuro.

Entonces, en una concepción más bien clásica, los mitos fundantes tienden a ser, en primer lugar, hechos tan antiguos o lejanos que se constituyen como intangibles ante cualquier examen respecto de su veracidad, dejando solo la idea trascendental que subyace al mito en cuestión. En segundo lugar se constituyen como una construcción poético-filosófica que, al ser captada por el imaginario colectivo, representa la esencia de todo aquello que la sociedad es y pretende ser. En tercer lugar y en virtud de las anteriores, los mitos fundantes son un factor estabilizador, determinador y creador de continuidad dentro de la sociedad ya que al estar basada esta en un mito, todo quehacer estará permeado inevitablemente por éste.

A modo de ejemplo de lo anterior, me referiré al mito de Abraham, que se presenta como fundante en la sociedad judía. En este mito, D’s le dice al Patriarca que salga de la tierra de sus padres y vaya a la que Él le mostrará, a cambio de lo cual, de Abraham nacería una gran nación. Acá se funda el devenir histórico del pueblo judío, la idea de que hay una tierra prometida a la que debemos ir “para ser una luz entre las naciones”, que nos ha “mantenido en pie durante más de 5.000 años” y que nos tiene hoy en día en o hacia un Estado judío en “la tierra que D’s le mostró a Abraham en tiempos inmemoriales”.

El problema con la concepción clásica de los mitos fundantes tiene que ver con los cambios ideológicos; es imposible pretender, cuatro siglos después de las teorías contractualistas de Hobbes, Locke y Rousseau, que solo existe el mito del Estado de Naturaleza y un Contrato Social fundante del que este deviene. Así surge la pregunta: ¿Qué tan fundante y que tan creador de continuidad es realmente el mito? La idea de un solo mito fundante es deficiente en este sentido, ya que no permite aceptar teóricamente cambios o quiebres del mito como los que se generan –cada vez con mayor recurrencia y rapidez- en las sociedades a través del tiempo. El camino correcto es aceptar que la sociedad genera nuevos mitos que se añaden y hacen mutar el mito original en el imaginario colectivo, formando una especie de quimera mítica fundante que responde y corresponde al camino que la sociedad consciente o inconscientemente está buscando para sí.

Analizando el mito fundante de la democracia actual, se puede ver que el primer paso de este mito estuvo en revivir y estilizar dos ideales principales: los democráticos de los griegos y los republicanos de los romanos. Se origina el mito fundante de la Revolución Francesa. Este mito se configura cuando se dejó de lado a la guillotina y al terror (tal vez en una especie de ceguera ideológica) para dejar solo la idea de que en 1789 liberté, égalité et fraternité se volvieran una realidad que todo pueblo debe perseguir y querer alcanzar. Esto inspiró (en mayor o menor medida) a todos los procesos de cambio político desde el siglo XIX en adelante, convirtiéndose en el origen de las libertades civiles modernas. La Segunda Guerra Mundial resquebraja el mito anterior, y el fin de esta nos trae el auge de la doctrina de los Derechos Humanos, materializada en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948.

¿Cómo mantienen las estructuras de poder su legitimidad a pesar del cambio y actualización de los mitos que las fundan? La oleada de movimientos sociales que se han estado suscitando durante los últimos meses nos enseñan que las estructuras de poder solo tienen dos opciones frente a una mutación del mito fundante: actualización o destrucción y reconstrucción.

La sociedad actual está añadiendo nuevos elementos a su mito fundante: mayor conciencia ambiental, respeto absoluto a la diversidad y de los derechos fundamentales, democratización de la sociedad, accountability de las autoridades, entre muchos otros ejemplos. Es deber de la sociedad civil exigir seria y responsablemente a las estructuras de poder que cumplan con las expectativas generadas por el mito fundante actual y es deber de estas estructuras el incorporarlas responsable y adecuadamente en virtud de su necesariedad en el contexto social. De lo contrario, en el futuro vamos a tener que recoger las piezas y empezar de nuevo.

Chile está claramente pasando por este proceso, es cosa de ver el descontento social masivo de todos los sectores de la población al statu quo en el que nuestra sociedad se encuentra enfrascada y las respuestas deficientes de las estructuras de poder. La falta de actualización  aquí se da porque ninguno de los actores tiene real consciencia de lo que está en juego: tenemos un Ejecutivo obstinado y paralizado, un Legislativo hipócrita y retrograda, una Judicatura formalista y conservadora, y un pueblo (en el sentido más amplio y transversal de la palabra, sin discriminar color político o situación económica) reaccionario y visceral en sus manifestaciones y exigencias.

Es hora de que Chile despierte de las burbujas que lo componen y de que los actores sociales, políticos y estructuras de poder poder trabajen seria y responsablemente en conjunto para conseguir un país que sea adecuado al mito fundante que lo conforma. ¿Qué estamos esperando? No necesitemos llegar al terror y la guillotina para tomar la iniciativa adecuada.

 

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