Autonomismo, Resistencia y Rebelión, otro mundo es posible; Organizaciones antagonistas en América Latina.

por SIMON WEINSTEIN, Est. de Sociología, U. de Chile. Pahil Casa de Cultura Hashomer Hatzair.

 

“Nosotros nacimos de la noche. En ella vivimos. Moriremos en ella.

Pero la luz será mañana para los más, para todos aquellos que hoy lloran la noche,

 para quienes se niega el día, para quienes es regalo la muerte, para quienes está prohibida la vida. Para todos la luz. Para todos todo.”

Subcomandante Marcos

Desde la caída del muro de Berlín, Occidente ha entrado a una era en donde se ha impuesto un modelo económico, político y social hegemónico. Las izquierdas latinoamericanas se hallan en una crisis de identidad en donde la denuncia de injusticias sociales y de la desigualdad económica son su principal misión. El pensamiento crítico no es suficiente si no conlleva propuestas; es en este panorama que las organizaciones antagonistas de América Latina representan paradigmas innovadores que podrían permitir la re-significación de las luchas que deberían protagonizar las izquierdas en la actualidad.

Haciendo una generalización continental, a partir de las diferentes experiencias particulares locales, entre los años 70 y comienzos de los 90 en América Latina se finalizó con un largo ciclo de luchas sociales que se remontaba a comienzo del siglo XX. Estas luchas tenían inspiraciones anticapitalistas y socialistas, con la característica común de ser protagonizadas por el pueblo.           Los golpes y dictaduras militares que se implementaron en varios países instauraron como políticas de Estado el uso de la tortura o la desaparición de ciudadanos. La represión golpeo con mayor fuerza a la figura social del militante; principalmente estudiantes y obreros culpables de de ser militantes políticos.

Una consecuencia de este período, que ha logrado sobrevivir en el tiempo, es la revalidación de la obediencia; además, mediante el miedo y la represión monopolizados por el Estado se instauraron también cambios en las esferas políticas, económicas y sociales de cada país. El neoliberalismo se instaló en nuestro continente para quedarse, y la democracia electoral pasó a ser su cara política; resulta preocupante no solo que se describa a esta última como el mejor de los sistemas políticos, sino también como si fuese el único. Después de eliminar simbólicamente toda opción cercana al socialismo o las alternativas nacionales-populares, la democracia electoral le dio la oportunidad al conservadurismo de reordenarse. Se entregó la sensación de participación a los pueblos y, sobre todo, se definieron los límites de la nueva democracia; desde ahí el llamado pluralismo se vive exclusivamente dentro del liberalismo. El espectro de partidos que se mueven en el sistema político es parte de un solo polo.

1994 representa el comienzo de una lucha que paulatinamente se irá diversificando en sus formas y expandiendo en su mensaje; es el año del levantamiento indígena de Chiapas que dará comienzo a los Municipios Autónomos Zapatistas. Es algo nuevo.

Como decía James Scott “bajo las condiciones de tiranía- o próximas a la tiranía- en las que vive la mayor parte de la población del planeta, no basta una concepción que restrinja la vida política de los oprimidos a la dicotomía entre las rebeliones abiertas y el consentimiento o la aceptación de las relaciones de poder”. Los Municipios Autónomos Zapatistas se componen tanto por miembros del Ejército Zapatista como por indígenas y campesinos. Por sí mismo, representan un espacio de resistencia y de reconstrucción cotidiana de sentido, enmarcados en una guerra de baja intensidad. La forma principal que tienen para protegerse es el silencio; sin que esto signifique dejar de utilizar la palabra y la memoria. Ellos han sido capaces de construir un discurso propio que muestra una forma alternativa de construir la sociedad; con esquemas nuevos en la economía y con una relación diferente entre gobernados y gobernantes.

Junto a éste, afloran a lo largo del continente nuevos movimientos que vuelven a adquirir y asumir el carácter de políticos. Los asentamientos agroindustriales del Movimiento de los Sin Tierra; las organizaciones barriales y las empresas recuperadas por el movimiento piquetero o el eje organizacional indígena de Ecuador y Bolivia; todos ellos reconocieron como actuaba el sistema que los contenía y mediante el pensamiento crítico han logrado construir el paradigma de lo antagonista.

La resistencia en América Latina no tiene una forma única, en esa lógica las organizaciones antagonistas son solo una de las formas posibles. Las izquierdas Latinoamericanas tienen la responsabilidad de reconocer y combatir el sistema neo-liberal que las transiciones a la democracia han afirmado; ya sea marchando por el reconocimiento estatal de derechos o por la preservación de la naturaleza. Las formas son infinitas; lo único que no está permitido es rendirse.

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