Se Vende Chile: mientras más dinero, mejor Salud, Educación, Trabajo y Vivienda.

por LEON VALDES, Ingeniero Civil Industrial, U. de Chile. Est. Ph.D en Gestión de Operaciones, MIT, EE.UU.

“Nada es gratis en esta vida”. Así se refirió el Presidente, poco tiempo atrás, a la demanda de los estudiantes por la gratuidad en la educación, dejando en claro su oposición a tal demanda. Y bien lo sabe el propio Sebastián Piñera, quien ha pagado en estos últimos meses con la peor aprobación a un Presidente desde el retorno a la democracia, comentarios como el antes mencionado, al que se suma el calificativo de la educación como un bien de consumo y, en general, un manejo político que no ha estado a la altura del contexto social.

Lo más complejo de la frase emitida por quien fue electo democráticamente hace menos de dos años, es precisamente cuánto refleja de la sociedad que hemos construido. Porque en el juego democrático, y pese a los indudables problemas de representatividad que tenemos, no podemos restarnos de la responsabilidad que nos cabe en los resultados que obtenemos como país.

Sin poner en duda los avances que Chile ha experimentado en los últimos años, y de los cuales en general muchos nos alegramos y no dudamos en sumarnos a cierto grado de exitismo que a veces se torna insoportable, rara vez nos ponemos a pensar en qué costos hemos pagado asociados a dicho progreso (si así quiere llamarlo) y menos aún, nos sentimos responsables de dichos costos. Porque nada es gratis en esta vida. ¿Justifican entonces los avances alcanzados, los costos que hemos pagado?

Nos hemos convertido en responsables, aunque sea por omisión, de haber construido una de las sociedades más desiguales del mundo, teniendo a Santiago como mejor exponente de la segregación social existente. No sólo existe un distanciamiento físico evidente entre las clases sociales, dejándolas a la mayor cantidad de kilómetros de distancia posibles. También, cuando se da el acercamiento físico, pareciera que la señora del aseo o el obrero de la construcción no existieran para buena parte de la población, especialmente para los residentes del sector oriente de Santiago. Han sido convertidos en entes invisibles, como si no fueran siquiera dignos de recibir un “buenos días”. Peor aún, todavía hay quienes ni siquiera están conscientes de que la realidad en Chile está lejos de la del par de comunas que conocen.

Somos todos responsables de una sociedad en que si se tiene dinero, puede enfermarse. Si no, tendrá que esperar horas para que lo atiendan, le entreguen una prestación de menor calidad, y luego pueda operarse, si es necesario, varios meses después. ¿Cuántos nos hemos siquiera cuestionado la existencia de distintos planes en las Isapres? Más allá de la discriminación que existe hacia los sectores de la población que resultan más caras (ancianos, mujeres), la sola existencia de diversos planes implica que quien paga más, puede acceder a salud de mejor calidad. Es decir, el acceso y calidad de la salud que reciba dependerá de cómo el mercado valora el trabajo que realiza, independiente de las oportunidades que haya tenido para escoger un empleo distinto, porque en Chile la salud se encuentra a medio camino entre un derecho y un bien de consumo.

Tampoco podemos olvidar la educación. Llamada a ser el motor de la movilidad social, lo cierto es que la diferencia en la calidad de la educación impartida en el sector particular pagado y en la mayor parte del municipal y particular subvencionado es abismal. Por eso también es que la defensa corporativa que el gobierno ha efectuado respecto a la “libertad” de los padres de elegir el colegio donde enviar a sus hijos, podría parecer un mal chiste si no fuese porque constituye una falta de respeto hacia aquellos para los que, por no tener dinero, tampoco tienen la tan mentada libertad. Tal parece que en Chile hasta la libertad se vende.

La lista de temas es inagotable: tenemos un mercado laboral con una de las menores tasas de participación femeninas en occidente y con una meritocracia casi inexistente; en educación superior, quien tiene capacidad de pagar una buena universidad, asegura poder seguir teniendo dicha capacidad luego de estudiar, mientras que quienes no la tienen, muy probablemente deberán endeudarse y les será, por ende, comparativamente más difícil surgir después; el mismo alumno endeudado, y aunque haya ido a la misma universidad, probablemente sea discriminado luego en el mercado laboral, donde los gerentes se reparten entre los egresados de un puñado de colegios particulares.

Así es nuestro Chile, el que hemos construido y del que somos responsables. Evidentemente, existe un sinfín de otras características, muchas de ellas positivas, que también forman parte de nuestro país. Pero no debemos olvidar que el calificativo “tierra de contrastes” no sólo aplica a la geografía, sino también a la sociedad que labramos. Pensemos en los costos que han tenido los “avances” de nuestra historia reciente, los que muchas veces ni siquiera cuestionamos.

Probablemente, usted estará leyendo esto entre dos fechas significativas para la historia de Chile. Cuando piense en el domingo pasado, ojalá que más que analizar el número de manifestaciones y detenidos, sea capaz de notar cuántos de los costos antes mencionados los heredamos de una dictadura que comenzó también un 11 de septiembre, y que hasta ahora no hemos sabido solucionar. Pero lo más importante es que ojalá, cuando celebre este dieciocho, no sólo lo haga por el Chile ya construido, sino especialmente por el que nos queda a todos por construir. Por Chile y los Chiles posibles.

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Una respuesta a “Se Vende Chile: mientras más dinero, mejor Salud, Educación, Trabajo y Vivienda.

  1. Leon Hola!
    Me gustó mucho leerte, tu ensayo define ( muy a mi pesar ) la realidad de la sociedad Chilena, su desigualdad y falta de oprtunidades para el que no tiene. Caudno hablas de que hasta la libertad pareciera estar condicionada y tener precio, me dejas sin palabras… lamentablemente asi no mas pareciera ser… y lo mas triste es que asi como están las cosas, no se mucho como o por donde eso podria llegar a cambiar…
    Te dejo un saludo,
    Mariana

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