La vergüenza

por BENJAMIN LEWKOW, Est. Medicina, U. de Chile.

Turbación del ánimo que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena (rae.es).

Como se puede entrever de la definición, este sentimiento tiene relación con la condena social que puede ser impuesta tanto por el individuo como por la opinión pública, en base a alguna acción o dicho desaprobado.

No podemos dejar de lado que este sentimiento puede tener cierta función dentro del sistema social, siendo su objetivo el control de la conducta de los individuos. Esto operaría mediante la moral que es la que establece conductas aprobadas y desaprobadas por una cultura imperante, en que las segundas se rechazarían, y por medio de la humillación, se asegura que no se vuelvan a repetir. De este modo, tenemos un primer mecanismo que “corrige” una vez efectuada una acción desaprobada, y un segundo mecanismo que previene que se produzcan a través del miedo a la humillación.

Tal vez puede ser un método de control social efectivo, sin embargo, no es productivo en la época actual. Si bien evita que no se pasen a llevar valores importantes, hay que analizar dos puntos en los cuales este método resulta improductivo:

Primero, las conductas aprobadas y desaprobadas muchas veces tienen un fundamento funcional y permiten un adecuado funcionamiento social, pero muchas otras veces son simplemente conductas que en algún momento de la historia fueron útiles pero ya no lo son, como es la situación del manual de Carreño, libro que establece las principales reglas de civilidad y etiqueta que deben observarse en las diversas situaciones sociales, que en algún momento permitía alguna adaptación social, pero que hoy, al ser las normas sociales completamente distintas, no tiene función. Por lo tanto, se imparte un castigo poco funcional e injustificado, simplemente confundiendo al individuo.

En segundo lugar, la vergüenza puede asociarse a la timidez y propiciar una baja autoestima en personas que no gocen de plena confianza en sí mismas. Esto es especialmente importante en la adolescencia, época en que por una condición biológica somos muy sensibles a lo que los demás piensan de nosotros, y en que se está estructurando la forma en que interactuamos con el ambiente. De modo que, debido a un exceso de importancia en este sentimiento durante la crianza,  se puede estructurar a una persona en torno a la timidez, baja autoestima y cartuchismo, impidiéndole que vaya en busca de lo que realmente lo motive y sea feliz.

La vergüenza no es más que una imposición social a la que nos someten desde pequeños, en parte para que nos comportemos “bien”, en parte para controlarnos, y quien sabe que más. Podemos liberarnos de ella y comprender que el ridículo no es más que un invento, una idea, que si la tomamos con la liviandad que corresponde, se queda como eso y nos permite resguardar la libertad de pensamiento, sensación y acción que hoy en día nos restringen y censuran.

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